Opinión / A mí no me líe

Repita conmigo, Asirón: en Pamplona no hay ciclistas

Por Javier Ancín 06 marzo, 2019 - 10:00

¿Qué tiene de amable la amabilización de Pio XII? Nada. Quizás Asirón no quiere mejorar las cosas y solo joder, que el joder al prójimo siempre ha sido el motor vital primero para el batasuno medio.

Joseba Asiron (Bildu) pasea por Pío XII en una visita a las obras de la avenida. IÑIGO ALZUGARAY
Joseba Asiron (Bildu) pasea por Pío XII en una visita a las obras de la avenida. IÑIGO ALZUGARAY

Me he quedado sin coche -¿así que esta es la sensación de mierda que tiene un perroflauta/txakurraflautuak podemita/batasunita a diario? Pobres- y hasta que me traen el nuevo que me he pillado y se me termina la depresión peatonalizada, intento salir del bache distrayéndome paseando, cavilando mucho y echando de comer pan duro a los patos, como un jubilado random, para poder huir de aquí cingando leches por la autovía/autobia más próxima.

En este caso en vez de irme a la Taconera, me senté con mi bolsa de curruscos en un banco de la acera, dispuesto a echarle los picatostes a los ciclistas, para encontrar una explicación a la puta chapuza de avenida que ha dejado Asirón en Pio XII.

Métele un buen nombre a las cosas y moverás el mundo, pensé, aunque no se desplace ni un milímetro el mundo, y solo se mueva la idea que la gente tiene del mundo, que a fin de cuentas es lo que importa porque el mundo no vota pero las personas sí. No hay que cambiar nada, hay que hacer creer que se ha cambiado algo. El truco es viejo.

Jasper Maskelyne, un ilusionista británico, durante la Segunda Guerra Mundial puso su imaginación al servicio de su majestad, por ejemplo, para hacer desaparecer Alejandría las noches de bombardeos alemanes o crear ejércitos que eran espejismos para despistar a los nazis en el preludio de la batalla el-Alamein, haciendo creer que los aliados atacarían por donde no tenía Montgomery pensado zurrarle la badana a Rommel.

Si no puedes mover la ciudad durante la noche para que los nazis no la bombardeen, haz creer que está en otro lado y obtendrás el mismo resultado. Si no puedes crear votantes, crea un ejército de feligreses nacionalistas vascos que no te cuestionen ninguna de tus cagadas/kagadas.

Métele un buen nombre, seguí pensando. Superalimentos, por ejemplo, para decir pepino y cobrarlo más caro. O amabilización para decir no tengo ni puñetera idea de cómo mejorar las cosas, sobre todo de mejorar las cosas que no necesitaban mejora. ¿Qué tiene de amable la amabilización de Pio XII? Nada. Quizás Asirón no quiere mejorar las cosas y solo joder, que el joder al prójimo siempre ha sido el motor vital primero para el batasuno medio.

Asirón, aunque intenta poner en práctica la mismo estrategia del engaño, no posee la dignidad del mago inglés. Asirón solo es un simple trilero, de los apostados en el paseo marítimo de ciudad cutre-dormitorio de vacaciones mediterránea con su dónde está la bolita. Asirón es una estafa.

Suprimiendo todos los aparcamientos y sembrando de conos como defensas nazis anti desembarco en Omaha beach, lo único que se ha conseguido el alcalde zizurtarra de Irroña es hacer de esa avenida una calle más rápida, es decir, más peligrosa. Cuando había la opción de aparcamiento la gente iba más lento buscando uno o más lento para evitar los coches en doble fila. La ciudad se regulaba sola y todo funcionaba pero eso para un jodido ingeniero trucho hasta de almas es una osadía intolerable. Aquí se va a hacer lo que mis cojones/asirones digan.

Pio XII es ahora un tubo impermeable por el que se circula a toda leche. Por no hablar de lo que se habrán resentido los comercios. Contaré mi caso, que para eso esta es mi columna. Uno que es un mal escritor pero buen hijo solía parar un segundo en doble fila cuando llegaba a Pamplona, frente a una floristería de Pio XII, para comprarle un ramo a mi madre, pero ya no puedo, yéndome con mi pasta a otra parte, en mi caso a otra ciudad. Las pillo antes de salir y así me ahorro las vueltas por Irroña y los cabreos/kabreoak.

Cualquiera que haya dado más de dos vueltas -dos putas vueeeeeeeeeltas, joder- en ese trasto sabe por qué en Pamplona no va a triunfar lo de coger la bici para moverse. Los de abajo tienen que subir siempre, echado el hígado, y los de arriba están lo suficientemente cerca de todo para ir andando. Eso para los cuatro ociosos que vivimos de ver la vida pasar, porque el resto, la población en general, mayoritariamente se desplazaba en coche porque el coche le da una autonomía: trabajo, compra, hijos... que no te proporciona ningún otro medio. Pamplona es una ciudad hecha para el perolillo. Que se lo digan a todos esos desquiciados que están atrapados en barrios tipo sarrigurenes, bustinosequés, inabarcables, sosos, feos, lejanos, a tomar por culo de todo, en los que o pillas el coche o pillas el coche.

Habría que bombardear Irroña, cosa a la que no me opondría mucho -no me opondría nada- para que pasase a ser otra cosa, y que nadie garantiza que fuera algo mejor, ojo. Y eso es todo.


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