Opinión / A mí no me líe

Año nuevo, mierda la de siempre

Por Javier Ancín 16 Enero, 2019 - 9:21

No sé lo que durará esta despedida... nunca sé lo que dura nada en mi vida. Quizás me despida definitivamente hoy o dentro de 20 inviernos aún siga dando la matraca diciendo adiós con la manica. Soy como esa novia coñazo que aunque te dejó hace mucho, sigue apareciéndose en sueños para joderte los amaneceres. Lo asumo.

Efectivos de la Policía Nacional controlan el acceso al Parlamento de Navarra donde han acudido grupos de jóvenes para protestar por la intervención de la Policía Foral en el palacio del Marqués de Rozalejo. EFE/ Jesus Diges
Efectivos de la Policía Nacional controlan el acceso al Parlamento de Navarra donde han acudido grupos de jóvenes para protestar por la intervención de la Policía Foral en el palacio del Marqués de Rozalejo. EFE/ Jesus Diges

Cada vez me cuesta menos traicionar las promesas de principio de año y me cuesta más volver por aquí, al terreno de juego. Un futbolista viejo y gordo y mediocre al que tras ver una Eurocopa o un Mundial por la tele, le cuesta centrarse en la liga doméstica, en ese partido siguiente que da igual cómo termine, típico campo de frío azul y humo de neumonía, un cuarto de entrada, luz mala, porque al final acabará siempre en la mitad de la clasificación, encogido de hombros. Nunca va a luchar por la victoria y ni tan siquiera el morbo de la derrota total le es concedido, porque bajar a segunda división solo es un trámite administrativo más, como hacer cola siendo jubilado para recoger esa mierda de calendario que hace el ayuntamiento cada año.

Cada vez me cuesta más estirar el brazo en la cama, coger el iPad y teclear, recostado sobre la almohada, a lo Julio Camba en su famosa foto del Palace de Madrid, despachando bajo las sábanas, con el teléfono de hilo en la oreja. En Irroña está todo el pescado vendido.

Tras las próximas elecciones forales seguirá gobernando el Peneuve, esta vez con el PSN, y Navarra continuará  su imparable transformación en reserva euskoindia, muerta, como aquel negro disecado que tenían los catalanes en un museo de Bañolas, que enseñarán a las visitas los de Bilbao y San Sebastián, para hacer creer al personal de fuera lo vascos que somos todos porque tienen a unos navarros en la jaula del mono Charli de la Taconera, enloqueciendo.

El sino de Navarra es ir languideciendo hasta que de diluya definitivamente en eskaldiarrería, licuada, realizando el camino inverso de la orina, desde el retrete, terminando en la vejiga de un nacionalista que se rasca los huevos peludos y sudorosos, grasientos, por la mañana saliendo del cuarto de baño, aún por aliviar, en alguno de esos barrios anodinos de Vitoria o del extrarradio de Bilbadio (sic). Todo marcha atrás en el tiempo. Como para no perder la chaveta. Yo me imagino a Ortuzar... pero podía ser Egibar. ¿Y tú?

En cuanto a los propósitos de año nuevo, desde que decidí hace unos lustros que iban a ser elevados, para fracasar a lo grande, no me duran ni quince minutos. Este año me había hecho la promesa al comer las uvas de aprender a tocar el contrafagot, pero mi sueño se vio truncado al día siguiente viendo el concierto de año nuevo de la filarmónica de Viena. Con lo vago que soy tenía que haber elegido el de los platillos, que en los valses de Strauss le mete dos viajes en todo el repertorio... y a cobrar pero me vine arriba.

Estoy felicitando el año más tarde que Keith Richards ahora que pienso. Me pongo un Macallan de 200 pavos y 18 castañas que me han traído los reyes, como para no ser monárquico, y repaso los WhatsApp a ver qué me he perdido. Coño... ¿qué hace esta chalada aquí?

Ver a la batasuna de Podemos o donde se caiga muerta ahora, es un decir, porque es más viva que el hambre, de Laura Pérez enarbolando el carné de parlamentaria en plan usted no sabe con quién está hablando, me pareció tan patético, tan clasista, tan de echar la pota, que me apetecía dejarlo por escrito.

Me llegó un vídeo de los ocupas al teléfono, manifestándose a las puertas del parlamento de Navarra porque les habían quitado el juguetico del palacio del Marqués de Rozalejo después de meses. Niñatos de veinte años que se enfrentan a la policía con una insolencia de flipar, a medio metro, como si se pensaran que esto es un puto teatro sin consecuencias, porque saben que no les va pasar nada, y con una prepotencia que a mí de ser madero me costaría no arrancarle a alguno la cabeza de una hostia. Es gratis hacer el macarra en Irroña.

¿Qué clase de críos mimados habéis creado, cabrones, en los últimos veinte años que agreden, toman los edificios de todos, violan en manada y no temen ni a la policía? Querían entrar en el parlamento decían. Ah, pues muy bien. ¿Y si lo consiguen, para qué, para ocupar otro bar con el que hacer negocio gratis, para decretar desde los escaños sus dictados, para darle fuego y que nunca más haya parlamento? ¿Quién cojones se piensan esos descerebrados hijos de una sociedad de la opulencia -tienen los mismos años que mi whisky, así que no flipen- que son para querer violentar las instituciones, tomando lo que les venga en gana, edificios, plazas, calles de todos?

Y aún se extrañaban en el vídeo que vi en móvil de que la policía les hiciera retroceder con cuatro porracicos, pellizcos de monja, en el culo. ¿Nadie va a frenar a esta juventud que se piensa que todo y todos están no ya a su servicio sino de felpudo, para que ellos la pisoteen y la enguarren a su antojo? Asiron, el alcalde batasuno, ya se ve que no, que se ha puesto de su parte, como el típico viejo que veíamos en los bares al final de la barra, ciego y ridículo, babeando a las chavalas cuando teníamos 20 años. Qué tío más patético, joder. Alguien algún día les va a meter una hostia, real o figurada, a estos putos críos que van de tragasables que los va a poner en órbita. En fin. Al tiempo. Y eso es todo.


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