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Opinión / A mí no me líe

Amaiur, lo que viene siendo el castillo de Maya de toda la vida

Por Javier Ancín 09 noviembre, 2016 - 8:52

Me entero de que al alcalde de mi pueblo lo han retratado en un cuadro de no sé qué exposición de los defensores de la independencia de Navarra, allá por el siglo XVI, en Maya.

Asirón, en el centro de la imagen, dentro del cuadro que presenta y enmarca la exposición. PABLO LASAOSA
Asirón, en el centro de la imagen, dentro del cuadro que presenta y enmarca la exposición. PABLO LASAOSA

Miedo me da indagar más sabiendo cómo se las gastan con la historia, partiendo de conclusiones e intentándola encajar a leñazos en la realidad de las fuentes. Del alcalde de mi pueblo solo sé que pronuncia raras las eses y las equis  y que le dirigió la tesis la profesora que más me puteo en la carrera. Jodido karma o Dios los cría o yo qué sé, que yo soy ateo y no creo ni en la bruja Lola, heredera directa de las de Zugarramurdi, seguro. Así que con estas precauciones, y a falta de obras que ver los jubilados como yo en esta Pamplona mustia, me encamino al palacio del Condestable donde se han montado su sarao, a ver qué se cuece.

Pues lo que se ve es poca cosa. En la primera sala propaganda del romanticismo, un casco alemán y las gafas de Jimeno Jurio; en la segunda fantasía y en la tercera, abajo, después de seguir un camino con mil recovecos, algo de historia con restos deslavazados sin datar y con apenas contexto. O sea, un truño completamente inconsistente. También se ven varias espadas modelo Tizona-recuerdo-de-Toledo. Todo muy científico como se puede observar.

Como acabo rápido, me siento en unas sillas que hay por allí, frente al dichoso cuadro y me pongo a escribir tranquilamente, que fuera diluvia, sobre las melancolías de la conquista sufrida. Conquista que está por ver, que aquí la mitad de los habitantes pasaba mucho del tema, que parece que los beaumonteses eran marcianos y no unos naburros más.

¿Solo son legítimas las conquistas cuando las realizan los nuestros? ¿Navarra nunca obtuvo territorio alguno por conquista? ¿Nada, ni medio castillo? ¿Llegó a los sitios y se hizo con ellos pidiéndolos por favor? ¿Qué hacemos con las cadenas del escudo? O mejor, ¿qué hacemos con la esmeralda de Miramamolín, la devolvemos? ¿Y con Sancho VII en Roncesvalles, por crímenes de guerra, lo desenterramos? ¿Por qué con lo franceses que somos se silencia y todo aquí está encaminado al “monotema” decimonónico vizcaíno? Ah, misterios y novelas. Y dinericos. Es lo que tiene jugar con la historia a los negros y blancos, que se te caen encima todo el rato, pringándote entero, ridiculizándote en cada nueva tontería por la que tomas partido y con la que quieres justificar tus actuaciones presentes.

La exposición por otro lado es absurda. Viñetas de cómics por las paredes y falta de historia. Mucho colorín tremebundo que alguien habrá cobrado altruistamente y ya. Una farsa más en esta ciudad de los circos de tres pistas con la mujer barbuda cobrando entrada. Mucho “gure” y poca chicha.

De todas formas esto ya estaba solucionado hace siglos, no sé para qué dejar al romanticismo, ese periodo nefasto para el estudio de la historia, esos putos frikis del sentimentalismo, esos locos creadores de ideologías locas, meter mano y darle vueltas con un palo a la mierda de cuentos de príncipes y princesas que se inventaron para llorar y suicidarnos a lo Larra. Tanto que se les llena la boca actualmente con la palabra reconciliación, en aquellos años ya tuvo lugar una reconciliación entre las partes, la que se dio entre San Francisco Javier y San Ignacio de Loyola.

Uno hijo y hermano de los últimos defensores del castillo de Maya y el otro militar en las filas castellanas, y giputxi, que fue herido frente a las murallas de la cuidad esta que tanto me asquea para conquistarla. Pero eso vende menos. Supongo que porque San Ignacio era calvo y da peor en los cuadros y porque San Francisco de Javier, desde que Recondo, biógrafo y peneuvero, también jesuita, valga la redundancia, afirmó que lo más seguro no conociera el euskera, les importa ya bastante poco el santo.

Recuerdo que nos dijeron el primer día de la carrera que con la historia ricos no nos íbamos a hacer, ahora, lo que no nos comentaron es que montando exposiciones con ella seguro que sí que ganábamos para ir más que tirando. Leí que nos había costado 50.000€ ver cómo al alcalde de Irroña le han adelgazado la napia y la quijada, dejándolo más bonico que un San Luis. Nos ha salido coqueto, aunque nos habría salido más barato una sesión de bótox, la verdad, o un Photoshop, como a las folclóricas en el Hola. Y eso es todo. 


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