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¿Por qué soy de centro? (IV): el centro hoy

Por Jaime Ignacio del Burgo 08 noviembre, 2019 - 17:33

El autor analiza en una serie de cuatro artículos su posición política de centro durante su trayectoria política y el papel de esta postura en el pasado y futuro. 

El Rey Felipe VI junto a la Reina Letizia y sus hijas, la Princesa de Asturias, Leonor, y la Infanta Sofía, han presidido la ceremonia de apertura de las Cortes en la XII Legislatura en el Congreso de los Diputados.EFE.
El Rey Felipe VI junto a la Reina Letizia y sus hijas, la Princesa de Asturias, Leonor, y la Infanta Sofía, han presidido la ceremonia de apertura de las Cortes en la XII Legislatura en el Congreso de los Diputados.EFE.

PRINCIPIOS

Como ya expuse anteriormente una de las ideas que han calado en la sociedad española es que en las últimas elecciones generales el PP ha abandonado su vocación de centro-derecha para sumarse al conservadurismo extremo con el fin de evitar la hemorragia de votos hacia Vox, estrategia que por cierto ha fracasado.

Pero tender la mano a un partido que tiene ramalazos propios de una formación de extrema derecha por la necesidad de aunar fuerzas para desalojar del poder al socialismo, no significa que se haya desvirtuado el carácter del PP como partido de centro derecha siempre que no se desvirtue por ello su proyecto político y no se cuestionen los pilares de la democracia. Una cosa es una estrategia electoral y otra la renuncia a los principios. Nadie reprocharía al PSOE su maridaje con un partido comunista como Podemos si no fuera porque defiende un modelo de sociedad radicalmente contrario al sostenido durante los últimos cuarenta años por los socialistas españoles, pues es de naturaleza totalitaria, amenaza con cercenar libertades fundamentales, aplaude un régimen tiránico como el del chavismo venezolano o el castrismo de Cuba, y además actúa como si tuviera la representación de toda la ciudadanía.

Por otra parte, no estamos en camino hacia la democracia.  España ya es una democracia. La cuestión ahora es preservar al sistema democrático de los peligros que le acechan por el avance de los populistas de todo signo y de los independentistas vascos y catalanes.

Haciendo una síntesis de los planteamientos centristas del Partido Popular, fieles al legado positivo de la UCD, que han figurado siempre en los documentos programáticos aprobados desde su refundación en 1989, estos serían los principios propios del centrismo:

-La dignidad de la persona, cuyo respeto exige la igualdad entre mujeres y hombres, y  de su libertad como fundamento primario de toda la acción política y el reconocimiento de los derechos y libertades fundamentales, con interdicción de toda discriminación por razones de nacimiento, sexo, raza, lengua, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia.                                                                                                                     

-La democracia liberal como sistema político incuestionable (soberanía popular, sufragio universal, separación de poderes, gobierno responsable, justicia independiente, pluralismo, libertad de asociación, de expresión, de reunión, de manifestación,  etc.).

-El humanismo de raíces cristianas en el que se fundamenta la igualdad y la solidaridad para conseguir la justicia social así como el resto de derechos sociales inherentes a la dignidad de la persona.

-El modelo de economía social de mercado, que ha de hacer compatible la libertad de empresa y la propiedad de los medios de producción con el salario justo, la participación de los trabajadores en la gestión empresarial y un sistema de seguridad social capaz de cubrir todas las contingencias de la vida y de garantiar la percepción de pensiones y otras prestaciones que permitan desarrollar una vida digna.

-El estado del bienestar basado en la redistribución de la renta y de la riqueza mediante la  universalización de la educación, de la sanidad y de los servicios sociales con especial atención a la discapacidad y a las personas carentes de recursos, cuya financiación requiere de una fiscalidad justa, redistributiva, incentivadora de la actividad económica, que no asfixie a las familias y que no tenga efectos confiscatorios.

-La concepción de la familia como institución básica de la sociedad merecedora de protección y apoyo social, económica y jurídica, sin injerencias de los poderes públicos, respetando el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa que deseen para sus hijos. Esto excluye el adoctrinamiento político por los poderes públicos y la imposición de la ideología de género.

-El derecho la educación, imprescindible para lograr una efectiva igualdad de oportunidades y la libertad de enseñanza. Este último principio incluye la libertad de creación y dirección de centros así como los sistemas financieros adecuados para llevarlo realmente a la práctica.

-La defensa de un medio ambiente sostenible y adecuado para el desarrollo de la persona, sin políticas demagógicas que ponga en riesgo la actividad económica imprescindible para el sostenimiento de la sociedad del bienestar.

LA IDEA DE ESPAÑA

El centro-derecha ha de ser democrático, progresista en lo social, interclasista, integrador de los diversos pueblos de España y de todos los sectores sociales, defensor de la seguridad, de la eficacia social y de la calidad de vida, europeísta e internacionalmente solidario.

Pero además debe ejercer un patriotismo constitucional acorde con la idea de España que el centrismo defendió desde la transición y que se refleja en los siguientes principios:

a) Somos una nación, fruto de una secular historia común y de la voluntad de la ciudadanía española de vivir juntos.

b) El titular de la soberanía es el pueblo español.

c) La unidad nacional es el fundamento mismo de la Constitución, como patria común e indivisible de todos los españoles.

d) España es una, indivisible e indisoluble, pero al mismo tiempo diversa y plural.

e) Por eso la Constitución reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones españolas.

f) Porque el centralismo es contrario al ser de España.

g) El Estado autonómico es la versión española del llamado federalismo asimétrico.

h) También reconoce los derechos históricos de los territorios forales, a los que ampara y respeta la disposición adicional primera de la Constitución.

i) Tiene en cuenta la insularidad cuyo respeto jurídico-constitucional tiene raíces históricas.

j) Y reconoce que además del castellano o español como idioma oficial de todos los españoles, existen lenguas regionales que también son cooficiales allí donde son habladas y que son merecedoras de respeto y protección.

k) La Monarquía parlamentaria es la forma de gobierno que mejor encaja en la España constitucional y democrática porque la Corona simboliza la  unidad y permanencia de la nación. El rey puede ser de todos porque no pertenece a ninguno de los pueblos que integran España.

EL CENTRO DEMOCRÁTICO ACTUAL

No se trata de volver al centro sino de demostrar lo que fuimos, lo que somos y lo que seremos desde una perspectiva del centro políico.

Para ello, en primer lugar, hay que defender la Constitución como marco de convivencia entre todos los españoles. De ahí que debemos rechazar la Ley de la Memoria Histórica, por sesgada y guerracivilista no porque justifiquemos los crímenes del franquismo, que el PP condenó en una resolución negociada por el Grupo Popular con el PSOE y que fue aprobada por unanimidad por la Comisión de Asuntos Constitucionales del Congreso el 20 de noviembre de 2002, sino porque abre las heridas de la guerra civil que los constituyentes quisieron que quedaran restañadas para siempre.

Debemos reivindicar el Estado autonómico como modo de organización del Estado por respetar la pluralidad de España cuya ciudadanía e su inmensa mayoría rechaza el centralismo, y exhortar al Estado a cumplir los mandatos constitucionales cuya finalidad es asegurar la igualdad básica de todos los españoles y el mantenimento de la cohesión nacional.

Tal vez, sobre todo en Madrid y en otros lugares, el discurso de la recentralización de competencias encuentre adeptos. El Partido Popular no añora la vuelta al centralismo. El Estado autonómico no ha sido el causante de la actual deriva secesionista de Cataluña, La responsabilidad está en el desistimiento del propio Estado a ejercer las competencias constitucionales que le atribuye la Constitución precisamente para asegurar la igualdad de los españoles y el cumplimiento de los grandes objetivos nacionales.

También han de evitarse discursos que no ayudan a reforzar la cohesión nacional, como por ejemplo cuestionar los regímenes forales que están expresamente reconocidos por la Constitución en su disposición adicional. No se puede hacer profesión de fe constitucionalista para a renglón seguido ofender a la gran mayoría de la población vasca y navarra calificando de insolidarios tanto el régimen navarro de Convenio Económico como el régimen vasco de Conciertos Económicos. El cálculo de las aportaciones de Navarra y del País Vasco a los gastos generales del Estado para el cumplimiento de los objetivos comunes de la nación, se realiza con arreglo a parámetros estrictamente objetivos y transparentes. Tener autonomía fiscal no afecta al principio de igualdad. La fiscalidad la soportan los ciudadanos y todos pagan impuestos similares estén sujetos al régimen común o al régimen foral. De hecho, las Comunidades Autónomas sujetas al régimen general de financiación tienen capacidad normativa en materia fiscal.

Es indiscutible que después de cuarenta años de funcionamiento del Estado de las autonomías hay materias que podrían ser objeto de revisión.

Pero la solución no está en convertir a España en un Estado Federal, por más que se califique de “federalismo asimétrico”. Las asimetrías basadas en la lengua, la insularidad y la foralidad histórica ya están reconocidas en la Constitución. Apelar al federalismo para acallar a los movimientos independentistas catalán y vasco es darles un balón de oxígeno para rechazar que España es una nación.

Debemos asimismo evitar caer en la trampa de la reforma constitucional, mientras nadie concrete qué es lo que ha de reformarse. La idea de que debemos ir a una “segunda Transición” en realidad esconde el intento de promover la entrada de España en un nuevo proceso constituyente. Transitamos en 1978 de la dictadura a la democracia. Fuera de la democracia no hay nada, salvo volver a la dictadura o a un régimen totalitario caracerizado por la falta de libertades. En realidad,  quienes abogan por esa segunda Transición no ocultan su intención de destruir el actual régimen constitucional, empezando por la Monarquía, y lograr el reconocimiento del derecho de autodeterminación.

Y también resulta imprescindible demostrar que el centro democrático representado por el PP siempre estará en la vanguardia de la defensa de la unidad patria y hará siempre frente a los independentistas, pero al mismo tiempo nos preocupan todos los problemas que afectan al bienestar y el progreso de los ciudadanos españoles, que es incompatible con la insensibilidad ante los desheredados de la fortuna que aún padecen graves penurias en el seno de una sociedad opulenta. Problemas para cuya solución el PP debe tender siempre la mano a las demás fuerzas políticas con una inequívoca voluntad de concordia y entendimiento, siempre que mantengan esa misma actitud y actúen en el marco de la Constitución y de las leyes.


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