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Los pilares de la tierra en Navarra

Por Jaime Ignacio del Burgo 03 junio, 2020 - 10:20

Qué sería de la viabilidad económica de Navarra si desaparecieran dos de sus grandes pilares como son la Universidad de Navarra y  la Volkswagen.

Vista de la avenida de Carlos III de Pamplona desde la plaza del Castillo de la capital navarra. EFE/ Jesús Diges
Vista de la avenida de Carlos III de Pamplona desde la plaza del Castillo de la capital navarra. EFE/ Jesús Diges

A estas alturas, podemos concluir que Sánchez camina a marchas forzadas, en plena armonía con Iglesias, hacia un totalitarismo bolivariano o chavista, aunque le horrorice esta expresión. Y da la impresión de que al menos el auténtico caudillo de la revolución, el líder de Podemos, está encantado con el derrumbamiento de la economía para utilizarlo como medio de agitación de las masas contra el neocapitalismo liberal que, según él, es el causante de todos los males que nos aquejan. Lo único que no queda tan claro es que en esa tarea de demolición que se esconde tras la “nueva normalidad” le acompañen a Sánchez los que hasta no hace mucho eran mayoría en el Partido Socialista que en 1979, por empeño de Felipe González, renunció a la implantación de la dictadura del proletariado y aceptó la economía social de mercado y, por tanto, el libre desarrollo de la iniciativa privada.

No nos engañemos. Nuestro estado social y democrático hace aguas por todas partes. La renta mínima, una buena idea si solo fuera transitoria, puede agravar aún más la situación ante la previsible desactivación de la necesidad de buscar trabajo. Muchos olvidan o nunca lo han pensado que la iniciativa privada fue el pilar fundamental sobre el que se construyó el estado del bienestar. La economía de mercado no puede confundirse con el capitalismo insolidario y explotador. Su fracaso puede ser dramático para España. La solución no está en un Estado cada vez más intervencionista que pretende imponer como nueva religión el culto a “lo público”. Ya sabemos por lo ocurrido en estos tres meses que el centralismo ejercido por socialistas y comunistas es un ejemplo de desgobierno, ineficacia, despilfarro e incluso corrupción.

Las sociedades democráticas europeas, entre ellas España, se han caracterizado por haber sabido armonizar el libre mercado con medidas redistributivas para lograr el objetivo de una  sociedad más justa y solidaria, compuesta por hombres y mujeres libres e iguales. En un Estado social el  salario individual debe asegurar el mínimo vital. Ahora bien, sin olvidar  premiar la capacidad profesional y el esfuerzo en el trabajo. Nuestra democracia ha conseguido universalizar otra forma importantísima de retribución al garantizar a todos una sanidad pública universal, gratuita y de calidad, una educación capaz de asegurar la igualdad de oportunidades, una seguridad social que intenta cubrir todos las contingencias de la vida y unos servicios sociales para la protección de los sectores más desfavorecidos. Ahora bien, para todo ello se necesitan ingentes recursos. El dinero ya no se fabrica en la Real Casa de la Moneda. Las arcas públicas se llenan si la economía productiva y de servicios va viento en popa. Sólo los recursos obtenidos vía impositiva permiten afrontar los enormes gastos del estado de bienestar. Para ello resulta imprescindible respetar y apoyar a los pequeños y medianos empresarios, en suma, a todos los emprendedores que arriesgan su patrimonio y contribuyen decisivamente al desarrollo y progreso de la sociedad. Sin olvidar que las grandes empresas son factor fundamental y por regla general su capital es en gran medida fruto del ahorro popular a través de fondos de inversión.

Sin las grandes obras de infraestructuras tan odiadas por el aberzalismo cavernícola, no hubiera sido posible el desarrollo económico y la mejora de la calidad de la vida de la ciudadanía. Qué hubiera sido de Navarra si se hubiera perdido la batalla frente a quienes llevan cincuenta años oponiéndose a todo lo que ha contribuido al progreso de nuestra Comunidad como, por ejemplo, el embalse de Itoiz y el Canal de Navarra, las autopistas y autovías, el aeropuerto de Noáin y tantas otras. Qué será de Navarra si consiguen impedir, como ocurrió en el siglo XIX, que Navarra quede conectada con el resto de España y de Europa a través del Tren de Alta Velocidad, con el argumento de que es un medio para ricos. Ni siquiera se sonrojan cuando apuestan como alternativa un  “tren social” merindano que sustituya el servicio que prestan las compañías de autobuses, a las que es de justicia rendir homenaje por el servicio que han prestado y siguen prestando a la sociedad.

Qué sería de la viabilidad económica de Navarra si desaparecieran dos de sus grandes pilares como son la Universidad de Navarra y  la Volkswagen. La Universidad abrió en 1952 de forma pionera en España el acceso a la enseñanza superior de miles y miles de estudiantes navarros que no tenían otra opción que la de cursar Magisterio, Comercio y Perito Agrícola, carreras muy dignas todas ellos pero claramente insuficientes.  Es justo reconocer que la Clínica Universitaria ha sido un estímulo para la mejora de la sanidad pública foral. Y lo que además es muy importante, acabó con el hasta entonces cerrado horizonte cultural de nuestra tierra.

En cuanto a Volkswagen, que puso en valor la planta de British Leyland (AUTHI), otro hito en el desarrollo de Navarra de los años sesenta del siglo pasado, En un estudio realizado sobre la industria y la economía de Navarra en 1999 por encargo de la Sociedad de Estudios Navarros, cuyos autores fueron los profesores de la Facultad de Ciencias Económicas Elvira Martínez Chacón y Fernando Pérez de Gracia Hidalgo, se concluía que la desaparición de la industria de automoción supondría para Navarra la pérdida de 13.000 puestos de trabajo directos y de 50.000 indirectos. Si VW desapareciera como está a punto de ocurrir con la Nissan barcelonesa, sería un terremoto para nuestra Comunidad.

Hemos sido pioneros, asimismo, en la promoción de las energías renovables. Lo que comenzó como un proyecto impulsado con capital público foral contó con un emprendedor nato, Esteban Morrás, que situó a Navarra a la cabeza de este sector fundamental para el suministro de energía eléctrica y la conservación del medio ambiente. Sin olvidar a otro gran emprendedor, Manuel Torres, que contra viento y marea, desarrolló un proyecto empresarial de vanguardia, con proyectos de tecnología punta en el sector eólico y de la industria aeronáutica.

Quizás los fanáticos de Podemos o de Bildu estarían encantados de poder agitar las calles con un grito “obrero despedido, patrón colgado” que tantas veces oímos por las calles de Pamplona. Antes de volver al griterío violento que piensen en los empresarios agrícolas y ganaderos, a los conserveros, a los bodegueros, a los restauradores y hoteleros, a los contratistas de obras, a los talleres metálicos y de automoción, y a tantos y tantos industriales y comerciantes que proporcionan trabajo y contribuyen con su esfuerzo fiscal a sostener el estado de bienestar. En estos días de tribulación hemos podido comprobar que nuestros gobernantes saben gastar a manos llenas pero no tienen ni idea de cómo hacer para generar ingresos.

Desde luego podemos dejarnos guiar por el sonido ancestral de los cencerros, Seguro que conseguiremos la igualdad, pero en la miseria, excepto los nuevos ricos de la casta populista. La nueva normalidad –concepto contradictorio en sí mismo porque si es nueva será otra cosa pero no será lo normal– no puede consistir en la demonización de la “vieja economía”. Ojalá podamos restablecer pronto la normalidad anterior al coronavirus para seguir avanzando y continuar nuevas cotas de bienestar social. La normalidad perdida  no ha sido incompatible, al menos en la mayor parte de España, con los objetivos del Pacto Verde europeo que se proponen  invertir en tecnologías respetuosas con el medio ambiente; apoyar a la industria para que innove; desplegar sistemas de transporte público y privado más limpios, más baratos y más sanos; descarbonizar el sector de la energía; garantizar que los edificios sean más eficientes desde el punto de vista energético; colaborar con socios internacionales para mejorar las normas medioambientales mundiales.

Hasta el frenazo en seco provocado por el coronavirus nuestro bienestar era compatible con la economía sostenible. Sin perjuicio de algunos desmanes especulativos, nuestro modelo de crecimiento trataba de conciliar el desarrollo económico, social y ambiental en una economía productiva y competitiva, favorecedora del empleo de calidad, la igualdad de oportunidades y la cohesión social, con el respeto al medio ambiente y el uso racional de los recursos naturales, de forma que permitiera satisfacer las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer las posibilidades de las generaciones futuras para aprender sus propias necesidades. Bien entendido que en este mundo no existe la Arcadia Feliz mitificada en la antigua Grecia y que tanto encandiló a pensadores, pintores y literatos de todos los tiempos. Pero es un sueño que quedaría truncado si llegaran a imponerse ideologías totalitarias cuyo anhelo es llevarnos al Infierno de Dante. En definitiva, recuperemos cuanto antes lo perdido para fortalecer y mejorar los pilares de nuestra tierra navarra.


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