Opinión / Periodista, escritor y comentarista político.

Nuestras lecciones contra el terror

Por Isaías Lafuente 18 noviembre, 2015 - 22:16

La policía francesa ha desarrollado una operación antiterrorista en Saint Denis en la que se ha detenido a una célula yihadista relacionada con los atentados de París.

Una operación muy semejante a la que la policía española realizó en Leganés en 2004, tras los atentados del 11M, en la que el comando se suicidó al grito de ¡Alá es grande! y murió el GEO de la Policía Nacional Francisco Javier Torronteras.

Los críticos días que ha vivido París han reavivado la memoria de la matanza de Madrid. Fue el momento en que un país como el nuestro, azotado durante décadas por un terrorismo brutal y doméstico, se enfrentaba a una nueva amenaza criminal de carácter global. No eran iguales, sin duda, pero de la experiencia en la lucha contra ETA se extrajeron lecciones que sirvieron para afrontar la nueva amenaza yihadista.

Y algunas de ellas podrían servir para encontrar respuestas en esta nueva escalada de terror. La primera la dieron los ciudadanos en las calles, manifestándose en contra de los terroristas sin estigmatizar al pueblo de donde salían. "¡No son vascos, son terroristas!", se clamaba. "¡No son musulmanes, son asesinos!", debemos decir hoy. Porque la actividad asesina de unos individuos no puede criminalizar a quienes comparten sus nombres y su nacionalidad, hablan su idioma o profesan la religión en nombre de la cual matan. La segunda lección, aprendida desde el error: no caben atajos ilegales a la hora de perseguir a una organización criminal. La guerra sucia contra ETA no sólo fue ilegítima e ineficaz sino que fue una magnífica propaganda que ETA usó para captar nuevos terroristas.

Después llegó la unidad política sin fisuras que fue capaz de cegar cualquier vía de legitimación de la violencia por parte de la organización y de sus acólitos políticos, que fueron considerados desde entonces por la ley un brazo más de la organización terrorista. Y por último, el cambio de perspectiva. Había que identificar, perseguir y detener a los comandos, por supuesto, pero también, estrangular sus vías de financiación sin las cuales los terroristas, por fanáticos que sean, no pueden comprar armas ni alquilar pisos francos ni organizar sus atentados.

Fueron lecciones aprendidas con sangre. Lecciones vigentes para combatir cualquier forma de terror. Gracias a ellas conseguimos acabar con una banda terrorista que a lo largo de su historia ha matado en nuestro país cuatro veces más que el terrorismo yihadista, por si alguien tiene tentación de compararlos a la baja. Es verdad que tardamos cuarenta años en acallar sus armas. Esperemos que en este caso el mundo sea capaz de acortar los plazos.


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