Opinión / Periodista, escritor y comentarista político.

Donantes por obligación

Por Isaías Lafuente 03 diciembre, 2015 - 0:27

En Gales ha entrado en vigor una Ley de trasplantes de órganos que convierte a todos los ciudadanos mayores de edad en donantes, salvo que hubieran expresado su voluntad contraria en vida. 

La obligación legal es aparentemente revolucionaria, aunque en realidad copia, casi cuarenta años después, la letra de la ley española de 1979 que establece en su artículo 9 que la extracción de órganos podrá realizarse salvo que los fallecidos "hubieran dejado constancia expresa de su oposición". Es decir, en España todos somos por ley potenciales donantes, como ahora en Gales.

Seguramente no todo el mundo sea consciente de esta condición. Y quizás no lo sea porque esta parte del precepto legal nunca se ha cumplido en nuestro país. En la práctica, ha dicho el director de la Oficina Nacional de Trasplantes, "ni se ha aplicado, ni se aplica, ni se aplicará". Los responsables de nuestro sistema de trasplantes siempre consultan a la familia del fallecido, aunque este hubiera dejado escrito su testamento vital o sea donante de órganos, y la voluntad expresada es la que finalmente prevalece. Frente a la obligación legal, en España se ha optado por la persuasión y la convicción individual, para evitar conflictos legales -que se resuelven a una velocidad incompatible con la que requiere un  trasplante- y para no generar rechazo en una decisión que debe ser altruista. Para ello los equipos encargados de convencer a las familias realizan un trabajo tan especializado como el de los cirujanos que realizan después las extracciones y los trasplantes.

El resultado ha sido muy eficaz. No sólo porque la ONT ha convertido a España en líder mundial en donaciones y trasplantes sino porque, además, ha conseguido generar una cultura ciudadana que lleva a más del 80% de las familias a dar el sí en un momento tan crítico. Es decir, con el incumplimiento se ha logrado cumplir escrupulosamente el espíritu de la ley, sin tener que imponer a la fuerza su letra. Aunque ésta sigue vigente, por si acaso.


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