Opinión / Íñigo Alli es diputado de UPN-PP en el Congreso de los Diputados.

La responsabilidad de evitar unas nuevas elecciones

Por Íñigo Alli 20 marzo, 2016 - 22:08

Las Cortes Generales están perdiendo una gran oportunidad: la de volver a dignificar el papel del político. De la Política.

De cara a resolver los problemas de los ciudadanos, de poco o nada han servido los últimos tres meses. En todo caso, para dejar ver, en algunos momentos, su cara más bronca.

Como es sabido, UPN votó no a la investidura del Sr. Sánchez, y lo hizo por varios motivos. En primer lugar porque entendemos que España necesita un amplio consenso de las fuerzas constitucionalistas que defienden el marco de convivencia que es España y Europa como espacio de progreso y prosperidad. Una mayoría parlamentaria necesaria para, desde la centralidad política y la moderación, hacer los cambios estructurales acuciantes en nuestro país: reformas constitucionales, de las instituciones, contra la corrupción, etc., que logren la estabilidad económica, social, institucional y política por el bien de nuestro presente y el de las futuras generaciones. Nuestros hijos. Una posibilidad negada por la cerrazón del candidato del PSOE desde el pasado 20 de diciembre.

La alternativa a ese amplio acuerdo, llamémosle “la segunda transición”, es la amalgama de fuerzas independentistas, populistas y postcomunistas a lo “cuatripartito navarro” que día sí, día también, tantos sobresaltos nos están dando, anteponiendo lo identitario frente a los intereses reales de los ciudadanos: empleo, igualdad de oportunidades, futuro, estabilidad… Al más puro estilo sectario.

En segundo lugar, UPN rechaza el acuerdo PSOE-Ciudadanos porque intenta modificar el actual Estado de las Autonomías y persigue la recentralización de algunas competencias. Debo decir que no esperaba menos de un partido como Ciudadanos que desea cambiar el sistema de financiación autonómico derogando nuestra capacidad de gestionar y recaudar los impuestos. Los representantes de C’s en Navarra le llaman un “recálculo” o revisión del Convenio Económico, pero no les cuento lo que desean los cuarenta diputados de este partido en el Congreso, de acuerdo con las conversaciones que estoy manteniendo con algunos de ellos. De quien sí me sorprende es del PSOE que, hasta hoy, ha defendido nuestro Fuero.

UPN lleva en su esencia la defensa de la foralidad. Los representantes de UPN en Madrid seguiremos haciendo pedagogía y defendiendo las virtudes de un régimen convenido desde la cercanía y la responsabilidad de la administración respecto a los ingresos fiscales.

Por último, nada dicen en su acuerdo los dos grupos firmantes respecto a la supresión del mecanismo que contempla la Constitución para anexionar Navarra a la Comunidad Autónoma Vasca: la disposición transitoria cuarta.    

Junto a todo ello, irrenunciable para UPN, nuestra actuación se va a guiar siempre por el apoyo a los empresarios, los autónomos y los emprendedores, que, no lo olvidemos, son quienes generan empleo. Ninguno de los diputados presentes en la Cámara somos generadores de empleo, y por eso desde UPN impulsaremos a quienes lo crean.

De igual modo, apoyaremos a la familia, sustantivo que, por cierto, no fue mencionado por ningún partido político en las doce horas que acumularon ambos debates de investidura. Sólo UPN defendió su extraordinario papel, convencidos de que, hoy más que nunca, la familia es el mejor ministerio de protección social.

Los fundadores de UPN definieron hace 37 años los principios ideológicos de nuestro partido. Conservadores en nuestras tradiciones y costumbres, nuestra tierra; liberales en la creencia de las libertades individuales, el libre mercado, la iniciativa privada, la responsabilidad pública; y, progresistas en lo social.

Esos principios fundacionales son la mejor definición de la centralidad ideológica, la moderación y la búsqueda de acuerdos a izquierda y derecha tan necesarios hoy. Desde esa posición, y con total libertad, los tres representantes de UPN en el Congreso y en el Senado votaremos cada iniciativa con base en esa centralidad política.

España está viviendo un momento determinante, con unas más que necesarias reformas pendientes, un serio riesgo de desmembración territorial, una recuperación económica que se debe afianzar y un estado del bienestar vapuleado por la crisis económica. Para hacer frente a todos estos desafíos, a los 350 diputados se nos presupone un liderazgo otorgado por la confianza de millones de españoles. Tras la investidura fallida del Sr. Sánchez, tenemos una nueva oportunidad para desarrollar esa responsabilidad y evitar unas nuevas elecciones, aunque, de momento, no parece que se estén dando pasos en esa dirección.

El liderazgo se basa en dos valores: la humildad y la generosidad. Ambos principios son la mejor definición de servicio público porque, al fin y al cabo, ¿qué es la política si no es servir? Desde la humildad y la generosidad, UPN trabajará por transformar nuestro presente para crear un futuro ilusionante.


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