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¿Y si las grandes superficies no son el enemigo?

Por Iñaki Oroz 04 febrero, 2016 - 9:06

Hace poco pasé por una de las puertas del Corte Inglés y vi a varias personas manifestándose contra su apertura  en festivo. También el pequeño comercio se suele quejar de estas prácticas de horarios comerciales.

Entiendo las quejas y las preocupaciones de todos ellos. Para un trabajador no es agradable tener que trabajar un domingo y desde luego el pequeño comercio no tiene capacidad ni humana ni financiera de competir con los horarios de las grandes superficies.

El argumento fácil suele ser pedir al consumidor que sea “solidario” y no acuda a esas horas a las grandes superficies. Sin embargo creo que el problema es mucho más que un tema de “solidaridad” y es importante profundizar en cómo están cambiando nuestros hábitos de consumo.

Respecto a la “solidaridad” no entiendo la protesta contra la apertura de un centro comercial en domingo y no contra la apertura de los bares y restaurantes en festivos. Algunos me dicen, y con un discurso bien fundamentado, que estoy mezclando ocio (bares y restaurantes) con otra cosa (sin nombre concreto) que es ir de compras.

Frente a este argumento, yo no acabo de entender porque ir de compras no es considerado ocio y tampoco acabo de comprender porque la restauración es un ocio tan importante como para tener a miles de personas trabajando los festivos.

No obstante, aceptando que ir de compras no es ocio: ¿por qué tiene preferencia el ocio ante las compras?

Y es que las personas cambian, la sociedad evoluciona, y ahora mucha gente identifica tiempo libre con ir de compras. Así como hace unos años las personas no iban a los bares en Nochebuena y ahora muchas lo hacen, hace unos años las personas no compraban zapatos en domingo y ahora muchas sí.

A este cambio social se le suma un cambio tecnológico. Comprendo al pequeño comercio en su lucha contra el grande. Siempre ha existido esa pelea y es buena. No obstante creo que el principal enemigo es otro. Es una gran superficie que abra las 24 horas del día los 365 días del año: está aquí y  se llama comercio electrónico.

Ya no hace falta ir a una gran superficie en festivo. Ahora cada día de fiesta o cada noche se puede comprar cualquier artículo mientras se ve una serie en televisión o incluso como ocurre de forma desmesurada en EEUU en el Cyber monday cuando  muchas personas compran desde el puesto de trabajo y en horario laboral.

En el Cyber Monday norteamericano de 2006 se gastaron unos 600 millones de dólares, en 2015 ya fueron más de 2200 millones. Dinero que no fue ni al pequeño comercio ni a la gran superficie tradicional.

El comercio local se puede sentir asustado ante esta situación, sin embargo son muchos los expertos que dicen que el comercio tradicional tendrá su papel, y muy importante, en los próximos años.

Si pensamos en el proceso de compra como un periodo de tiempo en el que hay tres fases: la pre compra, la compra y la post compra, nos damos cuenta de como no en todos los productos estas fases son igual de importantes. Por ejemplo, todos probamos un coche antes de comprarlo pero casi nadie se prueba unos calcetines antes de hacerlo. El comercio electrónico puede ser mejor en algunas fases para algunos productos, pero no siempre lo es.

Por tanto, el pequeño comercio local tiene un reto importante, y es hacer que su compra sea más atractiva frente al comercio electrónico, tanto antes de efectuarla, como durante y después. Una compara donde la experiencia sea tan buena que deje atrás a la compra electrónica.

Este creo que es el reto del comercio local hoy en día, porque el enemigo ya no está en la puerta de enfrente.


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