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Opinión /

Las microindependencias

Por Iñaki Oroz 24 noviembre, 2015 - 21:22

Echo en falta que nos digan cuánto nos va a costar, o costaría, a cada español la independencia catalana. A los catalanes y a los no catalanes. ​

Sí, cuántos euros me va costar a mí, en Pamplona. Los euros per cápita. Hasta ahora nos han dado cifras macroeconómicas, pero no sabemos proyectar su incidencia en la vida diaria.

Por eso, en el debate catalán, echo en falta las pequeñas cifras o que nos digan cómo se vería afectada la vida diaria de las empresas, de lo que supondría para éstas la independencia catalana. Entiendo que esta labor es muy ardua, pero cualquier cambio en el entorno es un duro proceso para la empresa. No solo económico, también de adaptación.

Por un lado, tenemos el extremo de los que transmiten que nada cambiaría. Que simplemente la vida continuaría igual y las empresas seguirían funcionando como hasta hoy, en un mercado que no notaría que ha nacido un nuevo estado. Cuando les oigo me viene a la cabeza aquella expresión de los manuales de economía, ceteris paribus, que implicaba que nada cambia en el entorno.

Así que en este escenario Cataluña mantendría sus exportaciones e importaciones y también su comercio con las diferentes comunidades autónomas y la Comunidad Foral de Navarra. Recordemos que, según Intereg, en la actualidad por cada euro que Cataluña exporta vende 1,1 al resto de España

Otro escenario es en el que las cosas cambian de todo. Cataluña se independiza,  sale de la UE y queda fuera de la unión aduanera. Es decir, se convierte en un Canadá, Colombia o Corea, por poner unos ejemplos. Esto supondría que sus productos al entrar en la UE tendrían que superar los requisitos aduaneros que se establecieran.

Es difícil saber qué requisitos serían estos y a qué productos afectarían más o menos, no creo ni que estén en borrador, pero habría un claro riesgo de que al menos la mitad del mercado de las empresas catalanas quedara en peor situación que la actual (en la que no hay barreras de mercado). Digo al menos la mitad porque cuento solo lo que Cataluña actualmente vende al resto de España, y no al resto de la UE, que también quedaría en riesgo de perder condiciones de competitividad.

Y aquí es donde la macroindependencia, la de los grandes números, la de los ideales, se convierte en microindependencia, en la que la empresa tiene que lidiar en su día a día, la que se refleja en la cuenta de resultados.

Aquí es donde la microindependencia hace que las empresas catalanas se vean en riesgo de ser menos competitivas, al menos, ante la mitad de sus clientes. Cualquiera que haya tenido que vender algo alguna vez en su vida sabe lo costoso que es conseguir un cliente y mantenerlo. Aquí no valen las frases grandilocuentes que algunos políticos dicen, como que no importa, que ya se exportará. Cierto es que muchísimas empresas y profesionales catalanes están muy bien preparados, son excelentes y son capaces de competir en todos los mercados del mundo, pero no son las únicas. Y cambiar de clientes no es cuestión de votar sí o no en el parlamento, es cuestión de muchísimo esfuerzo y sobre todo vencer a mucha competencia.

Se suele decir que conseguir un cliente nuevo cuesta de media 6 o 7 veces más que mantener uno antiguo y ese coste se traduce en un número seguido con el símbolo € detrás.

Este cambio de clientes  supone un proceso de adaptación y aprendizaje largo y costoso. Con esto no descubro nada a ninguna empresa. Adaptación del producto a nuevos mercados, selección de socios y distribuidores, promoción, etc. Por supuesto que la empresa catalana lo puede hacer, y de hecho lo hace muy bien, pero es un proceso minucioso, que requiere una situación financiera muy desahogada.

De igual forma que esto afectaría a la empresa catalana, también afectaría a la empresa navarra o española, cuyos clientes están en Cataluña y podrían quedar fuera del mercado actual.

Este debate se puede desarrollar muchísimo más, y entre los 2 extremos hay muchas posibilidades. Con él solo quiero manifestar que es la hora de que nos hablen de las microindependencias de cada empresa. De las condiciones concretas en las que se plantearía, de los costes reales para cada uno.

Yo no sé qué escenario se plantearía, pero sí sé que no me están informando suficientemente.


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