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Opinión /

A mi me gusta la bandera de Europa

Por Iñaki Oroz 22 marzo, 2016 - 23:36

A raíz de la incapacidad que la Unión Europea está mostrando ante los refugiados sirios, se ha puesto de moda entre algunos políticos españoles “castigar” a Europa retirando su bandera de los balcones donde ondea oficialmente.

El refugiado sirio en Turquía o Grecia seguramente no sabrá donde está Navarra y si alguno lo sabe, verá como absurdo e inútil el gesto de la Presidenta del Parlamento de Navarra retirando la bandera europea del balcón y  le vendrán todo tipo de pensamientos sobre la inutilidad práctica de esta acción.

Por tanto, deduzco que la actuación de estos políticos navarros retirando la bandera es en clave interna. Nos quieren comunicar algo, y ese algo es que Europa no les acaba de gustar.

En primer lugar, es importante recordar que la decisión de deportar a los refugiados sirios ha sido tomada por los presidentes de las 28 naciones europeas. Ante lo cual, en vez de criticar a estos presidentes, Alexis Tsipras incluido, lo que hacen algunos políticos españoles es retirar la bandera.

Sin embargo, a mi la Unión Europea y su bandera sí me gustan. Claro que es mejorable, sobre todo en las políticas de solidaridad con el exterior, con el conflicto sirio y con todas las situaciones que llenan los mares europeos de pateras con miles de personas cada año y  a los cuales los países de la UE cierran sus puertas, pero aun así Europa y su bandera me gustan.

Me gusta la bandera europea porque gracias a ella buena parte de Europa ha logrado un periodo de paz, progreso y libertad que nunca antes había logrado. Y yo no echo en falta ni las guerras ni las dictaduras que los países del continente  han generado durante siglos.

También me gusta porque esa bandera ha eliminado las fronteras entres países que durante siglos se han matado para mantenerlas. Y yo no añoro las fronteras, ni en los Pirineos ni en el Ebro.

La bandera europea es la que permite circular libremente a decenas de millones de personas entre diferentes países, pudiendo  viajar libremente sin tener que dar explicaciones a nadie. No me gustaría volver a tener que enseñar mi pasaporte en carreteras y aeropuertos o tener que enseñar mi equipaje en multitud de puestos fronterizos. Tampoco quiero pedir el pasaporte a las personas y por eso me alegro de que cientos de millones de europeos puedan venir a España libremente.

Esa Europa que me gusta hace que, gracias a Erasmus, cientos de estudiantes navarros salgan a otros países a estudiar y también cientos de europeos vengan a Navarra a aprender,  porque no tenemos nada que ocultar y Europa tampoco nos esconde nada. Sería un atraso volver a esos tiempos en los que estudiar en una universidad europea era cosa de unos pocos privilegiados.

Gracias a la bandera europea también podemos acceder a la sanidad pública de los países de la UE con una simple tarjeta sanitaria, sin tener que recurrir a los costosos seguros privados necesarios cuando se viaja a países fuera de la Unión.

Y son los países que están bajo esa bandera los que nos atenderán en sus embajadas, si es necesario, cuando estemos fuera de la UE y no podamos ir a una embajada española, ya sea si perdemos una documentación, ya sea si hay una catástrofe que haga necesaria la evacuación. No deseo ir a una situación en la que deje de existir esa solidaridad.

Esa bandera ha eliminado las barreras al comercio permitiendo que los bienes y servicios  circulen libremente sin bloqueos en las fronteras. Y yo no creo necesario volver a depender de los que manejan las barreras.

También esa bandera hace que nuestras empresas puedan competir libremente en Europa, desarrollar proyectos de investigación de tú a tú con otras empresas europeas y, por supuesto, acceder a recursos que antes resultaban inaccesibles. Sería un atraso volver a industrias poco eficientes y casi monopolísticas.

Gracias a la bandera europea algunos países pueden tener una moneda común, eliminando las molestias y pérdidas de dinero por cambio de moneda y permitiendo unas políticas comunes más fuertes.

Como también es la bandera de la fortaleza y estabilidad institucional que Europa no supo conseguir durante siglos y siglos de luchas y guerras. Siglos y situaciones a los que no se debe volver.

Y cuando España negocia frente a terceros como, por ejemplo, Marruecos en acuerdos internacionales, políticos o económicos, también esa bandera nos hace más fuertes.

Gracias a esa bandera hemos recibido un saldo neto positivo en flujos financieros, es decir, dinero, para nivelarnos con Europa, porque es la bandera de la solidaridad.  Y ojalá llegue el día en que aportemos más de lo que recibimos, pero desde luego a lo que no quiero volver es a los tiempos en los que cada país no ayudaba al vecino.

También la bandera europea acoge a diferentes culturas que sienten algo en común y gracias a ello hay multitud de proyectos culturales entre los países de la UE. Yo no quiero volver a ser una isla cultural.

Claro que esa bandera tiene fallos y hay que mejorarla, pero me gusta, y como a mí a muchos ciudadanos sirios y de otros países que solicitan su protección, porque saben que esa bandera significa seguridad, estabilidad, progreso, solidaridad y libertad.

Por eso quiero una bandera de la UE más fuerte y que cada vez acoja a más países y sobre todo a más personas.


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