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Los agujeros negros de la vuelta al cole en Navarra

Por Ignacio Murillo 30 agosto, 2020 - 10:23

El Gobierno de Navarra se equivoca gravemente con la reducción de horarios, pues el lugar más seguro para los niños es y debe ser el colegio y su grupo cerrado. 

El consejero de Educación, Carlos Gimeno, en una imagen en el Parlamento de Navarra. MIGUEL OSÉS
El consejero de Educación, Carlos Gimeno, en una imagen en el Parlamento de Navarra. MIGUEL OSÉS

El Gobierno de Navarra presentó hace una semana un protocolo de vuelta al colegio en septiembre con unas medidas que apenas iban más allá de las que todos ponemos en práctica en nuestra vida cotidiana: mascarillas, distancia, lavado de manos, etc. 

Las decenas de directores generales y cargos públicos que acumula el departamento del socialista Carlos Gimeno se desperezaron después de un largo letargo de casi seis meses para presentar un texto que ocupaba unas pocas líneas y que puso de relieve el nulo trabajo efectuado y la gran improvisación con la que niños, educadores y familias retornarán al colegio en unos días, seis meses después de la abrupta interrupción del curso en marzo. 

Para escurrir el bulto y disimular la ausencia de trabajo, el departamento trató de vender como arduas cuatro reuniones a final de agosto con distintos representantes educativos. Meses sin mover un dedo, vacaciones y cuatro reuniones. Y trabajo terminado.

Un consejero que cazcalea, que en cualquier empresa hubiera sido fulminantemente despedido por su ineptitud por presentar un protocolo sin una sola medida adaptada a la realidad de los centros. Pero este es el Gobierno de los sillones, no del bien público. El objetivo cuando se formó era hacer un buen reparto de cargos entre personas del partido, nunca mejorar la vida de la gente. Eso lo último. 

Hay que tener en cuenta, eso sí, que las medidas de vuelta al colegio se han tomado bajo la presión y el yugo de los sindicatos de Educación, decididos si hiciera falta a bloquear y torpedear el regreso a las aulas si no conseguían su bien más preciado, la joya de la corona: la reducción de horarios y la jornada continua

En todo momento han dado igual las medidas sociales o sanitarias, lo importante eran las horas de colegio: cuantas menos horas en los centros, mejor. Y así se llegó al acuerdo. 

El Gobierno de Navarra, como no podía ser de otra manera en el caso de un Ejecutivo de dudosa legitimidad y escasa personalidad, ha cedido a la presión sindical sin atenerse a medidas sanitarias ni sociales, pues la salida de los escolares a las 13 horas en las primeras semanas de curso, y a las 15 horas posteriormente, hipotecará a las familias y pondrá en grave riesgo la actividad económica y social, con la que se pagan, por cierto, las nóminas de los profesores, de los sanitarios y del consejero y su inmensa corte de asesores. Pero no sólo eso. 

Tengamos en cuenta que esta no es una crítica al buen y abnegado trabajo de los profesores (admirables y siempre poco reconocidos), pero sí a la escasa solidaridad de los sindicatos educativos, que han callado durante los últimos meses sin propuesta alguna y exclusivamente se han mostrado preocupados por mantener sus prebendas mientras el resto de la sociedad empuja y tira del carro en un momento terrible.

No tienen compromiso. Mientras todo el mundo ha trabajado sin rechistar y con ahínco sus horas y muchas más, desde el médico de urgencias, hasta la cajera del supermercado, pasando por el conductor de la villavesa, el policía municipal o el tendero del barrio, en condiciones mucho más penosas y de mayor riesgo sin ninguna duda. 

Ojalá los sindicatos de Educación hubieran dado un paso al frente para liderar la vuelta al colegio en lugar de presentar todo tipo de resistencias y dificultades para que una sociedad que sufre la mayor crisis sanitaria y económica, no se nos vaya por el desagüe en unos meses. 

EL ENGAÑO DEL HORARIO REDUCIDO

La apuesta para la vuelta al colegio del departamento de Educación del Gobierno de Navarra puede salir bien, pero está exclusivamente en manos del azar, en lugar de haber apostado por medidas mucho más garantistas y seguras gracias a los recursos que la Comunidad foral tiene en materia sanitaria y al compromiso que muchos profesores están dispuestos a poner sobre sus espaldas. Profesores de verdad, gente seria, no sindicalistas voceros preocupados por ellos y poco más. 

Sin embargo, el protocolo de Gimeno lo fía todo a que los niños estén poco tiempo en el colegio, porque piensa que de esta forma se minimiza el riesgo de contagio, posiblemente el mayor error de todos los tomados y la medida con menos sentido. La más grave y la más inoportuna. Un auténtico timo social. 

Realmente, cuanto más tiempo pasen los menores fuera de su clase con un entorno limitado, lo que se ha llamado clase-burbuja, más opciones habrá de contraer el virus fuera de las puertas del colegio. Es sentido común. 

En resumidas cuentas, la reducción de horario escolar favorecerá las actividades ajenas a los centros escolares, porque los protocolos, normas y exigencias serán mucho menores. Además, los niños se mezclarán con otros de distintas edades y colegios (gravísimo error), las familias necesitarán ayuda de tíos, abuelos (máximo riesgo) o personal contratado para cuidar a sus hijos (tirando el poco dinero que se haga hoy en día) y, por lo tanto, el control, ese confinamiento familiar tan necesario fuera de clase, lo tendremos perdido. 

Si el objetivo es que los menores permanezcan sólo con su grupo cerrado, cuanto más tiempo del día lo hagan será mejor. Menos opciones habrá de contagio. 25 niños sanos no se contagian entre ellos, estén 3, 4 o 7 horas juntos. No digamos con mascarilla obligatoria y las ventanas bien abiertas. El aula tiene que ser un lugar tan seguro como estar en casa. Los compañeros tienen que ser tratados como convivientes, un lugar de garantías, no un espacio de riesgo, que es lo que no quieren vender el Gobierno y los sindicatos, por supuesto. 

Por eso era tan importante ampliar o mantener el horario escolar, limitar el contacto diario de los niños exclusivamente a sus compañeros de clase y pedir a las familias restringir al máximo las actividades fuera del colegio (incluso prohibirlas) durante este curso, salvo las deportivas al aire libre.

Caminamos hacia todo lo contrario: menos horas controlados, más exposición al contagio. Todo un despropósito absoluto. Lo que se tenía que haber suspendido era todo lo que no es el colegio.

Ahora tendremos el compromiso de los colegios, pero las familias quedarán vendidas, la especialidad de un gobierno incompetente. Después de 6 meses con los niños en casa, sin ayuda alguna, de nuevo los padres y madres se encuentran con decenas de horas semanales con los menores alejados del colegio.

No sólo no se va a recuperar el trimestre perdido de marzo a junio, sino que la gran apuesta educativa del Gobierno de Navarra pasa por un curso renqueante y de mínimos. Ni salud ni educación. 

En cuanto a las ratios (número de alumnos por aula), Gimeno anunció una reducción, pero se trata de una medida exclusiva para Infantil (3-6 años). Las clases de 25-27 niños deberán ser máximo de 20 alumnos en estas edades, algo que los colegios conocieron a sólo unos días de regresar. Esto significa que un colegio con 3 líneas por curso tiene un excedente de unos 60 alumnos en esa etapa educativa, cifra que puede superar el centenar de menores en el caso de centros educativos con 6 líneas. Eso sí, que se busquen la vida para encontrar espacio en el colegio para nuevas aulas, profesores o tutores. 

Muchas son los países que han puesto a disposición de los colegios museos, polideportivos, bibliotecas y demás edificios públicos, con la conveniente compra de pupitres individuales, para diversificar al alumnado y limitar el número de niños en cada centro. 

TEST Y CRIBADOS POR CLASES

La Universidad de Navarra, la empresa privada, ha vuelto a ser ejemplo en Navarra en el inicio y regreso de las clases. El centro académico ha puesto en marcha un control exhaustivo mediante test a todos sus trabajadores y alumnos. Hasta 13.000 PCR en poco más de una semana para tranquilidad de todos. Esta medida vendrá acompañada de test aleatorios, cribados entre las facultades, para detectar cualquier caso durante el curso.

El Gobierno de María Chivite se ha negado a practicar ningún tipo de test. La misma presidenta que se mofó del uso de mascarillas en el pico de la pandemia, ahora se niega a los test en el ámbito escolar. Ni a alumnos ni a profesores. En Navarra hay capacidad para hacer más de 8.000 PCR al día, pero el Gobierno prefiere vivir a ciegas, provocar al riesgo y culpar luego a los ciudadanos. Otra de sus especialidades, la culpa siempre es de los demás. Son casi negacionistas del virus por su interés en hacer lo menos posible, la ley del mínimo esfuerzo. 

Un sencillo plan de test por aulas permitiría conocer unas cuantas veces al mes si existe algún positivo en cada colegio y tomar las medidas adecuadas. 

Bastaría con tomar pruebas una vez a la semana a cada clase, mezclar las muestras y practicar una única PCR para cada grupo de alumnos de contacto estrecho. De esta manera se multiplica de manera exponencial la capacidad de cribado. Una PCR con 27 muestras, un gasto ridículo, una cuestión de voluntad, interés, ganas y preocupación. 

Si sale negativo, todos los alumnos están sanos. Si sale positivo, esa clase queda aislada durante dos semanas, e incluso si se necesita se profundiza de manera individual con seguimientos concretos en función de las necesidades de las familias.

La sensación que traslada el Gobierno de Navarra es que prefiere no descubrir los casos. Lo que reclaman las familias, los profesionales y los educadores de los colegios  son certezas. Y Navarra tiene medios y capacidad para practicar pruebas semanales a cada grupo en cada colegio. Pero no se quiere. Mejor las UCIs a rebosar, donde por cierto y recuerdo, prohibieron el acceso a los mayores de 79 años en los meses de marzo y abril.

Un centro educativo con tres líneas por curso tiene 45 clases entre los 3 y los 17 años. Esto significa practicar sólo 45 PCR a la semana para analizar a todo el colegio, más las que se valoraren a modo de cribado aleatorio para los educadores y profesionales. ¿Tan difícil es esto? ¿No será mejor invertir en seguridad y tranquilidad? 

Un plan de recogida de muestras no requiere de muchos profesionales para acudir por zonas a los centros. Más vale gastar el dinero público es esto que volver a cerrar los colegios y la economía. Chivite se niega en rotundo, porque las escasas pautas se las marca Celaá desde Madrid. Pero la casa sin barrer. 

COLEGIOS PILOTOS

Tampoco ha propuesto el Gobierno de Navarra diversificar en este inicio de curso distintas maneras de afrontar el calendario. Todos a la vez y de la misma manera, en lugar de solicitar centros voluntarios para medir la afección con horarios y prácticas distintas. Estas pruebas pondrían de relieve qué cosas son factibles y cuáles se pueden corregir, con análisis de datos y reuniones en común.

En Navarra todos los centros funcionarán de la misma manera, así que el análisis real consistirá de nuevo en el azar o la suerte. No sabremos muy bien el por qué de los casos ni seremos capaces de tomar otras medidas mejores, que únicamente irán dirigidas a cerrar colegios.

Al final, el protocolo de la vuelta al cole en Navarra se centra exclusivamente en cuestiones menores, en medidas ya existentes: mascarillas y distancia social. Pero no apuesta, no lidera con medidas más atrevidas, más propias de una comunidad puntera y con capacidad. Han convertido a Navarra en una sociedad conformista y sin interés. 

Chivite, Gimeno y su gobierno se esconden bajo las faldas de un Ejecutivo central que carece de argumentos para capitanear ni la vuelta al colegio ni la pandemia y que esperó al 27 de agosto para mantener la primera reunión con las autonomías sobre el tema educativo. 

El Gobierno con más altos cargos de los últimos años en Navarra ha sido incapaz en seis meses de preparar la vuelta a los colegios y han sido Navarra Suma y Bildu en el Parlamento foral los que han tenido que forzar la práctica de alguna prueba PCR previa a los docentes. 

La situación general es muy crítica y no parece que en manos de este grupo de aficionados al poder tengamos capacidad de revertir el caos social y económico en el que nos encontramos. Vienen tiempos complicados que van a exigir seriedad, apartar tabúes y romper barreras políticas para ser capaces de acuerdos que hace poco nos hubieran parecido imposibles. 


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