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La violencia en deporte, no tan lejos de casa

Por Gustavo Galarreta 20 Mayo, 2018 - 10:25

La violencia en el fútbol ha sido y es una de las mayores rémoras que han acompañado al deporte rey.

Cientos de miembros de los Indar Gorri encienden bengalas en una imagen de archivo. MIGUEL OSÉS
Cientos de miembros de los Indar Gorri encienden bengalas en una imagen de archivo. MIGUEL OSÉS

Desde los años 80, donde todos recordamos las tragedias del Estadio de Heysel (Bélgica) y del Estadio Valley Parade en Bradford (Reino Unido), hasta los más recientes producidas en Bilbao, observamos como la violencia ha acompañado al fútbol como una fiel compañera de viaje.

Este problema de la violencia en el fútbol, como muchos de los indicadores en materia de seguridad, pasa de lo global a lo local sin ningún tipo de problema, como hemos podido observar en los últimos días en Pamplona, cuando se produjeron en los aledaños de El Sadar graves enfrentamientos entre seguidores de Osasuna y del Oviedo.

Enfrentamientos que venían precedidos por la sentencia del Juzgado de lo Penal 4 de Pamplona, que condenaba a 11 simpatizantes del grupo Indar Gorri a un año de prisión para cada uno de ellos por pertenencia a grupo criminal, y multas por un delito de conspiración para cometer delitos de lesiones. Sentencia que viene precedida por un laborioso trabajo de investigación de las unidades de la Policía Nacional que velan por la seguridad en el deporte navarro.

Los grupos denominados “ultras”, de ideologías tanto de extrema izquierda como de derecha, llevan años orbitando alrededor de los clubes de fútbol, muchas veces con una ambigüedad por parte de los clubes que tendría que hacer reflexionar a las directivas.

Todos recordamos gravísimos enfrentamientos entre aficiones rivales en España, incluso muertes producidas en las postrimerías de partidos de fútbol donde los grupos radicales aprovechan estos encuentros como mera excusa para ejecutar sus acciones violentas, que van dirigidas hacia la afición o los jugadores contrarios, aunque también se dan casos de ataques contra miembros de la misma afición y acciones pseudomafiosas hacia los jugadores de su propio club, cuando las cosas no funcionan deportivamente.

Estos grupos ultras con un sesgo ideológico muy diverso se dan a nivel internacional. En Europa ha habido un repunte importante en esta materia y es por eso que los encargados de velar por la seguridad de todos se han puesto manos a la obra para intentar incrementar los planes necesarios para poder adoptar las medidas existentes a las nuevas formas de violencia que rodean el fútbol.

Para ello, hace pocos días se sentaron en Bilbao, bajo la coordinación del sindicato de la Etzaintza ERNE, varias organizaciones sindicales policiales a nivel europeo, que pusieron sobre la mesa una serie de acciones que tendrían que ponerse en marcha lo antes posible, para intentar frenar este repunte de la violencia en el fútbol. Estamos a las puertas del mundial de Rusia, que está bajo la amenaza del terrorismo internacional, pero que tiene un importante foco de peligro en la violencia entre aficiones.

Los delitos y comportamientos reprochables en torno al fútbol que habitualmente se producen van desde comportamientos violentos, con lesiones en las personas, incluso la muerte, a agresiones a las fuerzas de seguridad, destrozos en el mobiliario urbano, delitos de odio, misoginia, xenofobia y otros igualmente graves.

El orden público y su coste, tanto económico como en daños y personas lesionadas, lo asumen no solo los Estados, sino toda la sociedad en su conjunto, y, por tanto, su tratamiento y erradicación ha de convertirse en una cuestión de Estado que se debe abordar con la mayor celeridad.

Los pilares que tienen que sustentar la respuesta ante este gravísimo problema son cuatro. En primer lugar, hay que indicar que contamos con una policía europea, como es la Europol, que tendría que tener un peso específico ante este problema a nivel de toda Europa, ya que debería coordinar a todas las fuerzas policiales europeas.

En segundo lugar; los gobiernos, que deben articular una ley del deporte a nivel europeo, ya que no se puede combatir un problema si las distintas policías y los jueces no cuentan con unas herramientas adecuas a los tiempos que corren y se adaptan a las nuevas formas delincuenciales que adoptan este tipo de grupos radicales.

En tercer lugar, los clubes, que son quienes manejan presupuestos multimillonarios y muchas veces no se toman en serio el tema de la seguridad en los estadios, y mucho menos la violencia que se da en el exterior de los mismos. La administración tendría que tomar medidas contra quien no se tome en serio la seguridad en los campos y en sus alrededores.

En cuarto y último lugar, los organismos rectores del fútbol, como son la UEFA y la FIFA, bajo cuya organización se ampara este negocio mundial que es el fútbol.

Está claro que se deben estudiar medidas, como que en determinados partidos la entrada a los estudios sea nominal, con pulsera identificativa; o la eliminación de todo apoyo por parte de los clubes a los grupos ultras e hinchas violentos. Ese tiempo de facilitar entradas a según qué grupos tiene que acabar, fomentado los comportamientos cívicos y premiando a quien las fomente.

La violencia y el deporte rara vez van de la mano, ya que existen multitud de deportes que se basan en unos valores de respeto hacia el rival. En el fútbol, a veces, se pierden esos valores por culpa de una minoría, y por eso es labor de todos los que amamos el fútbol intentar terminar con esta lacra.

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