Opinión /

Retos tras el atentado de Lieja

Por Gustavo Galarreta 01 Junio, 2018 - 9:55

La ciudad belga de Lieja sufría un nuevo atentado terrorista, una vez más realizado con muy pocos recursos por parte de quien perpetra este tipo de acciones pero una gran determinación y voluntad de hacer daño para expandir el miedo por toda Europa.

Un equipo de forenses, en el lugar del tiroteo en Lieja. EL ESPAÑOL
Un equipo de forenses, en el lugar del tiroteo en Lieja. EL ESPAÑOL

El atentado lo realizó; Benjamin Hernan, un joven nacido en Bélgica hace 36 años con un largo historial en delincuencia común, que cumplía condena en prisión desde el año 2003 teniendo prevista su salida para el 2020, pero que ya disfrutaba de algún permiso penitenciario.

La fiscalía belga en estas primeras horas a indicado que tratan los hechos como un posible atentado terrorista ya que varios de los testigos indicaron que mientras realizaba la acción de acuchillar a las dos policías y posteriormente arrebatarles sus armas reglamentarias gritaba Alá Akbar (Alá es grande), con esas armas posteriormente mató a un joven estudiante de 22 años al cual le faltaban pocos días para graduarse en la sección pedagógica de la Alta Escuela de Lieja, solo el destino hizo que este joven estará sentado en un vehículo en las proximidades del lugar donde fueron atacadas las dos policías.

Benjamin Hernan con las armas de las policías hizo frente al equipo de reacción policial, hiriendo a cuatro de ellos y posteriormente fue abatido por ese mismo grupo. Los hechos no son muy distintos a otros que se han producido en varios países de Europa donde personas radicalizadas con unos medios muy rudimentarios consiguen crear una sensación de miedo líquido que cala en la sociedad europea y esto es uno de principales propósitos de los distintos grupos que propagan la yihad global.

Con los primeros datos se puede obtener la derivada que el principal objetivo del terrorista era la policía, ya que estuvo minutos en un centro escolar con potenciales víctimas y solo abrió fuego al llegar el equipo de reacción policial.

El perfil del Bejamin Hernan según atestiguan medios belgas se trataba de un joven psicológicamente "inestable" y "marginalizado", que se habría radicalizado en prisión y que desde 2017 estaba en el radar de la Seguridad del Estado Belga. Tristemente se repite este perfil de persona radicalizada en centros penitenciarios donde jóvenes con una situación de inestabilidad ya sea social o mental, son captados por verdaderas redes especializadas en saber buscar este tipo de perfiles capaces de generar situaciones de ataques terroristas ya sea actuando en solitario en acciones con una baja preparación o integrase en células las cuales son capaces de idear acciones muy planificadas. 

Horas antes del atentado de Lieja se produjo la detención en San Sebastián por parte de la Ertzaintza de un presunto yihadista; Anthony Pondaven, huido de un centro de reclusión de Francia el pasado 16 de mayo, le constaba una orden de detención internacional por lo cual se procedió a la misma. El perfil de Pondaven, corresponde a un joven nacido en Francia que había sido condenado entre otros por delitos por robo, aunque se encontraba en prisión por delincuencia común, Ponvaden era vigilado por su radicalización islamista en la cárcel, y estaba incluido en un fichero «S», que son los ficheros con los que cuenta el gobierno francés donde se encuentran los nombres delos hombres y mujeres que cuentan con lazos con el terrorismo yihadista.

Esta detención en San Sebastián, horas antes del atentado de Lieja tiene que hacernos pensar si Euskadi es una de zonas que están eligiendo los presuntos terroristas para entrar en España, después de ver como Cataluña en una de las comunidades autónomas con más detenciones de presuntos terroristas.

Los perfiles de los radicalizados que se encentran en los archivos de los distintos países europeos están siendo motivo de debate por parte de la comunidad de inteligencia, ya que se están dando casos personas que constan en esos archivos y que posteriormente ha realizado acciones terroristas generando víctimas.

En Francia se ha abierto un debate político no policial, sobre por qué personas que están dentro de esos archivos son capaces de perpetrar acciones terroristas, a estas personas se les debe indicar que archivos como estos son una herramienta policial la cual no es infalible, más si ponemos sobre la mesa los datos de estos ficheros que en suelo francés incluyen un total de 19.745 nombres prestando vital importancia a 11.000 personas que necesitan un mayor seguimiento.

Recientemente un investigador francés hacía esta comparativa “Si queremos monitorizar a 12.000 personas con un total de 5 a 8 policías por persona, significaría una dotación adicional de 100.00 policías franceses” el lector tiene que cuantificar el número total de policías que harían falta si se quiere mantener unos parámetros altos de nivel de control. El caso de Bélgica es todavía más complejo debido a lo enrevesado de su sistema policial además de ser cuna de las mayores comunidades islámicas radicalizadas.

En España, las autoridades no aportan datos sobre el número de personas que podrían estar en proceso de radicalización o estar bajo el radar de nuestros servicios de inteligencia, pero si informan de la campaña “Stop Radicalización” que aporta una capacidad operativa a la lucha contra la radicalización en los distintos escenarios de peligro como son las prisiones.


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