Opinión /

Eduardo Traguany: un año, una vida

Por Gustavo Galarreta 05 mayo, 2019 - 9:30

El autor hace una semblanza de Eduardo Traguany, el que fuera presidente del concejo de Figarol, al cumplirse un año de su muerte.

Una imagen de Eduardo Traguany sobre un fondo de su localidad, Figarol.
Una imagen de Eduardo Traguany sobre un fondo de su localidad, Figarol.

Hace justo un año nos dejaba Eduardo Traguany Ortiz. Nos dejaba una persona que pese a su juventud durante  años ostentó el cargo presidente del Concejo de Figarol. Nos dejaba una persona que fue un pilar importantísimo para su pueblo y no solo por sus cargos  políticos, sino por todo lo que representaba en el tejido social y cultural de Figarol.

Ha pasado un año, pero para quien escribe parece una vida, una vida que ha pasado con el constante recuerdo de quien no dudó ni un momento en aportar todo lo que tenía para que su pueblo tuviera siempre lo mejor.

Es ahora, con la distancia que nos da un año, cuando se aprecia la verdadera dimensión de su pérdida, una perdida que ha calado hasta lo más profundo. Para quien conoció y compartió momentos con Eduardo, le quedará en el recuerdo para siempre haber conocido a una persona con un corazón cristalino que le permita comunicar como pocos, siempre desde lo más profundo.

Cuando pensamos en la muerte de un ser querido y nos preguntamos ¿Qué significa su muerte? Pensamos en cómo no se repetirán los momentos vividos o los que quedaron por vivir, pero en el caso de Eduardo nos quedan los recuerdos.

Me niego a olvidar cada uno de esos momentos, me niego a olvidar quien fue y que hizo. El día de mañana cuando Figarol cumpla 100 años, los libros de historia hablaran de como un pueblo se hizo así mismo y un capítulo de esa historia, hablará de las personas que trabajaron con denuedo por su pueblo, pues bien; un capítulo importante de esa historia llevará el nombre de Eduardo Traguany Ortiz, no solo como presidente del Concejo si no como persona que no dudó en dar lo mejor que tenía para intentar tener un pueblo mejor.

El tiempo pasa implacable y como la maleza cierra un sendero que no se transita, el recuerdo de las personas se pierde. El recuerdo de quien fue Eduardo no se difuminará tan fácilmente, no solo por la proximidad de su muerte, lo que perpetuará su recuerdo serán  las historias vividas por tanta y tanta gente que estuvo a su lado, personas que lo recordarán como una persona íntegra que fue capaz de dejar una huella imborrable en todos aquellos que lo conocieron.


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