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Cuando la policía es agredida

Por Gustavo Galarreta 12 Octubre, 2018 - 9:30

Toda la sociedad española ha sido testigo de los días convulsos y gravísimos incidentes que se han vivido en Cataluña. El autor analiza la relación entre política y el modelo policial.

Incidentes ante la Jefatura de la Policia Nacional en la Via Laietana de Barcelona durante el aniversario de la consulta independentista del 1 de octubre. MIGUEL OSÉS
Incidentes ante la Jefatura de la Policia Nacional en la Via Laietana de Barcelona durante el aniversario de la consulta independentista del 1 de octubre. MIGUEL OSÉS

La llamada por parte de los grupos radicales independentistas a la movilización para conmemorar el fallido referéndum del 1 de octubre del año pasado derivó en una escalada de violencia.

Como todos vimos, los episodios de violencia tuvieron una reacción más que discutible, no por los agentes de los Mossos d'Esquadra, sino por las órdenes que desde las más altas instancias del departamento de Interior del Gobierno de Cataluña recibieron, como así lo afirman varios de sus sindicatos policiales. 

La dantesca imagen del día 30 donde los Mossos d´ Esquadra fueron atacados con pintura, polvos de yeso, además de objetos contundentes como se vio en todos los medios de comunicación, dio una imagen de impunidad que será difícil de olvidar.

Pero el problema de esta imagen está en el trasfondo de la misma, ¿por qué un grupo de agentes de policía antidisturbios tiene que aguantar durante horas el ataque de un grupo violento? Dicho grupo, sin autorización alguna, había tomado una serie de calles coartando la libertad de movimiento a toda la ciudadanía; no hay que olvidar que los violentos intentaban boicotear una manifestación autorizada de una asociación de policías por el centro de Barcelona. 

El problema de fondo radica en el modelo policial que algunos quieren instaurar en nuestra sociedad, una policía que por ordenes políticas tiene que aguantar durante horas el ataque de violentos sin reaccionar da una imagen de pasividad ante según qué tipos de ataques y según de quien vengan.

Los agentes de policía no son muñecos que tengan que aguantar ningún ataque de ninguna clase y ante una agresión hacia un agente de policía, éste debe reaccionar de alguna manera, porque si no lo hace, los paganos son los agentes que se encuentran sobre el terreno y la propia imagen policial. Se está dando una peligrosa imagen de que ante una acción violenta no hay una reacción para intentar recuperar el orden público.

Pero ahí no acaba la cosa. Los días posteriores, los violentos consiguieron asaltar la estación de tren de Girona con una exigua pareja de Mossos intentando parar a la masa. Varias autopistas fueron cortadas con neumáticos bajo la mirada y la pasividad de los Mossos d´ Esquadra. No tenemos que olvidar que las infraestructuras criticas como las vías de comunicación son vitales en el devenir diario de la población y ver cómo éstas eran cortadas por los violentos hizo sentirse a los que quebrantan la Ley henchidos de orgullo mientras la población observó cómo la sociedad se plegaba a la voluntad de unos pocos.

Esto nos tiene que hacer pensar qué tipo de sociedad queremos: una donde se respete la Ley o una donde unos pocos por las circunstancias que sean se saltan la Ley sin respuesta alguna de las autoridades.

El caso mas lacerante se vivió en la Delegación del Gobierno en Girona, donde los violentos asaltaron el edificio y arriaron la bandera de España, tirándola posteriormente para que algunos la pisotearan. Es la viva imagen de lo que se está viviendo actualmente en Cataluña; el Gobierno catalán es quien debe preservar el orden público, lo cual resulta obvio que no está haciendo ya que hasta el propio presidente anima a los violentos.

Está claro que a alguien le interesa que se genere en Cataluña una situación donde la tensión se palpe en las calles, pero ¿a costa de qué y de quién?

Cuando unos violentos intentan asaltar el Parlamento catalán y ven cómo los que tienen que custodiarlo se repliegan y se encierran en él por falta de efectivos, se transmite una imagen de falta de previsión así como de un plan de acción que sea capaz de controlar a esos violentos. No debemos olvidar que resultaron heridos 26 Mossos d´ Esquadra.

Con esta falta de previsión quienes quedan en evidencia son las propias instituciones. Cabe recordar que para reforzar las medidas de seguridad que se vieron desbordadas en el Parlamento catalán se llamó a todas las patrullas de seguridad ciudadana de  Barcelona, creando un vacío en materia de seguridad ciudadana en toda Barcelona. 

Cuando edificios emblemáticos como son el Parlamento catalán o la Delegación del Gobierno en Girona se ven atacados por la acción de los violentos no debemos olvidar que se ataca a lugares donde se guardan los valores de nuestra democracia. Es nuestro estado de derecho quien se ve atacado.

Contar con una policía autonómica no da la libertad de utilizarla como si guardase exclusivamente los intereses del Gobierno de turno; la Constitución recoge el derecho de que algunas comunidades tengamos policías autonómicas pero en ningún apartado indica que estas obedezcan exclusivamente a los intereses partidarios y partidistas de quien ostente el poder en ese momento.

El Gobierno de Cataluña está practicando de un tiempo a esta parte un juego muy peligroso: anteponer sus intereses al de analizar la realidad que se está dando en las calles de Cataluña. La materia de seguridad y las distintas amenazas que la comunidad soporta no pueden ser afrontadas como en estos momentos se está haciendo.


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