Opinión / Presidente de la Asociación para el Desarrollo de la Empresa Familiar Navarra (ADEFAN).

Gestionar con visión a largo futuro

Por Francisco Esparza 21 noviembre, 2017 - 10:18

Todo empresario conoce el peso de la responsabilidad de tener que pagar las nóminas de sus empleados cada fin de mes.

Una grupo de personas trabajan de manera conjunta en un proyecto.
Una grupo de personas trabajan de manera conjunta en un proyecto.

Unos compromisos  que nunca van solos, seguridad social, IVA, IRPF, servicio de prevención de riesgos, proveedores, luz, IAE, seguros…… El día a día  aprieta, y mucho más, en tiempos de escasez.

Sin embargo, la diferencia entre el verdadero empresario y quienes se dedican a la economía especulativa es dónde pone cada cual su mirada y sus sueños. Como presidente de la Asociación para el Desarrollo de la Empresa Familiar (ADEFAN), sé muy bien que quienes integran la asociación son personas, familias que se dejan la piel en sus negocios no solo  por y para ellos, sino para legar un negocio en marcha y con futuro a las siguientes generaciones, para asegurar un futuro a sus trabajadores, para generar más empleo duradero y sólido.

El verdadero empresario –por cierto, la gran mayoría de los que conozco- está obligado a pensar en el largo plazo. Por este motivo, observo con preocupación cuando los gestores públicos actúan con una visión cortoplacista, especialmente, cuando esa visión se aplica en materia fiscal.

Los impuestos son una obligación de todos y quienes más tienen,  pagan más. El problema surge cuando se estigmatiza la ganancia y poco menos que se hostiga el beneficio empresarial. Las empresas deben ganar dinero para  seguir, reinvertir, crecer, investigar, generar empleo y, también, para premiar a quien arriesga, se esfuerza y se desvela con su negocio: el empresario.

Ser empresario lleva implícito el riesgo y si ese riesgo no se ve recompensado, ¿quién generará riqueza para repartirla y distribuirla a través del empleo?

Como representante de una clase de empresarios que ponen su vida y su familia en un proyecto, que se ilusionan con lo que hacen, que generan empleo sólido y duradero, que aportan al bien de la sociedad,  nos merecemos un espacio de reconocimiento en la sociedad. Una sociedad desarrollada prestigia a sus empresarios porque es consciente de que son el motor de unos mayores presupuestos públicos que permiten mejores servicios públicos, que dan una cohesión social fuerte, y unas buenas infraestructuras .

Por eso, los cambios en la fiscalidad de los últimos tiempos, que afectan tanto a las empresas como a sus propietarios, son una acción cortoplacista que pueden dar buenos resultados hoy, pero muy malos mañana. No quiero dar lecciones sobre cómo gestionar, pero hay reglas básicas que no se puedan obviar.

Por ejemplo,  cuando se busca una excesiva recaudación en la empresa a través del impuesto de sociedades, ese dinero debilita la economía productiva; o si se castiga la continuidad transgeneracional, se ataca la perennidad de la empresa.

Quienes formamos parte de ADEFAN somos empresarios que nos jugamos nuestro patrimonio, y el de nuestras familias, y ese riesgo hace sociedad.

Ser empresario tiene algo de JUGADOR, hay riesgo, nada es seguro, hay tiempos de bonanza y tiempos de escasez, y los unos deben de compensar y permitir subsistir en los malos.

Los impuestos no son solo un mecanismo de recaudación de la Administración, sino que son, dada la disparidad y la capacidad de legislar autónoma en determinados impuestos, un espejo de la competitividad de las comunidades, regiones e, incluso, de los entes locales.-

Implantarse y seguir en una región es consecuencia de sus infraestructuras, de la formación y disposición de su gente y, cómo no, del entorno de apoyos a la inversión, de impuestos a la actividad y de impuestos a la propiedad de las actividades. Y esto que miran las empresas, quienes lo marcan también debieran mirarlo desde el otro lado, es decir, para que se mantengan y vengan nuevas empresas.

Sin embargo, con frecuencia, no sentimos que los poderes públicos lo vean así y eso debilita la presencia, el crecimiento de la empresa y la llegada de nuevas inversiones.

Con estas líneas, precisamente en vísperas de la Asamblea General Extraordinaria de ADEFAN que este año dedicamos a la Empresa Familiar y Sociedad, quiero hacer un llamamiento a las instituciones para que vean en nosotros una oportunidad. Una oportunidad de generar PIB, empleo y cohesión social. Al final, son las empresas sólidas las que generan impuestos de manera sostenida y creo que ése debe ser el horizonte de todos. También, el de los poderes públicos.


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