Opinión / Editor del Grupo Diariocritico.

Tamayazo en versión Catalonia

Por Fernando Jauregui 11 enero, 2016 - 0:10

Había que ver lo contento que estaba Artur Mas, en su último mensaje como 'president', hablando el sábado en cuatro idiomas y viendo que, en el fondo, y aunque haya sido a costa de traiciones al electorado catalán, su venganza contra el Estado se consumaba.

Entre las muchas irregularidades cometidas este sábado, la designación de alguien tan sorprendente como el alcalde de Girona como nuevo 'president' de la Generalitat es, acaso, la más llamativa, que no quizá la más grave: ni primarias, ni reunión con los parlamentarios, ni toma en consideración del hecho de que se estaba elevando a la cúpula, mediante el 'dedazo', a quien figuraba en puesto secundario en la candidatura electoral.

Fue un fraude a los votantes catalanes, que seguro que no es este 'procés' el que han votado y, encima, un fraude a la ética política y parlamentaria, 'fichando' a dos tránsfugas de la CUP para que se integren en el grupo de Junts pel Sí y obtener de esta manera la mayoría para investir al independentista Carles Puigdemont.

En resumen, un 'tamayazo', como el que se produjo en la Asamblea de Madrid en mayo de 2003 cuando dos socialistas, Tamayo y Sáez dieron a la 'popular' Esperanza Aguirre la posibilidad de presidir la Comunidad. Nunca se pudo averiguar, datos en mano, qué y quién motivó la traición de los dos corruptos, que se fueron sin castigo; sí se sabe qué ha motivado esta tormenta política en Cataluña: la insostenible situación del peor president de la Generalitat de la Historia, que ya es decir. Eso sí: comprobamos una vez más que el nivel de inglés y de francés de Mas es bastante bueno. Tal vez, con ese equipaje se crea un estadista.

A los periodistas se nos acusaba este sábado de estar mal informados, porque algunos dábamos por hecho que a Artur Mas se le habían acabado las triquiñuelas y tendría que convocar elecciones autonómicas, o sea, plebiscitarias, este lunes. Me consta que tanto en Ferraz como en Moncloa, en Ciudadanos y hasta en la versión catalana de Podemos/Colau, la sorpresa este sábado fue mayúscula.

Cierto es que quien suscribe, en alguna tertulia y en algún artículo, había advertido sobre un hipotético 'tamayazo a la catalana', procurado 'in extremis' por un Mas que se resistía a marcharse y a perder algunas impunidades. Pero lo ocurrido este sábado, en el que (Mas dixit: frase tremenda) se logró 'por la negociación' lo que 'las urnas no dieron', superaba lo que hubiese podido elaborar la imaginación más calenturienta, por más que el proceso, incluyendo aquel increíble empate a 1.515 votos en una asamblea de la inigualable CUP, ya ofrecía un anecdotario tan jugoso como sospechoso e indeseable.

El Mas de la 'vendetta' al Estado, el Mas que se había sentido maltratado por Zapatero, que, a su juicio, le engañó, y por Rajoy, que, en su opinión, le ninguneó, consumaba su tarea: deja la política y la moral pública, la imagen exterior e interior de Cataluña y el concepto de lo que ha de ser un 'president' de la Generalitat, hecho unos zorros. Pero, ah, eso sí, cree que se va como el padre de la independencia catalana. Un nuevo Companys, con un fin más glorioso. Desde luego, se va dejando un caos inigualable, para los catalanes, a los que no se les ha permitido votar de nuevo, no fuese a ser que corrigiesen el tiro, y para el resto de los españoles, que comprobamos, una vez más, los errores cometidos por nuestros representantes en este 'procés' tan irregular.

Ahora, le corresponde 'a Madrid' mover ficha: ¿acelera esta 'patochada', tan grave no obstante, los planes para un acuerdo entre las fuerzas políticas nacionales? ¿Hará todo esto recapacitar a Pedro Sánchez, forzará a Rajoy a presentar ya un plan de regeneración de la vida política española, y de actuación frente a lo que está pasando en Cataluña? Lo sabremos quizá en las próximas horas; antes, sin duda, de que el miércoles se inicie una temporada parlamentaria con la apertura del Congreso, cuyos pasillos van a estar llenos de rostros nuevos e incendiados por la temperatura política que nos asfixia.

Esta España alegre y confiada no puede consumir sus energías políticas decidiendo quién ha de presidir la Cámara Baja, ni si hay que hacer o no reforma constitucional, o si el PSOE de Pedro Sánchez --a quien temo que le va quedando poco-- se decanta por una gran coalición con el PP o un pacto con Podemos. El caso es que, calculando sus tiempos mucho mejor que los gobernantes 'en Madrid', Artur Mas se ha metido un gol a sí mismo, pero también a todos nosotros.

Poniendo al Estado en solfa cuando nos hallamos con un Gobierno en funciones, con un Parlamento que ni sabe cuándo podrá votar una investidura creíble ni cuándo acabará esta Legislatura que aún no ha nacido y con un jefe del Estado muy preocupado por el juicio que comienza contra su cuñado y su hermana, que se ha negado, hasta el momento en el que escribo este comentario --todo, todo es muy fluido, y las crónicas pierden vigencia en horas--, a renunciar a sus derechos dinásticos. Y por si faltara algo, el archicorrupto ex tesorero Bárcenas haciendo declaraciones, publicadas en un libro, que tratan de ensuciar la imagen de Rajoy, que es el vértice sobre el que habría que hacer girar ahora la estabilidad del Estado. Otra 'vendetta'.

Cataluña está tocando fondo, inserta en el surrealismo político más esperpéntico. Que, por favor, no pase lo mismo al resto de España, que nuevos retos territoriales no faltan (en Galicia, las mareas quieren un referéndum secesionista, en Euskadi dan por descontado que Otegi será candidato a lehendakari en octubre*). Ni, ya lo vemos, faltan tampoco retos institucionales. Si Rajoy y Sánchez no son capaces de entender las señales de alarma y siguen mirando sus ombligos partidistas, habrán de dar 'un paso al lado', como hizo Mas, pero con mayor grandeza, y abrir un nuevo período en la Historia de España, antes de que nos lo abran desde el esperpento.


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