Opinión / Editor del Grupo Diariocritico.

Rajoy toca hoy

Por Fernando Jauregui 10 febrero, 2016 - 22:13

Para comenzar, conste que no culpo en primer lugar a Mariano Rajoy de la grave situación de parálisis política que se vive en España. 

Cierto es que el presidente en funciones ha cometido, a mi entender, algunos serios errores: desde no hacer coincidir las elecciones generales con las autonómico-plebiscitarias catalanas hasta rechazar someterse a una primera sesión de investidura. Y, por cierto, considero injustas y falsas las acusaciones que se le dirigen en el sentido de que trató de presionar al Rey para que no le hiciese tal encargo; no es esto propio de la conducta que ha seguido el jefe del Gobierno, ni se lo permitiría jamás el jefe del Estado.

Una vez dicho esto, admito que, si hay que buscar culpables para lo que nos está pasando -y sí, hay que buscarlos--, tal vez haya que situar al secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, en el primer lugar. Porque las negativas, los rechazas, los vetos y las posiciones inflexibles, el 'jamás pactaré con la derecha' (o con la izquierda), acaban pasando siempre una elevada factura en política... y en la vida, sospecho. Ojalá que Sánchez no tenga que constatarlo a su costa.

Pero hoy toca hablar de Rajoy, que es, si se quiere en ese segundo lugar en el podio de la incompetencia política, el vice-responsables de este bloqueo que puede poner en peligro incluso una parte de la recuperación económica que el propio Rajoy propició, aunque lo cierto es que aún no existan indicios, más allá de lo que nos avisan desde el Ibex, de un retraimiento en los datos de inversión y consumo. Y no menos cierto es que, tras su rechazo a presentarse a la investidura en el primer momento, Rajoy se ha difuminado, ha pasado días como bloqueado, sin presentar un plan de futuro digno de tal nombre, aguardando, de manera suicida, a ver pasar ante su puerta el cadáver de su enemigo para luego lanzarse él a la pelea por los pactos y, en definitiva, por la reelección en La Moncloa. Le ha salido mal ese plan, entre otras cosas porque el enemigo se negaba a morirse y, por tanto, a dejar que su cadáver pasase ante las puertas presidenciales; todo lo contrario, Sánchez, identificado en ámbitos monclovitas como 'el enemigo', ha adquirido un protagonismo muy lejano al fallecimiento, aunque las modalidades de tal protagonismo puedan ser discutibles y discutidas.

Ahora, este jueves, tarde como casi siempre lo hace todo, Rajoy retoma los contactos para ver quién pacta con él. Y Albert Rivera, el líder de Ciudadanos, que siempre parece dispuesto a todo -excepto, claro, a pactar con los de Podemos--, va a ser su primer interlocutor. Y el penúltimo, porque, este viernes, Rajoy se entrevistará, no se sabe si a cara de perro, con Pedro Sánchez, en un encuentro que puede incluso ser el último, si Dios y ellos mismos no lo remedian. Y ya no hay más posibles aliados para el presidente del Partido Popular (hasta el próximo congreso del partido) y del Ejecutivo (en funciones), así que ahí acaban las entrevistas de Rajoy en busca de una posibilidad -tan remota...- para ser investido.

Puede que Rivera se muestre proclive a llegar a un principio de negociación con el PP. Eso no le compromete a nada. Y tengo para mí que el cabeza de Ciudadanos no tiene entre sus planes convertirse, por ahora, en presidente del Gobierno, sino en el gozne que propicie la llegada de un presidente. O convertirse en una parte de la leal oposición, aunque a mí siempre me ha parecido deseable que los dos 'grandes' acordasen un pacto para una Legislatura abreviada en el que quien ocupase la presidencia interina fuese el tercero en discordia -o en concordia--, es decir, el propio Rivera, que es el interlocutor posible de 'populares' y socialistas cuando estos dos difícilmente pueden mantener siquiera una conversación amable entre ellos. Ya sé que eso no será así, y que el uno insistirá en que es la fuerza más votada, por lo que la presidencia le corresponde a él, y el otro argumentará que debe ser él el presidente, porque es capaz de pactar con otras fuerzas (al precio que sea, por cierto) y el otro no.

Y, así, todo seguirá igual. Con la salvedad de que ya nada, desde hace dos años y menos aún desde el pasado 20 de diciembre, es igual que antes, y cualquier pretensión de que todo siga siendo lo mismo es inútil y, por tanto, lleva a la melancolía, que desemboca tantas veces en locura. Por eso, alguien le tiene que decir a Rajoy -a quien la Historia, en mi opinión, ha de reservarle un lugar en las páginas buenas- que es, horneado con la harina de algo más de siete millones de votos, pan para hoy. Pero puede ser hambre para mañana. Que, por cierto, será cuando toque escribir sobre Pedro Sánchez, que también tiene su papel en esta tragicomedia de enredo.


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