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Opinión / Editor del Grupo Diariocritico.

Rajoy, como Hamlet, se cuestiona casi todo

Por Fernando Jauregui 16 octubre, 2015 - 2:18

Puede que no sea excesivamente afortunado comparar ahora a Mariano Rajoy con un Hamlet ante momentos decisivos, pero es una comparación que últimamente se me pasa mucho por la cabeza: ser o no ser...

presidente del Gobierno de España. En el drama político nacional hay traiciones, venganzas, corrupciones, dudas sobre el destino, fantasmas y hasta intentos de asesinatos --meramente políticos, claro--, como en la obra de Shakespeare. El Partido Popular, que tiene su castillo de Elsinor en la calle Génova, es un hervidero en sus tres 'ruedas', Gobierno, partido y grupo parlamentario, según han podido comprobar numerosos observadores políticos. El desánimo se hace patente en las tres instancias, hasta el punto de que se constata una pérdida tal de popularidad de Mariano Rajoy que no faltan incluso altos cargos en el partido, algún ministro y destacados parlamentarios, que piensen que el presidente del Gobierno podría estar tentado de 'tirar la toalla', renunciando incluso a presentarse a las elecciones que él mismo convocará la semana que viene "si persiste el clima de deterioro interno y el desgaste personal en las encuestas". Así, los rumores sobre plazos se han puesto ya en marcha, teniendo en cuenta que las listas electorales han de cerrarse a mediados de noviembre.

   Son muchas las miradas que, por parte de miembros del PP y también por parte de los observadores, se dirigen hacia la presidencia de la Xunta de Galicia, donde Alberto Núñez Feijóo, citado ya con cierta naturalidad como el sustituto más posible de Rajoy 'en su día',  sigue asegurando que su compromiso permanece atado a los ciudadanos gallegos y que no aspira a intentar salto alguna a La Moncloa. En este sentido, ha desmentido tajantemente que su propósito sea figurar en alguna candidatura electoral a las generales, en un lugar discreto, desde el que podría dar el salto a un escaño en el Congreso -corriendo la lista--, 'por si acaso': "hay quien tiene mucha imaginación", dijo Feijóo cuando un periodista, Federico Quevedo, considerado buen conocedor de los entresijos del PP, le planteó esta hipótesis, de amplia circulación en ámbitos 'populares'.

   Pero los rumores, animados por deserciones como las de Arantza Quiroga y Cayetana Álvarez de Toledo, o por declaraciones devastadoras, como las del ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, se ha recrudecido estos días. El propio Quevedo lanzaba el miércoles, desde 'el confidencial de la Linterna' en la cadena COPE, la información, recogida, dijo, de tres fuentes destacadas del PP, en el sentido de que Rajoy, si las cosas se ponen peor y algo harto ya de puyazos en su propio partido, podría estar tentado de ceder el testigo antes del cierre de las listas y después de haber disuelto las cámaras para convocar las elecciones del 20 de diciembre. Es decir, que podrían darse decisiones trascendentes entre la semana próxima y mediados del mes que viene, en el caso de que las hipótesis más 'arriesgadas' se cumpliesen. Un mes, en el que ahora entramos, verdaderamente decisivo.

   En ambientes cercanos a La Moncloa reconocen que el presidente está cansado de 'ataques miserables' (y lo son en verdad), como los que dicen que al padre del presidente se le cuida médicamente con el presupuesto estatal, o, lo que es mucho más importante para Rajoy, que se le quiera seguir vinculando de alguna manera con los casos Gürtel o Bárcenas, como hace en estas horas algún medio de reciente aparición. Y luego está Cataluña: Rajoy sabe que no tiene interlocución con la actual Generalitat, y puede que tenga menos aún con un eventual sustituto de Mas en la presidencia de la misma. Desde todos los ángulos en la política catalana se le culpa de no haber sabido reaccionar a tiempo ante el desafío independentista y desde numerosos sectores políticos madrileños, incluyendo ámbitos del PP, se le achaca, en general, un inmovilismo político refractario a los cambios y a dar pasos decisivos, refugiándose en su 'previsibilidad'.

   "El régimen se le desmorona a Rajoy entre las manos", comentaba este jueves en su columna un articulista considerado próximo a las tesis conservadoras. Y uno de los periódicos que tradicionalmente se ha alineado con las políticas de Rajoy titulaba este jueves "La militancia exige a Rajoy que recomponga el PP antes del 20-D", ante la "imagen de desgobierno" que se está produciendo con los últimos acontecimientos. Incluyendo, dicen otros, el 'bajísimo perfil' que está mostrando la secretaría general del partido, una suerte de Ofelia hamletiana en versión castellano-manchega .

   Puede, admiten mis interlocutores, que se trate apenas de un mal momento, con un ascenso meteórico en las encuestas de Albert Rivera, a quien muchos ciudadanos y ciertos 'poderes fácticos' parecen considerar como posible líder de un centroderecha amplio, "por ahora;  veremos en qué queda todo a la hora de la verdad". De Rajoy se conoce su capacidad de aguante -tiene algunas entrevistas televisivas pendientes, y dicen que se prepara ya para los debates preelectorales- y de recuperarse de no pocas conspiraciones 'internas' (y externas, claro), como la que sufrió en el congreso de Valencia en 2008. Está acumulando apoyos internacionales, especialmente en Europa, y mucho lo fía al inminente congreso del Partido Popular Europeo, que la semana próxima comienza en Madrid, con asistencia de los dirigentes euroconservadores más notables, lo que dará paso a muchas 'photo opportunities'. Además, los elogios a su gestión económica están proliferando; quién sabe si animados a interés de parte, pero el caso es que se están dando.

   Sin embargo, todo ello no parece bastar para contrarrestar la pésima puntuación que, sondeo tras sondeo, recibe Rajoy en la valoración de los electores, incluyendo los que votaron al PP. Así, y aunque lo más probable siga siendo, naturalmente, que el presidente concurra, como está previsto, como cabeza de lista a su posible reelección -los indicadores dicen que el PP ganaría las elecciones, pero necesitando apoyos clave para poder gobernar--, nada se puede descartar en estos momentos políticamente vertiginosos. Ni siquiera lo que ahora comentamos y que hace apenas un mes parecía del todo imposible: que Rajoy acabase cediendo el paso a alguien que represente algunas cosas que él no ha podido o no ha querido representar de manera suficiente. Básicamente, el cambio. Y el pacto.


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Rajoy, como Hamlet, se cuestiona casi todo