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Por qué Rajoy ha llegado a ser el político más longevo

Por Fernando Jauregui 04 julio, 2016 - 7:55

Pues sí; resulta que Mariano Rajoy Brey es el político que más tiempo lleva en el coche oficial desde que se instauró la democracia y desde que fue diputado en las primeras elecciones autonómicas gallegas, allá por 1981.

Pues sí; resulta que Mariano Rajoy Brey es el político que más tiempo lleva en el coche oficial desde que se instauró la democracia y desde que fue diputado en las primeras elecciones autonómicas gallegas, allá por 1981. Ha logrado lo que su paisano Fraga nunca logró: ser presidente del Gobierno. Ha pasado por más ministerios que nadie. Y ahora, a sus 61 años, como el más veterano en el elenco político español, habiendo derrotado incuestionablemente a sus rivales el pasado domingo, se prepara para afrontar su segunda Legislatura en el poder máximo. A ver si lo consigue; esta misma semana o, a lo máximo, la próxima, puede que lo averigüemos.

No faltan quienes, a la espera de conocer qué va a ofrecer Rajoy a sus próximos interlocutores en la búsqueda de un pacto que le dé mayoría para ser investido, se preguntan cómo diablos ha logrado alguien tan poco carismático como Mariano Rajoy llegar a presidir el Gobierno y, de manera indiscutible, el Partido Popular, tras haber sido vicepresidente, ministro de la Presidencia, del interior, de Educación y Cultura, de Administraciones Públicas, diputado nacional desde 1989 -es quien más tiempo lleva ininterrumpidamente en el escaño, salvo error en el recuento por mi parte-, tras haberlo sido casi todo, menos presidente de la Xunta, en su Galicia natal... Mira que le han tendido trampas los suyos, que se han conjurado contra él todos los ajenos; el caso es que, sin alterarse, ahí sigue, recordándonos, sin decirlo, que, al fin y al cabo, el próximo presidente de los Estados Unidos, sea quien sea, será diez años mayor que él.

Personalmente, no creo, desde luego, que haya escalado las difíciles cumbres monclovitas gracias a ayudas externas como la que se nos revela ahora de una potente agencia norteamericana 'fabricante' de líderes políticos, a la que el PP, al que le encanta gastar el dinero en esas fruslerías, ha pagado, parece, casi trescientos mil dólares para afrontar y ganar esta pasada y lamentable campaña electoral. A mí me parece, más bien, que Rajoy es uno de esos hombres tocados por el dedo de los dioses que, sin moverse aparentemente del sitio -no ha dejado gran memoria de sí en los diferentes ministerios que ha desempeñado, desde luego-, consiguen que todos los demás, que dan vueltas a su alrededor, equivoquen sus trayectorias, precisamente por tratar de hacer demasiadas cosas, o que se les perciba como excesivamente activos y, claro, se agotan a mitad de la carrera. Y, así, se ha convertido en un desesperante maestro de los 'tempos' políticos, uno de esos cazadores que, sin mostrar su destreza con la escopeta y, desde luego, sin dispararla jamás, aguardan a que la pieza, exhausta, llegue a la puerta de su cabaña. Los problemas se pudren en el campo exterior y los ciervos -¿la UE?¿Artur Mas? ¿Puigdemont? ¿Rubalcaba, Sánchez, Rivera, Iglesias, quizá hasta Urkullu?- vienen a abrevar de su mano, aparentemente indolente.

Confieso que Rajoy me exaspera en su reticencia al Cambio, al gran Cambio que entiendo que España necesita, pero también entiendo que, ante la barahúnda montada por los otros, quien se mantiene al frente de un partido aparentemente leal y unido, ensalzando las posiciones conservadoras -de conservar lo que se ha logrado_ y arriesgando lo menos frente a quienes proponen, sin demasiadas concreciones, arriesgar lo más, gane las elecciones. Las habrá ganado por la mínima o no tan por la mínima, pero ahí tienen ustedes a Rajoy disfrutando, desde la atalaya de La Moncloa, del panorama de un comité federal del PSOE incierto el próximo sábado (¿de veras sirve de algo, así como está, el máximo órgano del PSOE entre congresos?), de unos dirigentes de Ciudadanos contradiciéndose ante la respuesta a dar a las ofertas que aún no han llegado de parte de Rajoy, a un Podemos que ni sabe todavía de dónde le han venido ese millón y medio de golpes, esas muecas de desagrado del destino, que son otros tantos votos perdidos.

Y ahí está, el hombre corriente que no se altera por nada y por muy pocas cosas destaca, ante la oportunidad única en la Historia de reconciliar a las dos Españas, de llevar a cabo de manera bastante mayoritaria la regeneración legal y administrativa que precisamos -pero ¿lo creerá él preciso? Parece que no mucho-, de acabar con las peleas cainitas y hasta de reconciliar territorialmente a este país nuestro que algunos se empeñan en no llamar España. Incluso puede preparar con calma su propia sucesión, que es algo que les es dado a muy pocos privilegiados por la diosa Fortuna.

Yo creo que no es Rajoy el hombre capaz de llevar a cabo tan hercúleas tareas, pero lo malo es que parece que no hay otro mejor a la vista. Y aquí andamos los ciudadanos, aguardando las ofertas que él haga llegar a sus interlocutores de otros partidos, incluyendo a los nacionalistas 'y separatistas' catalanes. Puede ofrecer mucho, porque tiene mucho que ofrecer y los demás mucho que ganar con sus ofertas; es el momento en el que alguien que no ha brillado precisamente por su generosidad la ejerza al máximo. Si fracasa en el intento, todos, incluyendo al hombre que más tiempo ha estado en política de primera fila desde que se restauró la democracia, lo habremos perdido todo. Menuda papeleta.


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