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Rajoy, aprobado en Europa, ¿suspenso en España?

Por Fernando Jauregui 08 octubre, 2015 - 1:39

Tengo para mí que el ministro Luis de Guindos, que anda por los espacios económicos europeos como si fuesen esas canchas de tenis que él tanto domina, ha cosechado una victoria importante de cara a Europa, después de que el comisario para Asuntos Económicos, Moscovici, se atreviese a proclamar que España no cumplirá el objetivo fijado de déficit ni este año ni el próximo.

El Gobierno español se ha tomado casi como una 'maniobra electoral' el mal pronóstico -ciertamente gratuito- del ex ministro socialista francés, y ha visto con enorme satisfacción cómo Moscovici era desmentido desde la propia Comisión, hecho casi sin precedentes.

   De algo tendría que servir esa relación cuidadosamente trabada entre Guindos y el superministro financiero alemán, Wolfgang Schäuble, que corre paralela al acercamiento tantas veces propiciado entre la canciller Merkel y Mariano Rajoy. Hay muchas críticas que hacerle a Rajoy -y a su entorno- en lo referente a la política interna, y nunca me he recatado a la hora de hacerlo. Pero un cronista no puede esconder que el papel, discreto y de pocas alharacas, como cuadra al personaje, jugado por el presidente del Gobierno español en el seno de la UE está resultando eficaz: no solo está recibiendo parabienes de (casi) todas las instancias comunitarias por su política económica, sino que ha conseguido que numerosos representantes de gobiernos europeos condenen, si se quiere con diplomáticas palabras y hasta con equívocos en la traducción de comunicados, pero condenen, los afanes separatistas de Artur Mas y sus muchachos: no habrá sitio en el club de la UE para una Cataluña separada.

    España no es, ciertamente, un gigante en política exterior: no le corresponde. Pero pienso que nuestro país ha sabido irse ganando el respeto de sus colegas comunitarios, el aprecio de los Estados Unidos de Obama y hace escuchar su voz -para lo que sirva, que es bien poco- en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Lejos los traumas de la 'era Zapatero'. Para colmo, cuenta España ahora con el más alto representante institucional, un Rey que -véase su presencia este miércoles en el Parlamento europeo- no puede convenir más a esa 'marca España' que, por otro lado, entiendo que podría estar más eficazmente gestionada, aunque la idea de su creación haya sido buena.

   Ignoro, desde luego, si España logrará o no cumplir su objetivo de déficit. Pero, sin compartir los gritos sectarios que aseguran que la 'columpiada' de Moscovici es una 'maniobra socialista' de cara a las elecciones legislativas de diciembre, pienso que el eurocomisario económico (y algunos otros) se han precipitado.

   Como algunos se precipitaron a la hora de atacar el adelanto, en algo menos de dos meses, de la presentación de los Presupuestos españoles para 2016: pienso que, aunque sin duda habrá que corregir su aplicación sobre la marcha, es mejor ir a las elecciones con los Presupuestos aprobados que sin hacerlo. Otra cosa es que Rajoy se equivocase, como yo pienso que se equivocó, no adelantando estas elecciones generales para, por ejemplo, hacerlas coincidir con las catalanas del pasado 27 de septiembre. Y es que tengo la impresión de que Rajoy acierta generalmente en su manejo de tiempos y formas cuando se trata de abordar temas del exterior, pero yerra bastante en la gestión de eso que se llama política pura y dura: es otro político de esos que son aplaudidos en el extranjero y casi ignorados, cuando no abucheados, en casa.

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