Opinión / Editor del Grupo Diariocritico.

Pedro Sánchez, a toda velocidad hacia... ¿hacia dónde?

Por Fernando Jauregui 21 mayo, 2016 - 9:21

Por muy decepcionado que uno se sienta con Pedro Sánchez, no queda otro remedio que reconocerle el valor torero: no hace ni dos años se encaramó al liderazgo del PSOE en pugna limpia con otros dos candidatos al liderazgo.

Y menudos dos años han sido estos: 'maniobras orquestales en la oscuridad' de barones, baronesas y otras variadas especies; todo tipo de trampas y zancadillas por parte del 'emergente' Podemos, que menudo es Pablo Iglesias, hasta llegar a la última trampa de la coalición preelectoral para el Senado... Y luego, claro está, los errores propios del candidato y secretario general socialista, que tampoco han sido moco de pavo.

Ahora, en las próximas horas, se presenta oficialmente como candidato, de la mano de su futura rival Susana Díaz, con un primer acto en el levantisco socialismo madrileño, ante el que acaba de cuajar una jugada maestra: el fichaje de la magistrada Margarita Robles como 'número dos', inmediatamente detrás de él, en la candidatura madrileña para el 26-J. Un peligroso acierto, sí señor.

Un acierto tan notable como desgraciado fue el fichaje de la afortunadamente ya lejana Irene Lozano. Margarita Robles, a quien el que suscribe conoce de antaño y de quien -hay que decir estas cosas, aunque sea por mera honestidad informativa- se enorgullece de ser amigo, va a ser un fichaje difícil para Pedro Sánchez, que ha demostrado coraje y talento fichándola. La honradez intelectual y moral de esta magistrada llega, lo dicen sus jefes de antaño --¿verdad, Belloch?- a ser exasperante, porque raya en la inflexibilidad.

Y no se puede con ella andar con paños calientes: destapó el 'caso Lasa y Zabala', tan incómodo para su jefe el ministro de Interior-Justicia como para el presidente González, no hay componendas con ella en los fondos reservados, en la lucha contra los GAL, en las transacciones de las puñetas judiciales... Solo vive para trabajar en la línea, altamente progresista, pero no demasiado partidista, que se ha marcado.

Se las tendrá tiesas a Sánchez, pero siempre le será leal: Margarita Robles no es Baltasar Garzón en cuanto a los deseos 'estelares' de quien ha dado demasiados volatines y ha acabado como ha acabado. Así que pienso que yerran quienes comparan aquellos fichajes de Garzón y Ventura Pérez-Mariño con el de la juez del Supremo, una carrera impecable en el mundillo extraño de las togas.

Creo que Sánchez ha dado un buen golpe con las listas. Se ha desembarazado de Lozano, ha anulado a la 'comandante Cantera', ha aparcado a los críticos del PS madrileño, ha pacificado la olla a presión catalana -no hay comparación entre Batet y la volátil Chacón, que se ha ido para bien de todos- y ha recuperado, para su consejo asesor, a gentes también difíciles de carácter, pero impecables, como Josep Borrell. Por fin, Sánchez se ha apuntado algún acierto en la marea de tropezones de los últimos meses.

Siempre he dicho que, para mí, la principal equivocación de Sánchez fue acercarse demasiado, para auparse a La Moncloa, a un Podemos que continuamente le tiende trampas, porque Iglesias quiere ser Sánchez, ya que no puede ser Pablo Iglesias 'el otro'. Ahí está, por ejemplo, lo de tentar a los presidentes autonómicos socialistas, varios de los cuales lo son gracias a Podemos, para que desobedezcan a la dirección del PSOE y se avengan a formar esa lista conjunta 'de izquierda' para la Cámara Alta. No, hombre, no; menos mal que el líder socialista ya se ha caído del guindo en el que ha permanecido en los últimos seis meses.

La segunda equivocación, siempre, claro está, a mi juicio, fue el 'no, nunca, jamás' a un pacto de gran coalición con el PP y Ciudadanos. Sánchez hubiera prestado un servicio enorme al país, ahorrándole estos cuatro meses y medio de Gobierno 'en funciones' que ha servido para consolidar a Rajoy y su política de relativo inmovilismo.

Al tiempo, hubiera acelerado la posibilidad de reformas de calado, entre ellas algunas muy necesarias en la Constitución y en la normativa electoral. Y, claro, hubiese podido presionar para un quizá no inmediato, pero sí cercano, relevo de Rajoy al frente del cartel, para ser sustituido por alguna figura más 'pactable', como Cristina Cifuentes, Pablo Casado, Alberto Núñez Feijóo, Alfonso Alonso, García Margallo... Anda que no hay banquillo en el PP.

Pero nada de eso hizo Sánchez, que lo más que logró fue, pactando con Ciudadanos -ese pacto me parece que ya no existe para nada: más bien profetizo que Iglesias se irá al otro lado--, ser estrepitosamente derrotado en la (no) investidura. Cierto que el comité federal del PSOE hubiese puesto muy difícil un acuerdo con el PP, y probablemente vuelva a ocurrir algo semejante -pero no lo mismo- tras el 26-J. Si los resultados electorales se repiten tal cual, adiós Sánchez, adiós.

Ya nadie se molesta en disimular que hay 'barones' que se la tienen jurada: Sánchez no sabe que el éxito interno, si está acompañado del fracaso externo, se paga caro, porque en política hay enemigos, enemigos irreconciliables y correligionarios, como decía, creo, Schröder. Y el congreso del PSOE -como el del PP- sigue pendiente, tras varios meses de incumplimiento de los estatutos del partido.

Lo reconozco: de todo este fascinante -y bastante lamentable, desde luego- panorama político por el que todos te interrogan cuando sales a un país extranjero, el 'caso Sánchez' es el que mayor curiosidad me suscita. ¿Qué será de él? Un día dije, y escribí, que podría ser que llegase a La Moncloa.

Ahora lo veo difícil, aunque empieza a rodearse, menos mal, de figuras de cierto peso: tiene que variar su política de alianzas, y, con él, la de todo su comité federal, donde me consta que hay gente que piensa, aunque no lo diga en voz demasiado alta, que no hay salida sin alguna suerte de gran coalición, en la que el secretario general socialista, si logra sobrevivir a un hipotético 'sorpasso' de Podemos-IU, podría ser 'casi' -casi- presidente del Gobierno. O como si lo fuese. Pero así, no. Ni siquiera con 'Marga' Robles, Borrell y otros ilustres afortunadamente repescados, lejanas ya las ocurrencias y extraños compromisos de 'compañeros/as de cama' de meses pasados.


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