Opinión / Editor del Grupo Diariocritico.

¿Por qué no hace otra pregunta, señor Sánchez?

Por Fernando Jauregui 29 febrero, 2016 - 1:12

Entre los muchos análisis que se han hecho sobre la votación de los militantes socialistas acerca del pacto PSOE-Ciudadanos, acaso el menos difundido sea el más significativo: los socialistas habrán votado en mayor o menor porcentaje, con más o menos entusiasmo, pero lo que sí han votado muy mayoritariamente, al hacerlo a favor del pacto con Albert Rivera, es en contra de una alianza con Podemos. 

Así que cuando, tras el próximo fin de semana, la investidura de Pedro Sánchez se haya convertido en un muy previsible fiasco --es algo que está cantado--, el secretario general del PSOE tendrá que replantearse la política de negociaciones llevada a cabo hasta ahora. Y tendrá que permitir que sea el líder de Ciudadanos el que, tendiendo la mano a una y otra orilla --es decir, al PSOE y al PP--, teja una alfombra de convivencia, una alfombra que, de una manera u otra, se asemeje a esa gran coalición que es la única salida para evitar unas nuevas, carísimas y presumiblemente también efímeras, elecciones en junio.

Claro que es verdad que la militancia socialista tampoco ha votado a favor de esa gran coalición; nadie les ha preguntado sobre ella. Y, de cualquier forma, si ese pacto con el PP llega a darse, habrá de ser con un nuevo Partido Popular, desembarazado ya de los casos de corrupción, quizá con otro rostro y otra sonrisa al frente. Ya he dicho muchas veces que el PP tiene banquillo de sobra para encabezar un partido que sigue siendo fundamental para afrontar las reformas de calado y para vertebrar a España; no me cabe duda de que, si ahora se diesen unas nuevas elecciones, el PP volvería a ganarlas, quizá con menos escaños aún que ahora, pero volvería a ganarlas incluso con Mariano Rajoy como número uno de la candidatura. ¿Y entonces?

Temo que el Rajoy que vamos a ver en el debate de investidura será algo cercano a más de lo mismo: yo no me voy porque he ganado las elecciones y he logrado unos buenos resultados económicos para España. Y tendrá razón en eso: a Rajoy, si se marcha ahora, la Historia le acogerá muy elogiosamente. Pero eso será si se va ahora. Porque, si se queda, sus errores comenzarán a quedar más de manifiesto. Y las características de Rajoy --qué gran primer ministro sería... en Luxemburgo-- no son las más idóneas, ya se ha visto, para afrontar una nueva era, en la que, por ejemplo, Arnaldo Otegi, que sale el martes de prisión convertido, por nuestros errores, en un 'Nelson Mandela a la vasca', acabará siendo candidato a Lehendakari, pese a las trabas legales que quieren imponerle. Ni para encarar lo que está ocurriendo, y más aún lo que va a ocurrir, en Cataluña. Ni para gestionar un período necesariamente negociador a varias bandas, en el que muchas cosas son nuevas, inéditas, inesperadas.

Pero, sobre todo, Mariano Rajoy no es el hombre necesario para impulsar las reformas, comenzando por las constitucionales, que necesita España ahora. Y que van mucho más allá del 'pacto de los sesenta y seis folios', tan timorato, suscrito entre Sánchez y Rivera; Rajoy cree que todo va bien y si todo va bien, para qué andar cambiando y toqueteando lo que funciona. Ese discurso, y su distanciamiento de la realidad de la puñetera calle, ha sido su gran error, mucho más que el no haber cortado con más decisión los variados casos de corrupción en su partido. Claro que una cosa es este partido, con sus ochocientos mil militantes, sus más de diez mil sedes y sus siete millones trescientos mil votos, que no pueden tirarse por la basura por esos casos de corrupción, y otra cosa es el impasible Rajoy. Con él no quiere pactar Sánchez, que se equivoca mucho con el 'no, nunca, jamás' al pacto con el PP (no con Rajoy). Ni quiere pactar Rivera, que anda haciendo guiños a otras figuras 'populares' más amigas, consciente de que el registrador de Pontevedra que ejerce la presidencia del Gobierno en funciones no está dispuesto a facilitar maniobra alguna que nos saque del atolladero y que facilite su relevo.

Luego, a Rivera le tocará convencer a Sánchez de que con ese 'no, nunca, jamás' al PP va al suicidio político y nos despeña a todos por el barranco. Los militantes del PSOE, muchos o pocos --hay quien ve la botella casi llena y quien la contempla prácticamente vacía; lógico en este país cainita--, han votado lo que han votado... Por cierto, ¿qué es lo que han votado, con esa pregunta tan rara, tan vaga? Pues que vuelvan a votar, entonces, una vez que se compruebe la imposibilidad de salir investido con la fórmula actual. Ya que Sánchez está en la democracia directa con su partido, y hace muy bien, yo le sugeriría que siga pidiendo opinión a los suyos sobre los pactos a seguir. Y que formulase a los afiliados --¿y por qué no también a los simpatizantes?-- una pregunta diferente, válida tras el traspiés casi seguro de la sesión de investidura. Una pregunta más o menos como esta:

-¿Apoya usted un pacto entre Ciudadanos, PSOE y Partido Popular en el que los tres partidos acuerden y lleven a cabo, durante una Legislatura limitada a dos años, las reformas más necesarias para el país y también quién ejercerá durante ese tiempo la presidencia de un Gobierno plural?

Mira que si una mayoría de los sensatos, sacrificados, progresistas, militantes del partido que fundó Pablo Iglesias 'el otro', allá por 1879, responden con un 'sí' a esta pregunta*... ¿Por qué no prueba a saberlo, señor Sánchez? Puede que ahí resida nada menos que la salvación del país.


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¿Por qué no hace otra pregunta, señor Sánchez?