Opinión / Editor del Grupo Diariocritico.

El mártir

Por Fernando Jauregui 14 octubre, 2015 - 7:56

Pocas veces se habían metido tanto conmigo en alguna red social que frecuento y cultivo como cuando, en la mañana de este martes, se me ocurrió decir por la radio que dirige Carlos Herrera que me parece un error haber convocado ante el juez a Artur Mas

y a su cohorte para que declaren, quién sabe en calidad de qué, sobre su participación en la convocatoria de falso referéndum del pasado 9 de noviembre. Dije, y digo, que la ley no puede ser piedra de escándalo ni agravar las situaciones que pretende corregir. Y también dije, y me temo que sigo sosteniéndola y no enmendándola, que de la comparecencia del president y quién sabe si próximo president de la Generalitat y los suyos ante los tribunales no va a salir sino una exaltación independentista más; a base, claro, de potenciar ese martirologio por parte de aquel a quien nada le gustaría más que compararse con el nuevo Companys, de cuyo fusilamiento se cumple el 75 aniversario precisamente este 15 de octubre, que es cuando Mas acude, vaya por Dios, a declarar en la Audiencia. Sabiendo que nada va a ocurrirle más allá de los aplausos que reciba a la salida: habremos creado un nuevo Mandela, pero sin que tenga que pasar otras penalidades

-afortunadamente, desde luego- que subir y bajar las escaleras del Juzgado.

Los ataques desde las redes sociales me han venido por decir, sin duda imprudentemente, que la aplicación de la ley debe, dependiendo de los casos, ser gradual y atemperada, según se vaya descubriendo la inadecuación de la misma a las circunstancias actuales. Si es urgente cambiar alguna legislación, y sin duda la que hace referencia a la convocatoria de un referéndum ha de modificarse, no tiene sentido aplicar de manera implacable la normativa actual, porque caeríamos en el 'summa lex, summa iniuria', es decir, en la consideración ciceroniana de que la aplicación excesivamente estricta de la ley puede llegar a provocar grandes injusticias. Y, desde luego, a consecuencias inconvenientes.

¿Hay que renunciar, por tanto, a aplicar la ley en determinados territorios, a determinados personajes? Claro que no. Yo solamente pido una aplicación inteligente, moderada, que comprenda que esa ley que motiva la comparecencia a los tribunales, o quién sabe si hasta una imputación -la cosa no llegará más lejos, nadie se inquiete--, habrá de ser modificada en algún momento próximo. Puede que haya leyes cuya aplicación sea, por nefasta, imposible; entre otras cosas, porque todos comprenden que, para solucionar el problema, hay que aplicar otras normas, distintas y distantes.

Bien, de momento ya hemos convertido a Artur Mas en una especie de héroe, cuando está muy lejos de poseer las virtudes del líder sudafricano antes mencionado, por ejemplo: las verdaderas culpas del molt honorable president han sido prometer a esa parte de la ciudadanía catalana que quisiera alguna suerte de independencia que la va a conseguir, cuando no va a ser así. Su pecado está siendo envolverse en una bandera para tapar tantas vergüenzas, pero no el haber convocado una consulta que carecía, desde su inicio y planteamiento, de carácter formal y de eficacia. Y así, Mas, que merecía el destino olvidado de un Ibarretxe, por lo torpe y lo tozudo, aparecerá transformado en el profeta Elías subido al carro de fuego. Y no me digan que esta inoportuna llamada a los tribunales no tendrá nada que ver en la deificación de un mediocre. ¿Era realmente necesario? A veces me da por pensar que el haber convocado a Mas ante el juez es quizá una estrategia para potenciar ese sentimiento de agravio que algunos, en Cataluña, quieren sentir hacia 'Madrit'; es decir, una maniobra destinada a generar la algarada independentista, en lugar de aplacarla.

Sigan, sigan disparando tweets contra el mensajero, mientras, entre todos, agravamos la mayor fuente de angustia que tienen muchos catalanes y casi todo el resto de españoles.


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