Opinión / Editor del Grupo Diariocritico.

Al independiente, la legislación vigente

Por Fernando Jauregui 21 abril, 2016 - 22:30

La propuesta lanzada este jueves por Albert Rivera, sugiriendo que el Rey designe a un personaje independiente como candidato a la presidencia del Gobierno previa retirada de los líderes partidarios que aspiran a La Moncloa, es todo un certificado de hasta qué punto quienes aspiran a convertirse en los representantes de los españoles han cosechado lo que ellos mismos confiesan que es un fracaso colectivo.

Lo que Rivera ha venido a decir, o mejor, ha dicho, es que la incapacidad de los Rajoy, Sánchez, Iglesias --y del propio Rivera, que es quien, con todo, estaba, hasta ahora, manteniendo la cabeza más fría en este trance de locos-- tiene que desembocar en una solución extrema, al margen de las formaciones partidarias y de sus líderes: que el Rey se saque un independiente de la manga, a ver dónde lo encuentra, y le haga jefe del Gobierno, hala..

Tremendo varapalo colectivo esta iniciativa que, por supuesto, no va, afortunadamente, a ser seguida por el jefe del Estado, pero que indica muchas cosas.

Lo primero que a uno se le viene a la cabeza, tras escuchar la ocurrencia de Rivera --que, cómo no, ha encontrado bastante buena acogida en las redes sociales, hartas de eso que ha dado en llamarse 'clase política' y de casi todo--, es que parece al menos peculiar que, para evitar la repetición de las elecciones, que todos consideran un paso negativo para el país, haya que desembarazarse de quienes, a través de unas elecciones, hace cuatro meses y dos días, nos han llevado a esto.

Y, a continuación, cabe preguntarse si, en el caso muy probable de que esas elecciones del 26 de junio se celebren, porque los responsables partidarios no han podido llegar a un acuerdo de aquí a la semana que viene, no resulta paradójico que concurran a ellas los mismos que han sido incapaces de sacarnos del atolladero, los mismos que nos han metido en él: así que campaña electoral al canto y tendremos más acusaciones de 'y tú más', más dedos señalando al culpable, que siempre es el otro, más pirotecnia en promesas que nadie piensa cumplir. Bueno, al menos parece improbable que ahora visiten el plató de Bertin Osborne, por razones caribeñas que usted imagina.

No, el Rey difícilmente podría ser quien evidenciase que los políticos españoles han de ser sustituidos por un personaje independiente, por muy prestigioso e inmaculado que este sea, y que, por tanto, es alguien ajeno a la política de partidos; que el jefe del Estado aceptase poner en práctica la sugerencia de Rivera sería, tremenda responsabilidad, tanto como involucrarle en la descalificación generalizada de nuestras fuerzas políticas.

Y no es que no lo merezcan; es solamente que, como decía Churchill, nuestra democracia es la peor fórmula conocida, exceptuando todas las demás.

Lo que significa que, a pesar de todo -y todo está siendo ya demasiado--, no nos queda otra que mantener el juego de partidos y asistir a las 'jugadas' de quienes los encabezan.

Lo de sugerir la designación por el dedo real de un personaje independiente para que salve la situación recuerda excesivamente a tiempos pasados, a coyunturas que no nos gustan de otros países, como Italia o Grecia; la propuesta, imposible, irrealizable e inconveniente, evidencia el cansancio intelectual de unos personajes que, en el tramo final, se han aplicado, durante cuatro intensos meses, a desprestigiarse a sí mismos y a sus rivales, o adversarios, que a veces más parecen enemigos que otra cosa.

Me recuerda esta situación a un viejo dicho panameño -vaya por Dios--, según el cual "al amigo, dale el oro; al enemigo, dale en el morro, y al indiferente, la legislación vigente" (hay otra versión algo más soez).

Pues eso: al independiente, la legislación vigente. Que no es poco trago, con esta legislación que nos alumbra. O sea, que sigo refiriendo el que ahora es mal menor, las elecciones; baraja nueva y repartir. Y que Dios nos ayude.


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Al independiente, la legislación vigente