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Opinión / Editor del Grupo Diariocritico.

Clima, loco, de fin de Legislatura

Por Fernando Jauregui 15 octubre, 2015 - 13:21

Cuánto siento decirlo de nuevo, pero de poco sirven al acercamiento, al diálogo y a la convivencia entre todos los españoles las bravatas que se producen en Barcelona, ante los juzgados, y en Madrid, desde algunas tribunas mediáticas.

Entre tribunas y tribunales acabaremos produciendo el descalabro que deberíamos tratar de evitar. Y, así, este jueves puede que asistamos a un nuevo espectáculo de máxima incomprensión, cuando el president de la Generalitat, que sigue siendo molt honorable, se presente ante el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña para declarar, o probablemente para no hacerlo, en relación con la organización del peculiar 'referéndum' del pasado 9 de noviembre.

Me he ganado muchos ataques tuiteros y de algunos compañeros situados en otros polos cuando me he permitido opinar que acaso el delito de Mas, permitiendo la celebración de aquella consulta sin consecuencia jurídica alguna, quizá fuera desobediencia, puede que desafío, pero tal vez -no soy jurista, pero consulto a juristas- no delito. Y, así, la llamada del juez, precisamente el mismo día en el que se cumple un aniversario del fusilamiento de Companys, no podía, no puede, interpretarse sino como una llamada a la algarada independentista; el señor magistrado, que sabemos de qué mano llegó al puesto -conste: no quiero decir más que lo que digo, que los tiempos vienen muy revueltos para el mensajero--, no podía ignorar que Artur Mas comparecería con mucho gusto a la citación, y que abandonará el edificio judicial aclamado como víctima por las multitudes, sin que, obviamente, el suceso vaya a tener la más mínima trascendencia penal.

Mas es un mal gobernante, un provocador, un imprudente, un inmoral que coloca a sus representados, los ciudadanos de Cataluña, en una situación al borde de lo imposible, agitando la bandera absurda de una independencia que no será, quién sabe si para tapar otras miserias. Pero, junto a cuantas descalificaciones podamos ensayar para situar al señor Mas donde merece, forzosamente hay que decir que no todo se está haciendo bien 'del lado de acá', desde este Madrid centro de todas las tormentas donde un ministro, en sede parlamentaria, se permite decir a un diputado de Convergencia Democrática de Catalunya, que le interrogaba en la sesión de control parlamentario al Gobierno, que debía ir 'al psiquiatra'. En este Madrid donde alguien de larga y destacada trayectoria política, desde un muy importante programa radiofónico, asegura que lo bueno de la llamada a Mas es que a éste 'se le van a caer los pantalones' de miedo ante el juez.

Sé que estamos en tiempos convulsos y, aún más, preelectorales. Cuando diputadas del PP escriben cartas abiertas en los periódicos a Rajoy mandándole a hacer gárgaras y cuando un ministro tan señalado como Cristóbal Montoro larga un montón de barbaridades desde la portada de un diario influyente, barbaridades que sin duda hubiesen hecho que el inquilino de La Moncloa pegase un brinco desde su asiento, si no fuese porque estaba regresando de Nueva York, con lo cual se le habrá atragantado el viaje tras haber protagonizado nada menos que la sesión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Pero con el clima preelectoral se puede, hasta cierto punto, jugar; allá ellos con los líos -con lo poco que le gustan al presidente, hay que ver la de ellos que aparecen en el partido gobernante- que se traen. Lo que no admite bromas es el mantenimiento de un clima de respeto, flexibilidad e inteligencia en lo referente a la unidad de la patria; lo que no tolera chacotas es el prestigio de las instituciones; lo que de ninguna manera se puede falsear es la Historia. Y en todo ello se está incurriendo, haciendo pernicioso, casi venenoso, el clima político que respiramos. Y Mas, declarando tan feliz ante Su Señoría; y aquí, tan contentos porque está declarando. Y ¡ay de quien se aparte de este panorama políticamente tan correcto, en la realidad tan desastroso!.

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