Opinión / Editor del Grupo Diariocritico.

Cercos de sudor

Por Fernando Jauregui 07 junio, 2016 - 8:11

A veces, quienes nos dedicamos a esto no entendemos muy bien a qué se dedican los llamados asesores de imagen de nuestros políticos.

Lo digo tras asistir al 'combate televisivo' entre Albert Rivera y Pablo Iglesias con Jordi Evole como árbitro-contendiente. Se me ocurren las siguientes conclusiones:

  • Nadie le ha dicho a Pedro Sánchez (y en menor medida, porque parte como ganador, a Mariano Rajoy) que estos espectáculos televisivos son la esencia de una campaña electoral moderna. ¿Qué espera el secretario general del PSOE para retar a Iglesias (y a Rajoy, diablos, a Rajoy) a un encontronazo, aunque sea tan duro e improductivo como el del domingo pasado? Tal vez, es lo que interpreta el electorado, porque teme romper las posibilidades de un acuerdo futuro con Podemos*O con Rajoy, a saber.
  • Estamos en momentos de confrontación y no hay que tener miedo a entrar en ella.
  • Los debates no tienen por qué limitarse al ámbito oficial u oficioso. Las campañas, como ha comprendido el líder de Podemos, se centran en las televisiones. Y resulta ridículo culpar a una de ellas de beneficiar en exclusiva a tal o cual candidato; es, más bien, que unos saben utilizar las cámaras, aunque no haya ni mensaje ni ideas tras sus palabras, mejor que otros, que las temen.
  • Ganó Pablo Iglesias, al menos en esta ocasión. Un desastre. Las ideas de Rivera son más constructivas, más homologables. Entre tener como presidente del Gobierno al líder de Ciudadanos o sentar en La Moncloa al dirigente de Podemos, no hay, para mí, comparación. Pero...
  • ... pero perdió Rivera. Por varias razones: una, que el otro fue más agresivo (aún) que él. Otra, que Iglesias sabe a quién se dirige: ha segmentado su mensaje y a sus destinatarios. Y tercera, que el líder de Podemos cuida más el entorno del mensaje: cómo ir (des)vestido, cómo enfocar las respuestas, cómo modular la voz. Albert Rivera apareció nervioso, tenso, con cercos de sudor bajos los brazos. ¿Dónde estaban, dónde, todos esos asesores que te dicen de qué color debes llevar la corbata, si es que hay que llevarla, y por qué nunca, nunca, una camisa de color claro (no blanca) en la que puedan reflejarse las marcas del nerviosismo?

Y me dirá usted: todo eso es accesorio, ganas de fijarse en el detalle. Que es precisamente, en los detalles, donde se marcan las diferencias entre quien sube al podio y quién no. En política, como en la vida, las formas son tan importantes como el fondo. Yo, que a veces pienso que sé de qué hablo cuando hablo de estas cosas -apenas entiendo de esto, y no sé si mucho--, me distraje en esos detalles: esas manchas en los sobacos, que te hacen perder un debate y quién sabe si las elecciones.


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