Opinión / Sabatinas

Venezuela como comodín

Por Fermín Mínguez 28 mayo, 2016 - 9:38

Todos los días tenemos noticias de Venezuela, parece que se ha convertido en el medidor de lo que es bueno y lo que no. ¿Qué todo este interés es para hacer un uso partidista en campaña?, pues tiene toda la pinta, pero esto no es razón que justifique las informaciones.

Esto de tener dos campañas electorales tan cercanas en el tiempo prometía. Y se están cumpliendo las expectativas cuando todavía faltan dos semanas para el comienzo de la campaña electoral. Cuando digo que prometía no me refiero a que prometiera en positivo, ni a las promesas que nos van a hacer, que yo espero como agua de mayo para ver quién me pone un piso.

Me refiero a que pintaba que iba a ser movidita y que en lugar de hablar  de qué hay que mejorar, los cuatro grandes partidos, porque parece que así va a ser, no tardarían en bajar al barro, y así ha sido. Lo curioso es que el juego se repite, las propuestas no son buenas o malas per se, son buenas o malas por comparativa, y los electores se convierten en fans, y los afiliados en groupies y no consienten que nadie hable mal de sus ídolos. Amor ciego. Devoción.

La última ha sido el viaje de Rivera a Venezuela, a todas luces en clave electoral y como arranque de precampaña, que ha recibido elogios de unos y críticas feroces de otros. Yo no soy venezolano, pero sí tengo la suerte de conocer a algunos, y maldita la gracia que tiene que hacer que se pasen todo el día jugando con lo que pasa en tu país como si fuera el capricho de cuatro niños ricos.

No me atrevo a valorar la situación porque no he estado y hablar de oídas es feo, sobre todo si solo pegas el oído donde interesa, pero lo que me cuentan mis amigos no es esperanzador. Pero lo que va mal, va mal de forma objetiva, no por comparativa.

Por ejemplo. Se hace mención a que faltan productos de primera necesidad en los supermercados, pues se contesta que menos fijarse en lo que pasa allí, y más fijarse en la gente que rebusca aquí en los contenedores. Que si está fatal que con todas las posibilidades que existen, tenga que haber restricciones en el consumo de energía; sí, claro pero aquí qué pasa con la pobreza energética; que si no hay derecho a que estén encarcelados presos políticos, y aquí qué de los presos españoles no decimos nada. Vamos a ver ¿les parece normal?, ¿qué es esto, una competición de desgracias? ¿Acaso la existencia de una injusticia suaviza otra? Pues no, un clavo no saca otro clavo. Puñal no mata a puñal que dice la canción de Los Sencillos.

Por aclararme las ideas, que soy varón y tiendo a confundirme, que falten productos de primera necesidad es grave y está mal. Que la gente se vea obligada a buscar en los contenedores está mal y habrá que hacer algo para evitarlo. Pero las dos cosas están mal, y mal hace el que lo permite allí o el que lo consiente aquí. Mal.

Que un productor como Venezuela no tenga para su propio consumo eléctrico es una vergüenza y habla claro de la chapuza de gestión que se está haciendo; y que un país como España no pueda permitirse una cobertura energética a las personas que no puedan acceder a ella habla muy claro de la catadura moral de nuestros dirigentes.

Que haya personas encarceladas por su posición política es denigrante, en cualquier lugar del mundo. Pero si me permiten, hasta donde yo sé los delitos de sangre no son delitos  políticos. Matar no es defender una opción política, es matar. Por no confundirnos, ojo. No hablamos de lo mismo.

Y entre estos ires y venires seguimos hablando de Venezuela sin que parezca importarnos lo más mínimo lo que pase allí, utilizándolo sólo como moneda de cambio y ataque.

Espero que me acepten la disculpa todos los venezolanos de bien, pero lamento que el esperpento de quejas y de echarnos en cara cosas, ese Puerto Hurraco del reproche político en el que se ha convertido nuestro eterno estado de precampaña, arrastre a vuestro país. Perdonad, ojalá la justicia no dependiese de comparaciones políticas. No tendría que ser patrimonio de nadie.

Ojalá la injusticia no sea una frase más en boca de cualquiera de los cuatro grandes candidatos, los cuatro. Un caramelo de campaña.


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