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Opinión / Sabatinas

Vale

Por Fermín Mínguez 23 octubre, 2021 - 9:37

Han pasado tantas cosas en este año, se ha llenado de tantas frases de canciones que no sabría como ponerte al día.

Esa es la palabra con la que termina El Quijote, vale. Esa fue también la última palabra que me dijiste, vale. Qué iba a saber yo que era una despedida, qué iba a saber yo que vale era una forma de despedida clásica. Qué iba a saber que lo que yo entendí como una aceptación iba a ser tu adiós.

Han pasado tantas cosas/

Dentro de nuestras mismas vidas/

Como un viaje por la costa/

En un tren de cercanías. (1)

Han pasado tantas cosas en este año, se ha llenado de tantas frases de canciones que no sabría como ponerte al día, igual lo mejor es hacerlo con trozo de esas mismas canciones. Te grabaría una cinta, una de esas TDK que te preparaba para el coche, que luego pasaron a ser carpetas en MP3 y que guardo intactas en ese disco duro que no me atrevo a abrir y que cada vez es más antiguo, y quizás eso duela, no poder llenarlo de nada nuevo.

No me dejes que entristezca en el futuro

Si algo sucediera hazme recordar

Este instante que logró sortear el tiempo

Y como el tiempo nos duró una eternidad

Sigue intacto lo que amé de ti. (2)

¿Sabes? Sigo cogiendo el teléfono alguna vez para llamarte o escribirte cuando me pasa algo importante. La última vez el viernes pasado. Me tranquiliza ver que sigue teniendo tu foto, tengo miedo a que alguien recupere ese número, uno de los cinco que me sé de memoria, y aparezca la foto de alguien desconocido, gris, que no sepa de mí, ni de nosotros. Miro esos mensajes raros que me llegaron el día después, cuando ya no podía escribir. Cuando ya no podías recomendarme que fuera bueno, que así se podía ser feliz.

Y a la vez que lo sagrado siempre es pequeño

Tus fantasmas me pueden resucitar

Mi colección de angelitos negros

Nos recuerdan: "tenemos lo que merecemos"

Lo sé porque muchos ya se fueron

Y hoy sigo sus pasos al caminar

Y aquí tú y yo, solo quedamos los buenos

Nadie nos enseña dónde parar. (3)

Los buenos.

Todos creemos serlo, si no es imposible que haya tanta gente haciendo daño de forma consciente. O eso o estabas equivocada, pienso cuando recupero el ascua de fe, y Fe, que me queda y la soplo para que me dé calor pensando que me escuchas. Porque esa es otra, entre cicatrices y ejemplos cercanos, se está agotando. Ojalá volver a cuando me sujetabas la cabeza y me sentía seguro. O cuando me decías “Fer, confía, ten Fe”, no desde el dogma incuestionable que no tengo espaldas para sujetar, sino, desde el convencimiento de que siempre se puede seguir, de que siempre queda pulmón para un sprint, corazón para un placaje o rabia desde la que sacudirse el barro. Cree en ti.

Cómprale al vendedor aquel puñal

Y no lo sueltes más y no lo sueltes más, jamás.

Despiértate y echa a correr

Y te dirán que la vida se va a terminar,

Y te dirán que hoy nadie te ha venido a buscar,

Y te dirán que salgas por la puerta de atrás.

Tú sólo piensa en ti. (4)

Entonces vuelvo a ese paseo por El Retiro, en ese invierno de Madrid que te cuartea la cara. A esa conversación que interrumpían los anormales de los bongos y los tambores. ¿Merece la pena? Y lo dudo. Ahora estoy sin ti y cuesta más; si esto es un mensaje del destino se lo podía haber tragado. No hay consuelo, no hay nada positivo que sacar, ¿y el aprendizaje? Eso viene después, y no conviene confundir aprendizaje con consuelo. El consuelo es una forma de justificar las maldades de otros.

Nos volveremos a ver en el día de

Todos los santos

Dime, ¿crees qué valió la pena?

Si amenazan hoy nubes negras

Que vienen hacia aquí. (5)

¿Sabes qué?, y ya no sé si te escribo a ti o a toda esta gente que me lee, ya no sé si esto es un acto de fe o de alivio, que si que merece la pena. Claro que sí. Fíjate que ya no lo haré por ti, no me malinterpretes, me parece cobarde escudarme en tu ausencia para ser valiente, lo haré por lo que hiciste, por lo que hay de ti en mi, por lo que quiero que quede de ti en mi hija, y porque, y aquí mamá se va a enfadar con nosotros por malhablar, esto no cambia, (y no es el único vicio que compartimos y le enfada) porque no me sale de las pelotas bajar los brazos. Contigo o sin ti. Quizás sea un bueno peor, herido y con rencor, quien sabe, igual ya ni tan bueno.

Desde que no me hablas

Me siento tan vacío

Tus últimas palabras

No sabrán del olvido

Ahora que no nos vemos

He vuelto a aquellos vicios

Aprendí a echar de menos

Y nunca seré el mismo. (6)

Porque creo firmemente en que lo importante no es el éxito personal, sino el ejemplo que das, lo que puedes inspirar en terceros. Los buenos ganan mientras consigan que alguien siga luchando. Con que gane uno es suficiente.

Porque siempre hay una opción, y quizás tengas razón en eso de no confundir bondad y tontería.

Que ante la poesía de que tenemos alas para volar de los problemas, las del águilas también está el macarrismo de recordar que las águilas tienen garras… Se puede volar para volver en picado a arrancar el problema de raíz.

Se puede ser bueno a versos o a golpes.

A besos o a mordiscos.

A abrazos o a placajes.

A caricias o cabezazos.

Apartando las ramas o podando el árbol.

Quizás todo vale para despejar el camino.

Cuando el jilguero no puede cantar

Cuando el poeta es un peregrino

Cuando de nada nos sirve rezar

Caminante no hay camino

Se hace camino al andar

Golpe a golpe, verso a verso. (7)

Lo único que sé es que tú no estás, que nada me ha protegido de tu pérdida y que nada me arranca este dolor del pecho en los días que no. Ese corte en el corazón, ese agujero en el estómago que parece que se me va a tragar. Esas fotos que recuerdan que todo parecía ser de otra forma, que nada nos iba a pasar. QUe te empuja a salir a la calle y seguir con el alma llena de agujeros de bala.

El momento que pasa se escapa, no vuelve a pasarte

Y aunque hierva la sangre, se abren caminos y a andar

Curaré ese dolor que me pone a morir

Cada vez que te vuelvo a vivir. (8)

Y aquí me tienes, intentando mantener la fe en que me escuchas porque Montes me dijo el otro día que lo hacías, y me agarro a a cualquier clavo ardiendo. Aquí me tienes cońtandoles estas cosas nuestras a toda esta gente que no va a entender por qué de repente he dejado de hablar de temas de gestión y motivación para pasar a hablar de algo tan personal. ¿Saben por qué? Pues porque:

Y así, seguimos andando

Curtidos de soledad

Y en nosotros nuestros muertos

Pa que nadie quede atrás. (9)

Y es que cada uno de nosotros somos lo que nos hemos construido, lo que nos han enseñado, lo que hemos decidido escoger, lo que hemos elegido ser. Y lo somos siempre. No tiene sentido una dicotomía entre lo que proponemos, o que contamos y lo que hacemos. Cambiar ante la adversidad es una elección personal, respetable y a veces necesaria, pero, ya que estamos hablando de alas y garras, es mediocre y a veces mezquina. “Hay veces que toca resistir, Fer, agarrarse fuerte a quien te quiere”, decías cogida del brazo, buscando el calor que Madrid niega en febrero.

Sé que es más fácil quedarme sentado

Esperar que pase el dolor

Que oír en la radio mi voz

Decirle a la gente que no

No intentes hacerme cambiar

No me pidas ese favor

Siento decirte que no. (10)

Oye, igual es la última carta que te escribo, porque estoy entendiendo que no necesito que me hables, ojalá, o verte una vez más, un brazo daría, porque lo que tengo de ti es que me has construido, que eres parte de lo que decido cada día, y razón de muchas de las batallas que emprendo.

Porque no voy a superar nunca que te fueras, pero como dice Ángel Gonzalez, “Este amor, ya sin mí, te amará siempre”. En este caso es sin ti, pero seguirás en mis luchas.

Te quiero mucho, te echo de menos. Por si alguien con más fe que yo te lo dice.

Los buenos ganan, Cris. Aunque sea cargándose a los malos.

A las buenas, y a todo lo demás también.

Seré bueno, pero sobre todo seré feliz.

¿Vale? Vale.



 
  1. Vagones Plateados. Diego Vasallo.
  2. Tacto. Mikel Erentxun.
  3. Los buenos. Vetusta Morla.
  4. Creo que va a empezar a llover. Bunbury y Vegas.
  5. Tú solo piensa en ti. Los Ronaldos.
  6. Desde que no nos vemos. Los Secretos.
  7. Cantares. Machado/Serrat
  8. Febrero. La habitación roja.
  9. Los hermanos. Atahualpa Yupanqui.
  10. Que no. Deluxe.


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