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Opinión / Sabatinas

Todas putas

Por Fermín Mínguez 24 abril, 2021 - 8:45

Mi editor siempre me dice que los títulos de impacto generan más lecturas, vamos a ver sí es verdad, a  ver si con esta entrada pasan y leen.

Ahora vendría bien la frase de “¿qué mundo le queremos dejar a nuestros hijos?”, cuando lo que nos estamos jugando es el tipo de mundo en el que viviremos el año que viene.
Ahora vendría bien la frase de “¿qué mundo le queremos dejar a nuestros hijos?”, cuando lo que nos estamos jugando es el tipo de mundo en el que viviremos el año que viene.

Les he dicho alguna vez que para escribir estas Sabatinas voy apuntándome ideas que me vienen a la cabeza y las voy desarrollando hasta que cogen forma. Llevaba un  tiempo apuntada esta que surgió cuando escuché de nuevo aquella frase de menos mi madre y hermanas, todas son aquello… y esta semana de superligas, tanganas electorales y shows televisivos creo que es la adecuada para desarrollarla.

¿Habían escuchado la frase alguna vez? Es una de estupideces sociales que lo que busca es preservar lo propio del mal ajeno. Esto si hablamos en el plano teórico, porque en el plano práctico suele esconder un tufillo a inferioridad que busca criticar a todo un colectivo para justificar incapacidades personales buscar la inmunidad de grupo emocional, como los borregos.

Es decir, si todas son eso, por mucho que yo haga no lo podré evitar, así que me quedo sin hacer nada porque la culpa no es mía, ¿me explico?, faltón, resignado y cobarde, lo tiene todo el comentario, oigan.  Pues creo que hemos hecho de la asunción del puterío ajeno la peor y más grandes de las justificaciones para nuestras conductas, y esto que parece una estupidez está marcando la forma de funcionar general, menos lo mío, el resto es asqueroso. Así evitamos cuestionarnos, estupendo oigan, siempre será mejor mi opción ya que fíjate los otros.

Como axioma es un imposible, ya que nadie es madre o hermana de todo el mundo, así que por lógica pura, esto nos deja a todos en el mismo rasero putil. Yo de hecho no soy madre ni hermana de nadie, así que mala salida tengo, al igual que usted, querida o querido, que según lee esto se putifica. Le voy a dar la mañana a la RAE inventándome palabras hoy, en fin.

¿Que por qué esta semana?, pues porque cuando escuchaba los razonamientos iniciales de la Superlíga de fútbol me venía a la cabeza, “son todos unos paquetes excepto nosotros doce”. Esa necesidad de justificar un modelo de alta facturación cómo única salida para mantener el espectáculo es un absurdo. Y mientras discutimos si nos gusta o no, no hablamos de lo corrompido del modelo, de los sueldos de los dirigentes de la UEFA, que superan a las subvenciones del deporte base, que quienes reclaman para los aficionados un deporte al que aportan poco, viven de las rentas que produce sin arriesgar nada. No hablamos de la transparencia de un organismo que ha organizado un mundial en un país tan generoso y democrático como Qatar en el mes de diciembre. Lo normal, vamos. Todas las decisiones humanitarias y pensando en los aficionados, pero lo que salga de su propuesta ya saben qué es, ¿no?. Eso mismo.

Que también puede ser por el último vodevil político, con una tangana dialéctica que agitará la campaña pero que, otra vez, quedará en nada. Otra dosis de todos aquello menos mi candidato y mi programa. Vamos a ver, esto de la violencia y las amenazas es bastante fácil de afrontar. Lo intento: estoy radicalmente en contra de cualquier amenaza violenta que intente condicionar la vida política. ¿Ven?, fácil. Pero ¿y si viene de…? En contra. ¿Y si los de ahora antes…? En contra. ¿Pero y si antes alguien ha defendido y ahora…? EN-CON-TRA. Y punto, como le gusta cerrar a Eduardo. Lo que hay que hacer es denunciar estas actitudes, todas, y juzgarlas, todas. Y enfrentar a los populismos a su peor enemigo, que es la razón. Pero sin atrincherarse ni reivindicar la dignidad de nuestras propuestas y lo prostituido de las demás. La solución no está en prohibir, creo, sino en demostrar la falsedad de determinadas propuestas, aunque eso suponga cuestionar parte de nuestras convicciones.

Esto no lo digo yo, que siendo un tipo despierto no llego a la lucidez de Karl Popper, del que soy fan total, y de sus teorías. No solo la Paradoja de la tolerancia, que habla de si se puede ser tolerante con el intolerante, pero dice algunas cosas más, como que hay que rebatir antes que prohibir, y negociar hasta el límite antes de enfrentar. Suele contarse a medias esta paradoja, y suele aprovecharse para barrer para casa, porque se cuenta lo de no tolerar al intolerante, pero de saque todo el mundo se considera tolerante, y con ese punto de partida ya vamos mal, ¿no creen? 

Pero hay otra propuesta de Popper muy interesante, que es la falsación, donde dice que no se avanza validando leyes, sino descartando las que no se corresponden con la experiencia. Igual es más interesante hacer un esfuerzo por descartar lo que no vale, lo que dificulta avanzar o hace daño, en lugar de ir avanzando a golpes de conveniencia. Cambiar el cenicismo de “todas putas” por el más Descartesiano “todas buenas”, e ir descartando todo lo que lo incumpla. Sin miedo a asumir que podíamos estar equivocados, al menos en parte. No todos los puntos de partida son iguales, no todas las propuestas son debatibles, y no todos los tonos son admisibles.

Esto no es una crisis política, o futbolística, ojalá fuera algo delimitable y sobre lo que pudiéramos trabajar, pero me temo que es una crisis mayor, más profunda, de valores. Y no lo digo en plan metateoría, autonombrándome el nuevo Karl Popper del siglo XXI, que va, lo digo desde la decepción más profunda. Estamos instaurados en una dinamica de “tonto el último” y vamos cambiando de opción y creencia mientras nos convenga. La conveniencia como valor, y mientras me beneficie, o no me vaya mal, tira millas y que se coman otros el marrón. No es nada grandilocuente hablar de crisis de valores, al revés, es lo más ordinario del mundo, porque depende de cada uno de nosotros reconocer el trabajo bien hecho, propio o ajeno, independientemente de que el momento nos convenga o no. Ahora vendría bien la frase de “¿qué mundo le queremos dejar a nuestros hijos?”, cuando lo que nos estamos jugando es el tipo de mundo en el que viviremos el año que viene. Y eso depende de nosotros, mal hacemos en confiar en que otros nos sacarán de este atolladero, porque, como decía Karl, “aquello que nos promete el paraíso en la tierra nunca produjo nada, sino un infierno”.


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