Opinión / Sabatinas

Rosalía. La sobreexposición

Por Fermín Mínguez 14 diciembre, 2019 - 11:43

¿Es el éxito un término objetivo, o normalmente lo consideramos como tal siempre que consiga cubrir nuestras expectativas?

La cantante Rosalía, durante un concierto EFE
La cantante Rosalía, durante un concierto EFE

Tengo un debate infinito en mi chat de cabecera sobre si lo de esta chica es un éxito sin precedentes o un bluff con muchos precedentes. Pero, ¿el éxito es algo objetivo, medible y puntuable, o tiene que ver con la necesidad de cubrir nuestras expectativas personales? Tra, tra.

Es volver al debate de los medios y los fines, y es que cada objetivo no puede merecer la misma atención, ni por supuesto menospreciar un éxito por ser menor que otro. Los números por lo general suelen ser groseros y parciales, y es necesario que la comparativa no sea siempre mayor o menor, caro o barato, beneficio o pérdida, sino que también es importante introducir en las valoraciones términos como “más o menos conveniente u oportuno”, “procede a pesar de”, o “va, hemos venido a jugar”.

En el caso de Rosalía, se oye de forma muy recurrente que está sobrevalorada, que dice la RAE que es “otorgar a alguien o algo mayor valor del que realmente tiene”. ¿Más valor respecto a qué o quién? Claro que Beyoncé llena estadios, o Lady Gaga o quien quieran, y si comparamos las giras de cualquier cantante con los cuatrocientos mil, 400.000, ojo, asistentes al Woodstock original serán todas una birria. Restar importancia a lo conseguido por alguien solo porque otro lo hizo mejor o más grande antes es injusto y, además, es muy desmotivador para las siguientes generaciones.

Pero igual de injusto, o más, es restar mérito a los esfuerzos de alguien que no ha cumplido nuestras expectativas. Que yo espere de Rosalía, la voy a poner como ejemplo pero pongan ustedes a quien mejor les parezca, que en solo dos años de carrera esté llenando el estadio de los Denver Broncos no justifica que haga a menos dos fechas seguidas en Barcelona, ojo. Por cierto, dicen en los mentideros que Lady Gaga pinchó en la segunda, ojo…

No es un tema de sobrevalorar, me temo, sino de sobreexposición. Aquí Brown acertó en el debate. Dice la RAE que exponer es “colocar a alguien o algo para que reciba la acción de un agente” y también que “poner algo o a alguien en situación de sufrir daño o perjuicio”. Por lo tanto, sobreexponer es forzarlo al máximo. Se ha puesto bajo el foco mediático de una forma exagerada, y ese tratamiento de superestrella ha hecho que se le exija desde ahora como la estrella que yo creo que será. Es un tema de expectativa personal, no de éxito objetivo. La plebe esperamos que ya sea una estrella internacional y no valoramos que lo que ha conseguido hasta ahora, muchos artistas consagrados ni lo sueñan. Lo de necesitar tener artistas internacionales patrios también es para hacérselo mirar, por cierto.

Tendemos a la sobreexposición de nuestros anhelos, los compartimos hasta acabar convirtiéndolos en necesidad, primero, y en derecho que exigir, después. Y miren, así no. Es lícito ser ambicioso en los objetivos, pero después hay que dotarlos de recursos y de esfuerzo, y, si no salen, pues no salen. Lo que no vale es confiar estos deseos en terceros y cargar sobre ellos la responsabilidad de no cumplirlos, inhibiendo nuestra responsabilidad para conseguirlo.

Esos terceros pueden ser Rosalía, nuestros compañeros de trabajo, pareja o el camarero que hace un dibujo en el café que no nos gusta. La expectativa propia no puede ser nunca el elemento de juicio del trabajo o el esfuerzo de un tercero.

Lo que hemos conseguido con esto es un modelo con el que lo importante es el cumplimiento del objetivo final, o la entrega del mismo, y esto es muy mala noticia. El otro día lo pensaba con la wifi de Renfe que se supone que ya está en todos los AVE. A veces funciona muy bien, otras ni aparece, y algunas te conecta pero no permite usar datos. Eso sí, por las pantallas y por megafonía te recuerdan que pueden usar Play Renfe, que este tren lo tiene y está para su disfrute. Eso es lo importante, contar que lo tenemos, luego ya que funcione es otra cosa, miren ya veremos.

Pasa igual con los presupuestos, por ejemplo; lo importante es cumplirlos. Si esto supone asumir riesgos de estructura, pues miren, ya veremos. Igual con un poco de suerte se lo come otro. Lo importante es la ejecución, y ejecutar es una de las voces con acepciones más dispares en el diccionario. Ejecutando podemos estar tocando una pieza musical o dando matarile a otro. Ojo con ejecutar, el matiz es importante. Aquí entra en juego valorar lo procedente o no que hablábamos antes. Poner el objetivo en valor, que es muy de artistas. No podemos exigir el mismo tiempo de ejecución (ojo) a la construcción de la Sagrada Familia que a la de un Burger King, ¿no creen? Al proyecto de Gaudí, aunque se lo tome con calma, merece la pena esperarlo, “procede a pesar del” tiempo de espera.

Así que mejor dedicar tiempo a poner en valor el esfuerzo de cada cual, más allá de la expectativa personal. Es conveniente tener la humildad de reconocer tanto que hemos fallado como que el otro está haciéndolo bien. Sobreexponer y sobrevalorar no suelen ser buenos compañeros de viaje, hacen borroso el camino y son permeables a la autocrítica. Los sobres no suelen ir bien, no. Sonrío.

Rosalía lo está haciendo bien, ¿no les parece? Nos guste ella o no nos guste, está generando expectativas, y ojalá las cumpla. Como ojalá ustedes cumplan las suyas, aunque no lleguen a dar lo que otros quieran.


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