Opinión / Sabatinas

Renovarse o morir

Por Fermín Mínguez 30 diciembre, 2017 - 12:19

El último artículo del año parece que tenga que estar destinado a resumir los mejores momentos del año, o a escribir las propuestas de mejora para el año entrante, y ninguna de las dos cosas me gustan, les explico por qué, y a ver como salimos de esta.

 Salida de los 100 metros lisos en Atenas 1896, el renacer de los Juegos Olímpicos.
Salida de los 100 metros lisos en Atenas 1896, el renacer de los Juegos Olímpicos.

No me gustan las listas de mejores momentos porque sería asumir que de todo lo vivido en 2017 sólo nos quedaría un puñado de momentos, como si el resto no valiesen la pena. No es justo renunciar a todo lo que hemos vivido creyendo que no es extraordinario. De 365 días vivimos para disfrutar de treinta días de vacaciones y algún sábado (todos más los viernes y jueves si son ustedes sub-30 o Pocholo Martínez Bordiu), y encima lo contamos orgullosos.

Con los deseos para el año entrante me pasa lo mismo, que los compromisos no suelen  más de dos o tres, fiamos todo nuestro esfuerzo del año a conseguir dos o tres objetivos. Esto creo que es por seguir al refranero cuando dice que quien mucho abarca poco aprieta o que la esencia buena en frasco pequeño. El refranero y esa manía de reducir ilusiones bañándolas de realismo.

¿Por qué va a ser necesario apretar mucho?, ¿no será mejor disfrutar muchos poquicos?, ¿no será mejor ayudar poco muchas veces que renunciar a ayudar porque no es posible asumir un proyecto grande? Además eso que nos marcamos como objetivo de mejora suelen ser normalmente razones de no empeoramiento, vamos que “dejar de fumar”, “hacer deporte” o “leer más” más que objetivos de mejora son normas básicas de supervivencia. Para el año que viene me comprometo a no beber lejía, no prender fuego a nadie y no comer ninguna cría de especies en extinción. Pistonudo oigan. Navarro del año 2.018 si lo cumplo.

Por eso no me gustan las listas, porque son limitantes en el mejor de los casos. En el peor también son discriminatorias y segregan. Palabras mayores.

Está bien tener un punto de partida, en este caso el uno de enero, para proponerse cambios pero es más un tema de voluntad de continuidad que de inicio. No es tanto cuándo se decide empezar sino cuando se decide abandonar. No es el tiempo el que pone a cada uno en su lugar, sino como uno aprovecha las oportunidades y lo que hace con ellas. La huella que dejamos y lo que cuesta borrarla, el tiempo es igual para todos.

La foto que encabeza este artículo es de la salida de los 100 metros lisos en Atenas 1896, el renacer de los juegos olímpicos. Fíjense en la postura de los corredores, muy fan del primero y cuarto empezando por la izquierda. Pareciera que van a hacer un molinillo para coger impulso. Sólo una de las cinco posturas permanece hoy en día, y no lo hace por estética o por votación popular, sino porque es la más efectiva de las cinco.

Podríamos decir que el tiempo la ha puesto en su lugar, o quizás que han sido las otras las que han desaparecido. En los propósitos de mejorar tiene que estar el propósito de adaptarse, de saber reconocer lo bueno en los otros. Esto no es ni copiar ni renunciar a lo propio. Siguiendo con el ejemplo de la foto, podemos decidir seguir corriendo los 100 metros lisos pero en la mejor de las condiciones posibles, o decidir cambiar de disciplina si ni haciendo lo mejor que sabemos, tenemos un buen rendimiento. Resistir no es enrocarse, es no perder la fe, no rendirse. Es asumir retos y conocer los límites, y esto cuesta, por eso dejamos de ir al gimnasio en febrero o volvemos a fumar en esa boda.

Entonces vienen los reproches y bajamos los brazos, y eso tampoco es justo. Me decían esta semana que no es justo juzgar el pasado con nuestro conocimiento de hoy, es verdad. Somos unos nuevos ricos del saber, unos repelentes vitales a los que nos encanta burlarnos del resto al calor de modas y mayorías. Los corredores del molinillo de la foto estaban convencidos de que era la mejor forma de salir, seguro.

De la misma forma que nosotros, a la luz de nuestras modernidades estamos convencidos de que lo que estamos haciendo lo hacemos de la mejor manera. Pero, ¿cómo se verá nuestra foto dentro de ciento y pico años que son los que tiene esta?, ¿quién será el que resista el paso del tiempo?, me temo que habrá muchos, muchísimos, molinillos y poses impostadas de fotos de cara a la galería y de perfiles que sólo pensaron en ellos mismos y en sus amiguetes. Y saben por qué quedarán retratados, ¿no? Pues porque el resto, la mayoría de personas buenas, habrán ido día a día, año a año poniéndose objetivos de mejora reales que harán que todos aquellos salvapatrias y mejoradores de vidas queden retratados como lo que son: gente que vive lejos del día a día, de la realidad social, más empeñados en lucirse que en brillar. Condenados a correr por la calle 1 con Molinillo (ya tiene nombre)

Les deseo que se esfuercen en 2018, ya decidirán en qué. Paso corto y vista larga, los grandes cambios se sustentan en infinidad de pequeñas decisiones. Y en el esfuerzo. Manteniendo la fe.

Ya lo decía Dante en la Divina comedia (y lo recogía Aute en la canción que cierra):

“Ahora es preciso que deseches la pereza; que no se alcanza la fama reclinado en blanda pluma ni al abrigo de colchas; y el que consume su vida sin gloria, deja en pos de sí el mismo rastro que el humo en el aire o la espuma en el agua”

Dejen rastro. Esforcémonos y, compro la propuesta de la canción de Aute, enamorémonos de lo que hagamos. Así ganamos fijo.

Hagan de 2018 su año.


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