Opinión / Sabatinas

El renacido

Por Fermín Mínguez 13 febrero, 2016 - 9:51

“Estaré justo aquí. Pero no te rindas. ¿Me oyes? Mientras aún puedas sostener un aliento, sigue peleando. Respira... Sigue respirando.”

Diría que la cita es literal pero no puedo asegurarlo, sólo sé que me sacudió de pies a cabeza. Lo dice Hugh Glass (un impresionante Leo DiCaprio) en la película El Renacido, de González Iñárritu. No voy a destriparles la película, hacer un spoiler para los modernos de bien, no contaré mucho más, pero no quiero dejar pasar la oportunidad de darle un par de vueltas.

La historia no es nueva y la habrán visto repetida mil veces en mil películas con argumentos de superación y de enfrentarse a las dificultades de la vida, desde Días de vino y rosas a Mi vida sin mí pasando por Trainspotting. Pero es impactante. Admito que tengo predilección por las historias de superación, de actitud ante la vida, esas historia que hablan de como la actitud que tomemos cambia la forma en la que vivimos la vida. Y admito también que siempre estoy predispuesto a escucharlas, a que me resuenen y esta semana han estado muy presentes los renacidos.

Actitud. Por mucho que tengamos que enfrentar, al final es cuestión de actitud. Vale que no garantiza el éxito, pero lo predispone, te encamina hacia él. Créanme que al personaje de DiCaprio sólo le falta ser del Atleti para guinda de sufrimiento, pero está decidido a salir adelante. Tiene un objetivo, tiene una razón por la que hacerlo y eso le basta.

En un entrenamiento el mister se desgañitaba intentándonos hacer ver que no hay diferencia en la actitud cuando uno defiende o ataca, que es más bonito tener el balón y lucirse, pero que se gana defendiendo. Presionando, estando encima, sin decaer, llegar y pum, llegar y pum (así de expresivo es el rugby). Y yo me puse a pensar en El Renacido, luego así me va pero me fui a Hugh Glass, y entendí que defender no es estar a la defensiva y que la solución a muchos problemas puede estar en la actitud con la que se enfrenten y no dejarlos venir, no darles tiempo a que cojan carreras. Plantarnos delante y placarlos, pum, al suelo. Y a por otro. Y si en lugar de un placador hay diez mil, menos espacio para el problema, y si yo fallo llega la segunda cortina, o la tercera, o la cortina dos mil quinientos treinta y cinco. Uno al lado del otro.

Toda esta introducción para intentar templar los nervios para escribir sobre la última mujer asesinada a manos de su pareja. Me niego a darles la cortesía de distinguir sus crímenes como “violencia de género”, el género no mata, matan los cobardes, los mezquinos, los canallas, los sinvergüenzas, la escoria, esa gentuza es la que mata. Y no es justo que tengan un trato de favor como “agresión de género con resultado de muerte”, como oí en un noticiario. Son asesinos, y merecen ser tratados como tales, y juzgados, y repudiados. El resto no podemos consentirles esta actitud más allá de manifestaciones de condena y minutos de silencio, que están bien ojo, pero debemos estar en una actitud de defensa activa. Preparados para placar. Por cada desgraciado que se cree por encima de una mujer estamos miles que no lo hacemos, que nos huelan, que nos intuyan, que sepan que estaremos allí. Que cada mujer en esa situación sepa que estamos todos, pero que estamos de verdad no en los carteles o en el 016, que estamos por si en algún momento pide ayuda, y estamos para remangarnos y placar. O lo que se tercie. Que pueden respirar, que estaremos ahí, para que renazcan.

Matar a alguien delante de sus hijos no merece más apellido que el de asesino. O con apellido, asesino de mierda. Sin defensas, sin justificación, sin medias tintas. Me encantaría pensar que estaremos todos en la medida de nuestras posibilidades, formando un muro, por aquí no se pasa. Y pobre de ti si lo intentas.

Hay más buenos. Hay que ganar. No hay sitio para esto.

Y cuando ganemos, cuando no quede rastro de cobardes que matan porque no tienen valor de asumir su fracaso, que se prepare el resto. Porque ninguna muerte es justificable, ninguna. No vamos a permitir que nadie viva con miedo. Que se olviden. Son menos, y ya han hecho suficiente daño.

Pero hay muchos renacidos, hay muchos Hugh Glass que se han sobrepuesto y lo seguirán haciendo, y mientras aún puedan sostener un aliento, seguirán peleando. Respirad... Seguid respirando. Estaremos justo aquí. Pero no os rindáis. ¿Me oyen?

¿Saben que es lo mejor?, que la historia de Hugh Glass es real. Existió. Decidió seguir respirando. Vayan a ver la película, y decidan qué o quién  será su renacido. Y si conocen a alguien que esté metiendo miedo, háblenle de nosotros. No se lo vamos a permitir. Somos el muro defensivo. Ni una más. Ni una víctima más en manos de nadie.


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