Opinión / Sabatinas

Objetivo vs. Expectativa

Por Fermín Mínguez 04 mayo, 2019 - 9:50

Es conveniente diferenciar entre lo que uno quiere lograr y las posibilidades que tiene de lograrlo con los medios que pone para ello; porque si no aparecen las decepciones, cuando uno está convencido de que conseguirá algo y se da cuenta de que cuesta más de lo que piensa, ¿les suena? Hoy hablaré de él, sí, estamos pensado en el mismo: Tiger Woods, ¿no?

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La RAE, tendremos que habla de lo nuestro en algún momento, define objetivo en su acepción de objeto, como “fin o intento a que se dirige o encamina una acción u operación”, es decir el objetivo es aquello a lo que dirigimos nuestras acciones para lograr algo.

Es voluntario y buscado, exige una planificación y una intención. Pero la definición no dice nada de que se consigue siempre o de que baste con dirigirnos a un objetivo para conseguirlo. Esa entrada con “fin o intento” es bestial, es como decir que puedes llegar o quedarte en el camino pero en versión reducida, como para tatuaje. Supongo, porque nos tratamos poco, que Tiger Woods tenía como objetivo volver a ganar el Masters de Augusta en 2006 pero parece que hasta 2019 la dirección de sus acciones no se dirigió al fin correcto. O lo creía tener, porque le ha costado catorce años volver.

Por expectativa mi compañera se pone más poética, y la define como la esperanza de realizar o conseguir algo. O también como la posibilidad razonable de que algo suceda. ¿No les parece bien bonita la definición de expectativa?

Esperanza y posibilidad razonable, ahí pasamos gran parte de nuestra vida en la expectativa más o menos razonable. Desde la más infantil de “si la bola de papel entra en la papelera es que sí y si no entra es que no” y lanzábamos según nos interesaba; a la más adulta de “como me lo merezco, porque así lo he decidido, voy a esperar a que me lo conceda”.

Que seguro que ninguno de ustedes lo ha pensado nunca, pero les aseguro que hay gente que se molesta porque no le dan lo que creen merecer a pesar de que no hagan nada para merecerlo, o incluso hacen todo lo contrario y luego se sorprenden de que su resultado no cumpla la expectativa. Afortunadamente esto pasa muy poco, claro, y casi nunca en política, menos mal, donde cada partido se hace responsable de sus campañas, su compromiso y por su puesto de sus resultados sin culpar a terceros.

La diferencia principal entre objetivo y expectativa es la parte subjetiva, porque la esperanza es subjetiva, además de adictiva, y lo razonable la mayoría de las ocasiones lo definimos nosotros mismos. Ejemplo claro de expectativa es la adolescencia, que no me negarán que es una de las partes más subjetivas de la vida, donde la expectativa de ligar, llegar más tarde a casa, o conseguir algo más de dinero poco tenían que ver la mayoría de las veces con la realidad, que no solía ligar tanto como queríamos, imponía un par de horas antes la vuelta a casa y no era tan generosa como creíamos necesitar. Luego crecemos y la expectativa la ponemos en manos de la ONLAE en forma de Gordo de la Primitiva o los Euromillones, aunque aquí la parte de lo razonable la obviamos.

Quizás lo de Tiger en 2005 era expectativa más que objetivo, y se mantuvo en la expectativa a pesar de ese descenso a los infiernos físico y personal que culminó con aquellas imágenes de su detención por conducir en 2017 drogado, o bajo influencia que dicen los americanos en uno de sus eufemismos que mas me gustan. Podemos estar convencidos de que merecemos algo, tener la capacidad para conseguirlo pero ir tomando una mala decisión tras otra hasta estar lo más lejos posible de nuestro objetivo, y lo que es peor, convencidos de que se nos está negando el pan y la sal a pesar de nuestro esfuerzo.

Es como si, imagínense, la culpa de unos resultados electorales peores de lo esperado fuera de los otros partidos o, yo que sé, una temporada deportiva horrorosa fuera culpa del VAR, cuando en ambos casos lo que puede pasar es que haya faltado planificación y estrategia y haya sobrado cierta prepotencia. En otros clubs y partidos que no son los suyos, claro, en los otros siempre, no se ofendan.

Soy fan total de las personas que son capaces de reinventarse y renacer, me fascina que Tiger haya querido volver y lo haya conseguido. Que después de ese descenso a los infiernos donde perdió casi todo incluidos sus hijos, que estuvo cerca, siguiese manteniendo la fe en sus capacidades para volver a ganar un grande once años después me reconforta con la vida, que quieren que les diga. Y rearma esa esperanza maltrecha que la vida sacude y que hay veces que mantengo encendida a base de ejemplos como el de Tiger y canciones de northern soul.

Es fantástico tener expectativas, pero conviene ir armándolas de objetivos para alcanzarlas, ¿no les parece? Da igual el nivel de infierno al que bajemos, siempre habrá un objetivo de mejora que conseguir, conscientes de que el éxito no tiene por qué ser ganar un grande, sino en ser mejor de lo que éramos. No desistir puede ser a veces la mayor de las empresas que podemos abordar; segur teniendo fe en nosotros mismos la mejor de las estrategias de mejora posible y seguir apostando por nuestros objetivos aunque no los consigamos la mayor garantía de conseguirlos. Y esto se puede hacer desde cualquier punto vital en el que nos encontremos, y lo digo sin poesía. Resistir no es poético aunque lo recordemos así muchas veces, lo que sí es es meritorio la mayoría de las ocasiones y no sería justo quitarle ese valor.

Añado a Tiger a mi galería de personas que resistieron y consiguieron volver, junto a muchos cercanos anónimos y justo detrás de Robert Downey Jr., que siempre encabezará mi lista en la sección famosos que volvieron, uno di noi.

Equivocarse y volver. Caer y volver. Dejarse ir y volver. Resistir y volver. Incluso volver y volver a caer. Y no se vuelve, que es una opción válida, que sea por decisión propia. Ni tú, ni nadie. ¿Juegan?


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