Opinión / Sabatinas

Neofelicidad

Por Fermín Mínguez 23 Marzo, 2019 - 8:43

Tanta teoría sobre el cambio social y la razón puede que esté en un cambio biológico. Tanto creernos por encima de todo para al final rendirnos a la realidad de lo que somos, la biología como motor y la oxitocina como eje.

Si nos ha de doler la cabeza que sea por falta de sueño y no por desborde, y el estómago de reírnos no de preocuparnos. No por miedo.
Si nos ha de doler la cabeza que sea por falta de sueño y no por desborde, y el estómago de reírnos no de preocuparnos. No por miedo.

La idea me la regaló Sara comentando el artículo de la semana pasada. No me cansaré de dar gracias por todo el talento que me rodea, así es todo más fácil. Tener amigos que además de cuestionarte siempre, te inspiren es un regalo. El regalo. Pues bien, en la conversación en cuestión me llegó un mensaje que partiré en dos para desarrollarlo mejor, aunque creo que no hacía falta añadirle mucho más.

Empezaba así:

“Hoy leía que nuestra biología ha pasado de ser oxitocínica a vasopresiva. Esto implica que la información del ambiente ha migrado de la oxitocina, generadora del amor incondicional, a la vasopresina, alertadora del peligro”.

No me digan que no es bonito, “generadora del amor incondicional”, dan ganas de meterse un chute en vena de oxitocina ya mismo. Como sabrán la oxitocina es una hormona que se segrega a caudales durante el parto para favorecerlo y también se vincula a la lactancia, pero no es sólo eso que sería más que suficiente, sino que parece que también interviene en la forma en la que establecemos las relaciones sociales. Se vincula con la generosidad y la confianza, tiene sentido, no se me ocurre nada más generoso que dar la vida y alimentarla. Va incluso más allá de las relaciones con otros, también interviene en cómo conectamos con nosotros mismos. No parece buen augurio que la hormona responsable de procesos como la generosidad, la amistad, la empatía o la confianza pierda terreno.

Es efecto y consecuencia, pierde terreno porque el ambiente está girando a otros códigos de información, y esto a su vez empeora la situación. Menos estímulo positivo, menos positividad de la que beber, que provoca menos estímulos positivos. Estupendo. En lugar de vivir buscando la felicidad lo hacemos evitando el peligro. La primera es una felicidad con mayúsculas, buscada y consciente, la segunda es una especie de “Virgencita que me quede como estoy”, que como proyecto es una birria. Vender como éxito vital haber evitado el peligro es de una cobardía vergonzante. La vida tiene que doler, la búsqueda de felicidad también y esto no es masoquismo, es asumir que esto funciona así.

El mensaje seguía diciendo:

“Eso nos ha hecho transitar de criterios de calidad a cantidad y nos ha convertido en adultos inestables, con dificultades para el compromiso, que sentimos la vida como una batalla.
No me extrañan pues los comentarios que te pedían sangre”.

Bofetada. Tiene todo el sentido, ¿no les parece? Encaja con ese enfrentamiento constante, con ese amontonar como defensa, ese diogenismo emocional que nos hace acumular lo material para justificar el vacío emocional. El concepto de que la mejor defensa es un buen ataque aplicado a evitar el sufrimiento personal. Gritar más alto, mas fuerte y más lejos, una especie de olimpiadas del arrabal. Buscamos que el otro sea más inestable que nosotros en lugar de promover la propia estabilidad. Pudiendo elegir ser felices nos basta con que el otro no lo sea.

Uno de los efectos directos es que contaminamos el ambiente, lo envenenamos hasta hacerlo irrespirable y nos ponemos a la defensiva en lugar de a la proactiva. Esto agota y nos consume, nos exige un esfuerzo extraordinario defendernos, cuando toda esa fuerza se podría invertir en crear. Cuánto mejor sería ser creativos que defensivos, generar oportunidades en lugar de frenarlas.

Permítanme utilizar otro ejemplo inspirador de esa semana: salir con ropa interior limpia. No es lo mismo ponértela por la mañana pensando en que quizás tengas que ir al médico, que hacerlo por la noche preparado para lo que pueda pasar. Nada que ver, ¿no creen?, aunque el hecho sea el mismo, el planteamiento no tiene nada que ver y la forma en la que uno plantea.

El ambiente y la persona. La biología y sus interrelaciones. Es importantísimo generar el mejor ambiente posible, oxitocinarlo, predisponernos a la felicidad poniendo los medios que estén a nuestro alcance, que no sea por actitud. El peligro existirá igual, siempre, no le demos más galones de los que ya tiene. Si nos ha de doler la cabeza que sea por falta de sueño y no por desborde, y el estómago de reírnos no de preocuparnos. No por miedo.

Los neurotransmisores en actividad.


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