Opinión / Sabatinas

Nah

Por Fermín Mínguez 23 noviembre, 2019 - 9:17

La semana que viene hará sesenta y cuatro años desde que Rosa Parks se negó a levantarse y ceder su asiento en un autobús a un blanco. 

La semana que viene hará sesenta y cuatro años desde que Rosa Parks se negó a levantarse y ceder su asiento en un autobús a un blanco.
La semana que viene hará sesenta y cuatro años desde que Rosa Parks se negó a levantarse y ceder su asiento en un autobús a un blanco.

No sé a cuantos pensadores recuerdan de ese año, o a cuántos políticos que legislaron sobre discriminación racial, sin embargo estoy casi seguro que muchos de ustedes saben quién es esta mujer negra. Ella actuó.

Lo pensaba el otro día cuando entre un montón de camisetas con mensajes motivadores largos, muy coelhistas todos, que hablaban de nuestro yo interior, de pensar en positivo, de lo que nos espera al final del camino, lo que nos dará el destino si somos buenos y alguna cosa más de arriba los corazones y que a la bin, que a la ban, y que también a la binbonbán. Todas preciosas y todas reales, es verdad, pero todas se quedan en el umbral de la decisión. Y de repente allí estaba, una camiseta negra, sencilla, con una sola palabra y debajo el nombre de su autora y la fecha:

Nah.

Rosa Parker. 1955.

Me encantó. Nah, como resumen de todo lo que significaba esa negativa a ceder el asiento. He de decir que me la imaginé diciendo ese Nah con acento gaditano, que no sé si yo si alguien de Alabama puede tenerlo, pero le queda bien seguro. Ahí plantada, diciendo Nah. Un Nah que resumía kilos de papel con sesudas reflexiones, horas de debates, kilómetros de manifestaciones y millones de conversaciones estatales, nacionales e internacionales.

¿Se levanta?

Nah

Es fantástico que alguien te ayude a tomar decisiones, que te aconseje o que te instruya e ilumine con el candil de su experiencia (¡chúpate esta Paulo!), pero de nada sirve la reflexión si no te lleva a la decisión. De nada sirve desear el bien si no se hace, de nada sirve creer en uno mismo si no nos damos la oportunidad de demostrar esa valía. ¿Qué da mucho miedo?, da pavor, vértigo, o y esto me lo deja decir la RAE, , te putomueres de miedo. Como tenía que estar Rosa en el autobús, supongo. Los procesos de consejo, refuerzo, coaching o como quieran llamarlos están muy bien si desembocan en una toma consciente de decisiones. En la acción. En el obras son amores está siempre el final de un camino y el comienzo del siguiente.

El término coach viene del mundo del deporte, es el entrenador. Esa persona que planifica los entrenamientos, decide cómo se juega y quién lo hace. El entrenador está siempre en la decisión activa, en la toma de decisiones efectiva que tiene repercusiones directa en los resultados. Plantear mal un partido, en estrategia o en perfiles, te lleva a perderlo. Eso es así, y punto. No hay segundas oportunidades, no al menos para ese partido. Para otros habrá miles. Igual la vida es eso, igual lo que hay que entrenar es la decisión efectiva y no tener miedo a perder. Menos asegurar posiciones para que no pase nada y más provocar que las cosas pasen. Más pick and go en la vida, coger el balón y chocar, ¿se acuerdan?

No me puedo imaginar a mi entrenador, porque coach se le queda pequeño, haciéndome ver las ventajas de seguir corriendo un poco más, alentándome a ser consciente de que un esprint más puede tener efectos buenos si en algún momento decido ejecutar lo conseguido en el proceso de correr en los entrenamientos. Y sí que lo veo dando un grito para decirme que qué narices hago parado, que me queda la última tanda y que la única forma de jugar a esto es vaciándote. Añadan un par de piropos relacionados con la edad y lo tienen. Ni con acento gaditano se endulza.

Un entrenador tiene que llevarte a la acción. A decidir y a tomar el riesgo. Alguien que sólo te da las herramientas no es un entrenador, es un vendedor. Quién te acompaña en la decisión y los riesgos sí lo es, más allá de exponerte sus ideas. El pensamiento no delinque jamás, pero su puesta en marcha puede que sí, claro que sí y eso es lo complicado. Estoy convencido de que a la vida se viene a jugar, y no solo a razonar. Y miren que se lo cuento parapetado desde estas páginas que lo soportan todo, pero se vive viviendo, por imbécil que parezca, y asumiendo riesgos.

Le voy a pedir la camiseta de Rosa a los Reyes Magos, a los cercanos les pediré ayuda y paciencia y las agallas las tendré que poner yo.

Y al destino, ese díscolo desconocido que nos espera a la vuelta de la esquina de la vida, que diría Coelho (como me lea algún día, la tenemos), a ese destino y a su chantaje, ¿saben que le digo? Efectivamente, que Nah, que ya me lo voy construyendo.

Claro que sí, ¡claro que nah!

¿Juegan?


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