Opinión / Sabatinas

Morir tenemos

Por Fermín Mínguez 01 febrero, 2020 - 8:43

La muerte de Kobe Bryant y la alerta por el coronavirus han puesto esta semana la muerte otra vez en los titulares. Ese miedo irracional que nos entra cuando la muerte sacude pero, ¿es el hecho de morir o lo impredecible de la muerte lo que nos inquieta?

Los aficionados despiden a Kobe Bryant
Los aficionados despiden a Kobe Bryant

Se atribuye a los Cartujos eso de “Morir tenemos, hermano ya lo sabemos”, al igual que algunas otras costumbres relacionadas con el silencio y la muerte que, al ser una orden de clausura y semi eremita, qué bonita palabra, y sus conventos no pueden visitarse, no son fáciles de confirmar.

Hay una que dice que cada día cavaban un poco de su propia tumba, conscientes de que esta se iba a producir, como forma de prepararse o de tomar conciencia. No sé si es verdad pero me parece una forma preciosa de enfocarla. También se dice que se entierran sin ataúd, sólo con su hábito, y que en la cruz no figura ningún nombre. ¿Que por qué les digo esto?, porque me parece una de las formas más lógicas de afrontar la que es quizás la única cosa que tenemos garantizada en el momento en que nacemos, que tendremos un fin.

Esta semana nos ha zarandeado la muerte de Kobe Bryant y su hija, angélico. Un atleta amable de cuarenta y dos años, todo un icono del baloncesto y del deporte y su hija de tan solo trece años. Las reacciones han sido espectaculares, desde todos los lugares del mundo y de todos los perfiles posibles. Sentidos la mayoría, aprovechados algunos, como suele ocurrir, pero una reacción global. Una de las más comunes era que no era justo, que era una auténtica consternación, que no se podía esperar… Pero la cuestión es que sí, que el hecho de que sea inesperado depende más de nuestra percepción o expectativa que del hecho en sí.

Los que viajen mucho en tren o en metro estarán hartos de escuchar ese mensaje de que la bajar tengan cuidado “para no introducir el pie entre coche y andén”, ¿les suena?, pues estoy seguro de que la mayoría no presta, prestamos, atención seguros de que no nos caeremos. Siempre se caen otros, los despistados, los viejos, los torpes, esas cosas que no somos ni seremos, ¿verdad? De hecho da igual que veamos algún día caerse a alguien, pardillo, a nosotros no nos pasará. A pesar de que el hueco existe, a nosotros no nos pasará. Hasta que nos pasa y entonces nos sorprendemos. Buscamos culpables e intentamos disimular el dolor, pero nos ha pasado. De repente el hueco nos importa y deja de ser una cuestión de otros. Igual me paso de dramático, pero nos hace sentirnos frágiles.

Eso mismo nos pasa con la muerte, creo. No es que nos duela la muerte de Kobe, que también claro, es que de repente y por unos días, pocos, tomamos conciencia de que cualquiera puede morirse en cualquier momento. De que el hecho de que yo espere morirme a partir de los cien años, por ejemplo, no implica que mañana no me despierte. Y eso escuece.

Es como quien entra en paranoia con el coronavirus y mira con rencor a cualquier chino con el que se cruza, mientras lleva años con una alimentación desastrosa, o fundiéndose las neuronas a base de cosicas raras… Vamos a ver, ¿no será más importante tener control sobre lo que uno puede tenerlo que sobre lo que no?

Leía, y espero que sea más falso que un duro de madera, que esto podría tener como origen la sopa de murciélago. Que hay que ser descerebrado para poner a hervir un bicho de esos, pero lo malo es que me parece tan inverosímil como posible. Me preocupa bastante más las familias que deciden no vacunar a sus hijos que el coronavirus, por ejemplo. Si realmente hay una epidemia fatal, despiadada y asesina en al que tengamos que morir la mitad de la población, no lo duden, moriremos. Entre tanto iremos escapando con unos cuantos muertos aquí y allá, mejor en China o en África, que cuestionan menos, y nos volveremos a refugiar en ese concepto de que son otros los que se mueren de forma anormal y nosotros lo haremos de forma controlada y a su tiempo. Inocentes.

Tros suele nombrar un sketch de Faemino y Cansado que hace referencia a la muerte del Fary, que define esto muy bien. Cuando piensan que es El Fary se muestra muy preocupado, para luego, cuando es otro el muerto, decir “que ya habría vivido bastante”. Y de la preocupación pasan a la burla. Así somos, si no nos toca nos aislamos y miramos hacia otro lado para que pase de largo.

Me temo que esto no funciona así. Que para el que muere la vida ya ha sido bastante porque no tiene otra opción, no hay una bola extra, y eso es lo que tendríamos que ver, que nuestra vida es siempre bastante, pero bastante hoy. Que eso de guardar vida para luego es un absurdo, que no vamos a vivir más de lo vivamos, créanme. Que a lo mejor hay que hacer como los cartujos preparando sus tumbas pero en lugar de cavar un hoyo celebrar algo que pueda quedar como recuerdo. Un poco cada día, y cada día mejor. Guardar un rato para la vida de verdad, para mandar ese mensaje bonito, para llegar a casa antes, para celebrar una estupidez o para hablar con quien queramos. Ganarle tiempo a la muerte a mordiscos de vida. Igual lo que hay que hacer es morir todos los días un poco a base de vivir más. Y ser conscientes de que no estaremos el día que nos toque firmar el finiquito, y que lo único que quedará serán los agujeros de alegría que hayamos ido cavando.

O la mejor no. A lo mejor lo que toca es que vivir amargados por la amenaza, hiper ocupados para que no podamos pensar, dándole importancia a las mierdas más inverosímiles con tal de ocuparnos y creernos imprescindibles mientras amontonamos lo que sea como garantía de que lo tendremos cuando podamos disfrutar de ello. Y mientras tanto sorprendernos hasta el desmayo cuando otro atleta muera sin habernos pedido permiso o veamos toser a un chino.

Tengo la impresión de que no es tanto el idílico carpe diem, sino una cuestión más de memento mori. Saber que vamos a morir no tiene por qué ser algo negativo, al revés, tiene que ser el acicate que nos ayude a vivir. Ser consciente de que te puede caer un rayo no implica que hayamos de vivir con miedo a que nos caiga, ¿no creen?

Pero no se preocupen, a ustedes seguro que no les pasará nada malo, eso nos pasa a otros.

Que igual lo mejor que nos puede pasar es que nos parta un rayo, vayan ustedes a saber.


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