Opinión / Sabatinas

Las medias tintas con la Policía Municipal

Por Fermín Mínguez 22 octubre, 2016 - 9:49

Dar un paso adelante puede tener como casi todo en la vida cosas buenas y cosas malas, pero lo que tiene seguro son consecuencias que habrá que asumir. Si son de las buenas no cuesta mucho, pero si son de las malas; entonces ya no es tan fácil enfrentarlas.

Y esto nos pasa a todos en un entorno doméstico. Por ejemplo, practicar algunos deportes a cierta edad puede acarrear lesiones, que además cuestan más de curar. Pero es una decisión personal. Si tienes que pegarte 3 meses en el dique seco, toca aguantarse, esforzarse por recuperar y hacer todo lo posible por volver lo antes posible. Pero el responsable es quien toma la decisión de volver a jugar a rugby a la edad del pádel.

Sería un absurdo que ese anónimo y desconocido jugador empezase a echar la culpa al clima, a la presión del rival, a la deficiente evolución del ser humano que debilita las fibras a partir de los 40 años, o a que nadie le avisó de que en los deportes de contacto pasan estas cosas. Si no hubiera querido asumir el riesgo, me hubiera quedado en la grada, comiendo pipas y bebiendo cerveza (aquí es legal porque no necesitamos los estadios para pegarnos) y opinando como los jubilados en las obras.

Y tan contento, oiga. Sin dolores, descansando los fines de semana, durmiendo del tirón con los tobillos sin parecer bolas de billar y pasando más tiempo en casa. Pero perdería la adrenalina, la sensación de robar un balón, de placar, del apretar el mordedor, de verte formar parte de algo grande, de reconocerte en las miradas de tus compañeros, de dar un poco más cuando no puedes, de celebrar un triunfo o rabiar una derrota. Y ese sentimiento es el que te hace seguir, o volver. Y merece la pena cualquier sufrimiento. Cualquiera. Y el peaje es bajo si es alguna lesión que otra.

Entiendo que algo parecido es lo que te hace dar el salto a la gestión pública o a la política de primera línea. Eso y la voluntad de servicio público, abnegado y desprendido, claro. Y supongo que habrá una parte de proponer, de cambiar, de quitar y poner escudos, de procesiones y de ruido.

Pero hay otra parte que es más institucional, de estructura, a la que no se puede renunciar, guste más o menos. Y toca hacerle frente. Cuando toca dirigir, toca asumir consecuencias. Aunque lo que pida el cuerpo sea repicar y estar en misa, la realidad, que es siempre tozuda, se acaba imponiendo y te devuelve una imagen que quizás no quieras ver. Una especie de cuadro de Dorian Gray de la moral.

Reconozco que tengo simpatía por la Policía Municipal de Pamplona, no solo porque tengo algunos amigos dentro sino porque mi experiencia con ellos nunca ha sido mala. Y mira que les hemos llegado a incordiar. Y que nos han cerrado bares, y puesto alguna multa, pero siempre los he percibido como una institución de cercanía. Y muy vinculada al día a día de la ciudad.

Quizás sea por eso por lo que no acabo de entender este último episodio del desalojo en el paseo de Sarasate de Pamplona, donde se envía a la Policía Municipal, con su responsable al frente, a desalojar un edificio recién ocupado, y que después de hacerlo, los responsables directos de esta policía, concejalía y Ayuntamiento deciden que no está bien lo que han hecho ellos mismos a través de su policía.

No voy a juzgar el hecho de la ocupación en sí, no soy quien, pero sí que se decida intervenir y luego se deje a los pies de los caballos a los funcionarios que dependen de ti. Es como si apareciese ahora el Ministro de Hacienda y dijera que lamenta mucho que tengamos que pagar pero es que los funcionarios de base cargados de mala intención sólo quieren recaudar. O como si Amancio Ortega dijese que él no quiere ganar dinero, pero que el personal de Zara no hace más que cobrar en caja…

Esto era muy sencillo, si no parece bien, si no crees oportuno un desalojo, no envías a la policía municipal, permites la ocupación y asumes las consecuencias. O decides desalojar, y asumes las consecuencias. Lo que no vale es decidir una cosa y defender la contraria. Intentar salir limpio, sobre todo porque ha habido unas personas que acatando una orden se han jugado el tipo, y encima luego se les deja solos.

Entiendo que es más fácil ver el encierro desde un balcón, pero si decides bajar toca correr y a veces apartarse y puede que te pisen, o que te den un codazo o te corneen. Si no, no bajes.

En estos tiempos de cambio político estaría bien algo de cordura y coherencia política. Poca credibilidad tiene quien culpa de su gestión a sus niveles inferiores. Eso no es cambio. De eso tenemos llenos los juzgados, de mando intermedio que gestionaba y se lo llevaba crudo. Y demasiado vacíos de responsables que nunca sabían nada. Gobernar para todos significa que a veces los tuyos no tendrán razón, o sí, porque cuando gobiernas los tuyos se suponen que son todos. Pero eso parece una batalla perdida, me temo que es el denominador común de la vieja y la nueva política, echar la culpa al boogie.

Cantaré mientras asumo la lesión, consecuencia de mis decisiones. Las mías.


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