Opinión / Sabatinas

La Manada: lo que se permite, se promueve

Por Fermín Mínguez 22 junio, 2019 - 9:15

Ya conocemos la resolución del Tribunal Supremo sobre el caso de la Manada. Endurece las penas y lo considera violación, no solo abuso. Me alegro, sinceramente, pero más allá de por la sentencia en sí, por lo que supone como mensaje y ejemplo.

Sala de Visitas del Palacio de Justicia de Navarra en la que tendrá lugar el juicio contra 'La Manada', presuntos autores de una violación múltiple en los Sanfermine (29)
Sala de Visitas del Palacio de Justicia de Navarra en la que tendrá lugar el juicio contra 'La Manada', presuntos autores de una violación múltiple en los Sanfermine (29)

Lo que tuve que decir de caso ya lo dije, ya me cayó la que tocaba y no considero necesario volver a hablar de esta gentuza, insulto y definición conjunto en este caso. Ahora les toca asumir la condena por sus hechos, confío en que quince años sean suficientes para la reflexión.

Lo que me parece más relevante de esta sentencia es lo que transmite, el aviso a navegantes o al menos a los navegantes que quieran escuchar. Considero que la ley, además de estar para cumplirse está para dar ejemplo a la sociedad, y además ser por sí misma palanca de cambio de las leyes. Quiero decir que la interpretación judicial, de los jueces, de la norma se adapte a las necesidades y realidades de la sociedad en al que vivimos y ellos juzgan.

Normalizar que cinco mamarrachos tengan relaciones sexuales no consentidas (sentencia dixit) alegando que tampoco se negara expresamente o que la muchachada había bebido y que se pueden malinterpretar las señales es volver a la teoría el hombre blandengue de El Fary y promover que hay ciertas conductas que se permiten a pesar de lo que suponen.

Podremos culpar al porno, al heteropatriarcado o a la luna en cuarto creciente, pero la verdad es que a estos cinco orangutanes los hemos tratado como a estrellas de rock, grabándoles al entrar y salir del juzgado en actitud chulesca, hemos debatido sobre qué parte de culpa tenía la víctima, esgrimiendo que si luego ha rehecho su vida no seria para tanto. Que es la misma sandez que decir que si después de que me roben todo lo que tengo me rehago y vuelvo a tener dinero es que me tenían que haber robado más. Y así nos va. Lo que se permite se promueve. Una sentencia que dude, y entiendo que es porque la ley tal y como está escrita lo permite, que un cinco contra uno en situación de indefensión no comporta violencia promueve que estos actos se consideren como posibles. No sé a ustedes pero a mi me horrorizaba escuchar que aparecían manadas por otros puntos del país, como si se hiciera real la amenaza de la serie The Following, recomendada, donde un asesino genera una legión de seguidores por sus actos.

Esto no es culpa de la ley, claro, es culpa de lo que cada uno percibe, de lo que formamos y de lo que transmitimos a las generaciones siguientes de cómo es la relación entre mujeres y hombres. Pero hay una arte de responsabilidad irrenunciable en quienes interpretan la ley, y es valorar el impacto que tienen en la sociedad sus decisiones. Hay una responsabilidad que toca asumir a quien tiene responsabilidad, redundando sí, pero es cierto.

La justicia se ejecuta a posteriori, una vez cometido el hecho, pero se genera a priori, sembrando ahora el escenario donde se crecerá en el futuro. Lo mejor de esta sentencia a mi modo de ver es que después de un debate social intenso lo que dice es que si alguien cree que este tipo de prácticas son aceptables, que imponer el criterio de tu necesidad o apetencia sobre otro sin contar con su aprobación, que aprovechar la ventaja del número o la fuerza para hacer valer tu criterio, y aprovecharte de esto para silenciar a la víctima, se va a encontrar con una decisión judicial que piensa lo contrario.

Kikers, con r, siempre defiende que hay que confiar en el sistema judicial, y nos enganchamos con frecuencia porque confiar no significa que no se puedan cuestionar sus decisiones. Es más, hace unos años seguramente no se hubiera producido toda la movilización que se ha generado ahora con la sentencia. Nueva realidad y nuevas necesidades.

Claro que los cambios son lentos y que seguirá habiendo actitudes absolutamente desfasadas que seguirán produciéndose, claro que seguirá habiendo anormales que como un criterio de decisión en las relaciones personales sea el genital (y ojo porque anormales y genitales son neutros, todos tenemos, ambos sexos, ojo), claro que seguirá habiendo quien se aproveche de su posición de poder para decidir sobre terceros en lugar de asumir sus responsabilidades. Claro. Pero ya hay menos de todo esto que hace veinte años. Y mucho menos que hace cuarenta. Así que toca seguir insistiendo en el cambio, a golpes y a versos como decía Machado.

Merece la pena trabajar en aquellos modelos que promueven un cambio real, y condenar al ostracismo a la vieja guardia que cree que los criterios se imponen por sus pistolas, y que estas siempre valen. Permitamos aquello que queremos promover, y no consintamos lo que queremos erradicar, en lo cercano es posible. Y la sociedad se construye de millones de decisiones cercanas, cada uno aguantando su vela. No vale decidir una cosa cuando depende de nosotros y quejarse de la contraria cuando no. Eso es trampa.

De momento hay cinco anormales menos en la calle que van a tener unos cuantos años para reflexionar, y con un poco de suerte habrá un buen puñado de cobardes a los que la sentencia, y los quince años de cárcel posibles, les haga pensar. Poco a poco, aprovechemos para seguir avanzando. Queda mucho por hacer todavía, por cambiar y por prevenir. Quizás llegue un día en que no hagan falta este tipo de sentencias porque hemos conseguido que a todo el mundo le parezca aberrante abusar del otro, merece la pena trabajar por ello, ¿no creen?

Lo nuestro es pasar, pero podemos pasar dejando huella. Seguimos, ¿sí?


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