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Opinión / Sabatinas

Mahsa Amini, morir en Irán o cortarse un mechón en Europa

Por Fermín Mínguez 08 octubre, 2022 - 9:23

Está muy bien grabarse cortándose un mechón que crecerá en breve, pero el mejor favor que podemos hacer a las mujeres iraníes es garantizar que su lucha, y sus muertes, y las palizas que están recibiendo, no serán en vano.

Fermín Minguez Mahsa Amini, morir en Irán o cortarse un mechón en Europa. EFE/ Rodrigo Jiménez
Foto EFE/ Rodrigo Jiménez

Conocerán el caso de Mahsa Amini, la chica de 22 años a la que mataron en Irán por llevar mal puesto el velo, y por la que, en una respuesta inesperada, hay gente cortándose mechones de pelo en el resto del mundo. Mechones contra latigazos y balas.

“Me pilla muy lejos Irán”, decía el señor Marrón el otro día mientras desayunábamos; “y cada vez salgo menos de aquí”, añadía con ese tono tan suyo. Pensé que igual tenía razón, como suele pasar, pero me quedé pensando en la frase, remugándola, que uno es de razonamiento lento. Y no, no está para nada tan lejos. Ojalá.

Busquen ustedes, si quieren, claro, y tienen tiempo, imágenes de Irán hace cincuenta años. Ya sé que, para los de la ESO, cincuenta años es el pleistoceno, pero no es tanto. La mucha de la gente que veis por la calle, cuando salís de día, rondará esa edad, así que no hace tanto, créanme. En esas imágenes se ven mujeres yendo a la universidad con vestidos cortos, fiestas parecidas a los guateques de las pelis setenteras en España, alguna foto de equipos deportivos femeninos, combinadas con mujeres con hiyab, dando un aire de aparente normalidad. Y digo aparente porque no era oro todo lo que relucía. Era un régimen autocrático y con mucha desigualdad social, lo que provocó una revolución para mejorar el estado del país, como todas las revoluciones, y que ha acabado en lo que conocemos ahora.

En Irán, ahora, están deteniendo y matando a mujeres por no querer llevar el velo. Pueden corregirme dando sus visiones más técnicas desde la comodidad de su sofá, mientras toman un café, pero esto está pasando. Ahora mismo hay mujeres jugándose la piel, adolescentes echándole valor a una vida que no conocen, que se enfrentan a un sistema que, si no te mete dos tiros, te revienta a latigazos. Pero todo el mundo tranquilo, hay famosas europeas que se han cortado un mechón de pelo. Algunas de ellas incluso con rabia, ojo. Mechonazo contra el sistema. Estaría bien juntar todos esos mechones, llenar un avión, y lanzarlos por encima de Teherán, seguro que eso cambia el signo de la revolución. No falta, claro, un hashtag para redes sociales: #hairforfreedom. Ya tenemos la contrarrevolución montada, vamos con todo…

No está mal dar visibilidad, claro que no, pero es mucho mejor dar continuidad. De nada vale cortarse un mechón, (que, ya puestos, mejor raparse, más agresivo, que vamos a acabar protestando a través de mechas de colores), si el gesto queda ahí, en una publicación de Instagram, un comentario emotivo y poco más. Que está muy bien ser solidario, aunque a veces lo que hay que ser es proactivo.

“Me pilla muy lejos”, aunque quizás no tanto. Recuerdo que en las verbenas de pueblo, cuando era niño, y no tengo cincuenta años, se cantaba aquello de “ya llegó el verano, ya llegó la fruta y el que no se agache…”, y también recuerdo que se cantaba “maricón el que no baile (le, le, baile, le, le)” o “maricón el que se mueva (va, va, mueva, va, va)”, como animación festiva, ¿se acuerdan? Con una normalidad que hoy asusta. También recuerdo que mi madre me contaba la sorpresa que producía cuando la veían conducir su propio coche de un sitio para otro. Esto era parte de la cultura popular, muestra de lo fácil que era criticar y presionar a cualquier colectivo que cuestionase el sistema, y era anteayer, pero parece que ya damos por conquistados esos derechos, dando por hecho que no los podemos perder. Supongo que lo mismo que pensaban las iraníes en los 70, que ya no volverían a la obligación de velos y burkas, y miren ahora como están. Lo que nos demuestra lo frágiles que son las conquistas sociales.

La gran batalla por ganar es la libertad de elección, que nadie pueda imponer un criterio vejatorio a un tercero, y esto está lejos de garantizarse porque siempre habrá quien, agazapado en el arrabal de los avances sociales esté esperando su turno para volver a imponer criterios que le den el poder que no puede ganarse a través del respeto. Quien dice arrabal dice escaño parlamentario o persianas. Siempre habrá alguien esperando su oportunidad, y alguien dispuesto a darle alas, claro.

Hay un personaje que me fascina en Django desencadenado, de Tarantino, que es Stephen Warren, brillantemente interpretado por Samuel L. Jackson. Stephen es un esclavo negro, mano derecha de su dueño, y al que no le tiembla la mano para castigar y ejecutar a otros negros con tal de mantener su estatus privilegiado de esclavo que no vive tan mal. Siempre habrá un Stephen dispuesto a defender su nivel de vida a costa de sus iguales, siempre habrá quien prefiera una esclavitud amable que una libertad incómoda. Porque no olviden que si la situación en Irán está como está es porque a alguien le parece bien, ojo, hay a quien le conviene ese horror que ven en los videos en sus teléfonos móviles de mujeres muertas y fustigadas en público, y al que contestamos con un hashtag y un mechón de pelo, mientras en la vida real seguimos riendo las gracias sexistas, racistas o machistas de quien tenemos al lado porque, ya tu sabes, es así…

Si algún día esos Stephen Warren a los que consentimos tienen la posibilidad de ejercer cierto poder, no duden de que lo harán.

Es mucho más fácil reforzar lo conseguido que defender lo perdido, no lo duden, y menos traumático y doloroso.

Lo conseguido, llamémosle así que es bonito, tiene que ser un espacio común, libre de tendencias políticas o partidistas, ni de justificaciones, porque nos atañe a todos, y sobre todo, atañe a las generaciones que vendrán. No quiero que mi hija cuando crezca tenga que buscar cómo era la vida en España veinte años atrás y comprobar que ha perdido libertades.

Está muy bien grabarse cortándose un mechón que crecerá en breve, pero el mejor favor que podemos hacer a las mujeres iraníes es garantizar que su lucha, y sus muertes, y las palizas que están recibiendo, no serán en vano. Que estamos con ellas y con las generaciones que vendrán. Ellas sí que son valientes, son la esperanza de que no vale cualquier imposición, y están dispuestas a pagarlo con su vida.

La frase final de Stephen Warren en la película, es “siempre habrá un Candyland”. Candyland es la finca en la que vive y que está llena de esclavos, dando a entender que siempre habrá quien esté a favor de la esclavitud. La pregunta es si habrá también Kings y Djangos dispuestos a pelear.

Sean buenos pero, sobre todo, sean felices. Y proactivos, claro.


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