Opinión / Sabatinas

Los tópicos

Por Fermín Mínguez 12 octubre, 2019 - 9:43

“Como en casa en ningún sitio”, claro, por eso en cuanto tenemos un par de días libres y cuatro euros, nos largamos a donde sea. Es más fácil justificarnos con tópicos que tomar decisiones valientes.

"Ahí está el problema, que es más fácil señalar con el dedo que reconocer que algo hicimos mal o la situación se nos fue de las manos".
"Ahí está el problema, que es más fácil señalar con el dedo que reconocer que algo hicimos mal o la situación se nos fue de las manos".

Lo he comentado con ustedes alguna vez y es que me fascina la habilidad del refranero para defender y negar la misma situación según nos convenga. Ya saben eso de que al que madruga Dios le ayuda, aunque no por mucho madrugar amanezca más temprano, según esto parece difícil acertar la hora correcta para levantarse sin tener presión y recibir ayuda divina. Justificaciones vamos a encontrar siempre, por eso es tan fácil creer que somos los buenos y tenemos razón, porque siempre habrá algo que lo justifique. Esto s lo que pasa cuando se da más valor a la provocación que a la respuesta, seguro que alguna vez han escuchado en boca de otros, ustedes sé que no, claro, eso de “se lo merece por provocar”, o por portarse así, o por hacer tal o cual cosa que nos obliga a una respuesta que no queríamos dar.

Y una porra.

La obligación nos la creamos para justificar la respuesta más fácil. No existe más obligación que la de responder utilizando nuestras capacidades y ahí puede estar el problema, que si de capacidades andamos justicos, pues las respuestas serán básicas, o fáciles o violentas. Responder bien exige templanza y preparación, y tener claro qué queremos conseguir. Ese “venceréis, pero no convenceréis” atribuido a Unamuno y tan de moda ahora por la película de Amenábar.

La diferencia entre hacer lo correcto o no es un tema de voluntad, de querer hacerlo o no. Cuando cambiamos voluntad por ego y lo que se quiere es tener razón es cuando dejamos de cuestionarnos y pasamos toda la responsabilidad al otro, ¿les suena? Así es como llegan los problemas y nos enquistamos en que no nos merecemos lo que nos toca, no nos cuidan, nos persiguen, y todo es por culpa de los otros, es el día de Amenábar hoy, que nos obligan a responder como no nos gustaría, y que nos impiden desde ser educados o comprensivos a llegar a acuerdos de gobierno. Vaya gentuza los otros, es para reventarlos. Esos otros que nos obligan a madrugar para que nos ayuden o a dormir porque no amanecerá antes según nos convenga.

Hay una frase de Henry Ford que me encanta que dice que “tanto si crees que puedes hacerlo como si crees que no, estás en lo cierto”. Gracioso Henry, ¿no les parece?, y en este caso con más razón que un santo.

Las justificaciones con un cáncer para cualquier estructura o institución, profesional o familiar, porque anulan la capacidad de decisión individual apostando por una decisión general, como de media ponderada, cuando lo mejor sería analizar cada decisión como oportunidad única. Claro que esto supone asumir que habrá veces en las que ni tengamos razón, o lo que es peor, que esa razón la tenga otro. Ese otro sinvergüenza del que hablábamos antes puede llegar a ser un buen tipo. Siguiendo con el refranero, puede pasar que un día madruguemos mucho y no nos ayude ni el Tato, y tengamos que asumir que el error no es del Tato sino nuestro, es decir, que el error es de planificación y no de la consecuencia. Ahí está el problema, que es más fácil señalar con el dedo que reconocer que algo hicimos mal o la situación se nos fue de las manos. Construir estructuras (o relaciones) justificadoras lo primero que consigue es que perdamos la emoción por innovar y arriesgar, y quien no innova se muere del asco, o de la pena, o de la frustración, o de la rutina, o de lo que quieran, pero se muere.

Tener voluntad de mejora también implica saber que hay otros que lo pueden hacer mejor que nosotros y la culpa no será suya. Mi entrenador siempre dice que no le preocupa que otro equipo nos gane porque han sido mejores, pero sí que lo hagan porque nosotros no hemos puesto todo lo posible para ganar.  Y eso es así. Convertir al otro en peor porque me supere no me hará mejorar, justificar mi fracaso tampoco lo hará.

Hay un libro del que me gusta hasta el título, “Los asquerosos” de Santiago Lorenzo, editado por Blackie Books, donde aparece la frase “Se había pasado la vida buscando el triunfo un tío que no quería triunfar. Por eso fracasaba”. Pues eso. Fracasar en lo que queremos lograr no puede ser culpa de los otros, por mucho que lo queramos justificar. Si no queremos entendernos, nadie conseguirá que lo hagamos.

Porque ya saben lo que dice el refrán, ¿no? Sonrío.

La verdad te acerca al precipicio, que cantan 091. Y así.


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