Opinión / Sabatinas

Los patos (o no tener razón)

Por Fermín Mínguez 20 enero, 2018 - 9:43

Una de las mayores ventajas que tiene viajar es poder hablar con gente que poco o nada tiene que ver contigo, se aprende un montón escuchándoles, a veces hasta caes en la cuenta de que no tienes razón.

Patos en un estanque en un día invernal.
Patos en un estanque en un día invernal.

En un viaje reciente y tras una semana larga tenía un par de horas libres para dar una vuelta por la ciudad que no había podido ver hasta entonces y pregunté a la mayor fuente de información que existe en el mundo, que no es Google no: a un taxista.

- Claro, hay una reserva de patos aquí al lado, puede ir a verlos le llevo.

¿Patos?, ¿en serio?, primeras horas Iibres de la semana y el mejor plan en la zona es ir a ver patos. Creo que tuve suficiente con mi ración de infancia en la Taconera de Pamplona.

- No gracias, preferiría algo más entretenido, darme una vuelta, tomarme un café.

- ¿No le gustan los patos? Son entretenidos, a mi me encantan. Es relajante verlos nadar, y puede tirarles migas, en un día agradable y soleado como hoy (cuatro grados y viento que se lleva vacas volando) es un buen plan, no sé por qué dice que no sin conocerlo. Es espectacular (awesome dijo. Los patos espectaculares, tela)

- Gracias, déjeme en el centro.

- Es un santuario para ellos, se sienten seguros allí y crían y los puedes disfrutar mientras nadan, si ha tenido una semana dura pocas cosas mejores puede hacer.

Me explicó las migraciones, los cambios de pluma, la curvatura del pico, la diferencia de colores y la cría. Infancia, adolescencia y madurez del pato.

Y cerró con un gesto desagradable y un “Es usted un insensible por no ir, y me parece una estupidez que no vaya”.

Tócate las narices. Le iba a decir que se estaba pasando de listo, que ahora sí que iba a ser insensible, que si pudiera me comía a la naranja al pato Lucas, que con Donald y su familia entera (el pato no el presidente, que hay que andar con cuidado en las redes) incluyendo a esos sobrinos repelentes, me iba a hacer un pato Pekín en el chino y que como me volviera a nombrar un pato le dejaba el cuello como al del pato WC.

Pero entonces dijo “es lo que yo haría” y por suerte algo hizo clic en mi cabeza. Supongo que si vives en una zona donde lo habitual es estar alrededor de cero grados, con lluvia continua y nieve, un día en el que no llueve y hay sol sin nubes es un buen día, así que lo de que era un buen día hay que darlo como valido.

Y entiendo también que para relajarse puede ser una buena opción pasar un rato en un lago sin más preocupación que dar de comer a unos patos que pasan delante de ti. Sobre todo si te gustan los patos, claro. Vale que el tipo era insistente, pero sólo estaba contando qué es lo que haría él, no convencerme. Mi primera reacción fue defensiva intentando defender que era mejor irme a los bares y de tiendas que al plan de jubilado que me proponía. No era necesario discutir, ni él iría de compras ni yo al santuario del patismo, y seguiríamos tan felices

Me dirán que es una sandez, y seguramente lo sea, pero esa necesidad de convencer de que la opción personal es la correcta es agotadora, no tiene por qué haber una respuesta personal a todas las propuestas que recibimos. Personal entendido como ataque, como si nos cuestionaran, porque lo más divertido de todo es que la otra parte puede tener razón y nosotros no estar equivocados, vamos que se puede no coincidir y el desacuerdo se gestiona por los métodos establecidos, desde el pares o nones infantil al Tribunal Supremo

Porque entre tanta discusión definitiva, tanto incendio verbal que acaba dejando rescoldos que serán el inicio de futuros fuegos, tanto convencimiento de ser los portadores de la verdad y que dejaremos una huella imborrable en las generaciones futuras cuando el resto de equivocados y necios abracen nuestra verdad, se nos va la vida. Entre tanta discusión definitiva se nos va la vida, más sencillo de entender así.

Y renunciamos a hacer mejor la vida en el paso corto, en lo pequeño, en aguantar la puerta al pasar, en sonreír, en por favores y gracias, en revoluciones de media tarde, entre salir del trabajo y la hora de cenar. Se trasciende en agradecimiento, tendiendo la mano. Que está muy bien perseguir grandes objetivos y mejorar las condiciones de vida de las futuras generaciones, pero habrá también que hacer conscientes a esas generaciones de cómo se mantienen y se alcanzan las metas.

Habrá que escuchar a quien lo pasa mal, para que sea testigo de que otro mundo es posible, tender la mano para que no pierda la fe. O cerrar el puño cuando toque. Implicarse en lo cercano, en lo que nos exige bajar al barro.

Porque puede pasar que un día te encuentres con noticias como la muerte de Dolores O’Riordan, con sólo 46 años y la vida te pasa por encima. Una infancia difícil que ni siquiera una madurez de éxito pudo acallar.

Esto es lo importante estar vivo para poder vivir, y esto lo puede hacer cualquiera en la mejor forma que sepa que no tiene por qué ser la propia. ¿No creen?
Quizás sea momento de ir a dar de comer a los patos, igual no es tan mala idea. Dolores lo advirtió y no supimos escucharle, que la tierra le sea leve.


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