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Opinión / Sabatinas

No sé dónde vamos a ir a parar con esta juventud

Por Fermín Mínguez 12 noviembre, 2022 - 9:20

No sé dónde vamos a ir a parar con esta juventud. Con esa música horrorosa que escuchan, esa forma de vestir. Sólo pensando en divertirse. Ni hablar bien saben. Vaya futuro nos espera.

¿Ya han dicho esta frase?, ¿ya han participado en alguna conversación de este tipo?, ¿o todavía sitúan esta frase en las que les decían sus mayores cuando ustedes eran jóvenes?

Es la línea que separa el paso de un punto vital a otro, cuando alguien empieza a hablar en tercera persona de algo que antes vivía en primera persona. Sí, además, quieren doctorarse honoris causa en viejunismo, deben cerrar la discusión con un “esto en mis tiempos no se hacía”. Esta es la frase más triste posible porque supone admitir que estos ya no son tus tiempos, y eso es un error de bulto, ¿no creen?

Qué quieren que les diga, a mí tampoco me gusta la mayoría de la música que se produce actualmente. De hecho esta Sabatina iba a tratar sobre la falta de creatividad musical, autotunes, lenguaje pobre y malsonante de muchas de las canciones. De esa gente berreando, o hablando como si acabaran de salir del dentista,  (hasel-lo depué de fumal); iba a decir que la música construye también la cultura y la define y esas monsergas de señor mayor que va de listo, hasta que me vi reflejado en el abuelo Cebolleta, con el bastón y refunfuñando como si no pudiera entender lo que pasa y quisiera volver a una zona en la que tengo el control. Entonces recordé una anécdota de cuando tenía pelo y patillas, todo largo.

Tenía diecisiete años cuando salió Sin Documentos  de Los Rodríguez. Quienes me conocían entonces saben la turra que di con la canción. La de cintas que grabé, esto es un dato de viejunismo, para regalar con la canción de marras, la de veces que la escuché en esos walkman con cascos de espuma incrustados en la oreja. La cosa es que, en una de las tropecientas veces que castigué a mi familia con mis dotes cantoras con ese “quiero ser el único que te muerda la boca”, mi madre me dijo “hay que ver como ha cambiado la historia desde que nosotros cantábamos Bésame mucho”. Supongo que a la luz de ahora, discos como Sin Documentos parecerán tan blandos como me parecía a mí Bésame mucho, un pastelazo. Sin embargo la canción estuvo prohibida en España en los años 50 por la Liga de la Decencia Española, (en este país somos únicos para poner nombres), por su alto contenido erótico.

Ojo:

Bésame,

bésame mucho.

Como si fuera esta noche

la última vez

Bésame,

bésame mucho.

Que tengo miedo a perderte,

perderte después

Quiero tenerte muy cerca,

mirarme en tus ojos,

verte junto a mí.

Piensa que tal vez mañana,

yo ya estaré lejos,

muy lejos de ti

Terriblemente provocador y marrano todo. Darse besos, mirarse a los ojos, pues alguien pensó que esto era un asco y una cerdada de canción. Alguien que pensó que eso de quererse y besarse ya no eran sus tiempos. Una canción que ahora es ternura pura, fina donde las haya, en algún momento fue prohibida por alguien que intentaba mantener el control sobre su vida, y esto le parecía que la cuestionaba. Porque ese es el problema, que cuando nos sentimos cuestionados, y/o superados, en lugar de tratar de entender y asumir que hay cosas que no haremos pero está bien que otros las hagan, en lugar de intentar entender por qué esta generación tiene estos gustos y estos comportamientos y, lo que es más importante, entender que su forma de actuar no tiene por qué cuestionar la nuestra, lo que hacemos es enterrarnos bajo paladas de justificación. Se hace un paquete llamado “La Juventud”, y se critica a cuchillo en un intento de preservar nuestra forma de vida.

No vamos bien. Miren a mi el regetón actual entre que no me gusta y me da mucho asco, así, como resumen, pero cuando ves como lo bailan a la gente que le gusta, lo disfrutan. Claro que echo en falta más composiciones de las que me gustan, pero no puedo exigir a Bad Bunny que cante Bésame mucho, entre otras cosas porque ,con todas las erres que hay en la letra, iba a parecer que estaba cantando el menú del día de un chino. Pero lo que sí puedo hacer es intentar entender por qué tiene tanto éxito, o explicar a mi hija que la mayoría de las cosas que dicen sobre las relaciones de pareja me parecen aberrantes, y trabajar para que sepa distinguir entre canción y realidad. Mi generación creció entre canciones de atropellos por celos, meterse drogas, quemar casas y entrar a patadas, tiros en las sienes, exaltación del puterío y demás joyas, así que no estamos para dar muchas lecciones.

Deberíamos centrarnos más en ser mejores adultos para esta generación que irrumpe y necesita ejemplo, y menos en criticar por criticar aquello que escapa a nuestro control. Esto de que una generación critique a la anterior es ley de vida, y cuando la actual envejezca, porque envejeceréis, queridas motomamis y motopapis, criticará a la anterior porque ya no se hará música como la de antes. Lo único de lo que estoy seguro es que seguirá habiendo un cantautor dando la chapa sobre lo triste que es la vida, pero el resto del panorama es impredecible.

Entre esas frases que voy apuntando para compartir com ustedes hay una de Dalí que decía que “el mayor problema de la juventud actual es que uno ya no forma parte de ella”. Sonrío. Tiene razón. Nos encanta criticar a los ex en lugar de hacer una reflexión de por qué lo son. Tendríamos que reconocer que en esa crítica a la juventud que sale, se divierte, perrea, se juntan, se separan, se lían, o lo que hagan, hay una parte de envidia a que ya no participamos de eso. Algunos lo llaman madurar, otros evolucionar, pero esto no tiene por qué significar que todo lo que hacen las nuevas generaciones está mal. Miren las pelotas que le están echando los jóvenes iraníes, por ejemplo, que también son juventud.

De lo de ser jóven de espíritu y esas estupideces ya si eso hablamos otro día. Querer hacer cosas no es ser jóven de espíritu, es querer hacer cosas, y tendría que ser una obligación. Hacer lo máximo con los recursos que tienes, pero de eso creo que hablaremos la semana que viene, ¿les parece?

Pues eso, jóvenes del mundo, que la mayoría de música que escucháis es un truño monumental, que vais vestidos que da pena veros, que esas marranadas que bebéis son como matarratas, y que hay que ver la de estupideces que compartís en redes sociales como si nos importaran algo, que parecéis mongolos, pero que si queréis compartir algún momento, o copa, claro, si necesitáis apoyo o consejo, o podemos ser de ayuda, aquí tenéis una generación que también las pasó canutas con su generación anterior y que pueden echar una mano. Por mi parte sólo os voy a pedir, por favor, dos cosas. La primera es que erradiquéis los puñeteros emoticonos de vuestras vidas y que uséis palabras. Y la segunda es que escribáis bien esas palabras… no es mucho pedir para un señor mayor, ¿no? ¿Trato?

Juventud es futuro, así que mejor trabajar juntos en lugar de en trincheras. Eso sí, la canción de cierre es de las que me gustan a mí, claro.

Sean buenos pero, sobre todo, sean felices; jóvenes o no, pero felices.


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No sé dónde vamos a ir a parar con esta juventud