Opinión / Sabatinas

Los brutos del Rugby

Por Fermín Mínguez 24 marzo, 2018 - 8:41

Mucho hablar de que es un deporte de valores y al final acaban montando una bronca al árbitro como en cualquier deporte. Vaya estafa esto del rugby, si ya se veía que eran unos animales.

Los jugadores de España protestan una acción al árbitro rumano durante el partido clave ante Bélgica.
Los jugadores de España protestan una acción al árbitro rumano durante el partido clave ante Bélgica. RTVE

He recibido más llamadas para echarme en cara esto que las que recibí cuando ganamos a Alemania y nos quedábamos a un paso del mundial.

Lo tuvimos cerca, lo tocamos con las manos y conseguimos que se hablase de este deporte porque las cosas se estaban haciendo bien, porque la selección ganaba, porque era un grupo que caía bien, solo quedaba ganar a Bélgica para conseguir pasaporte directo para el mundial de Japón.

Un hito histórico para un deporte como el rugby en un país donde cualquier cosa que no se juegue con una pelota esférica no tiene cabida, excepto que sea para criticarlo. Uno de los veteranos en mejor forma física que conozco, Xampi, decía el otro día que sólo se habla de rugby “cuando hay una tangana o alguien sale del armario”. Lo primero es una pena, pero lo segundo es un orgullo, uno de tantos. Juguemos.

No les voy a hablar de valores, de poesía y de la épica del rugby, les voy a poner ejemplos de por qué creo firmemente en que es un ejemplo de cómo hacer las cosas.

La semana pasada se disputó la última jornada del VI Naciones de rugby donde Irlanda jugaba en Londres contra Inglaterra, el día de San Patricio para más inri, y esa fue la única noticia reseñable. En un encuentro con una carga emocional enorme, con mucho más en juego que un simple partido no hubo ningún incidente reseñable fuera del resultado. Igual que en los partidos de la UEFA del Athletic contra el Spartak de Moscú por ejemplo.

Que a lo mejor me he perdido algo, no sé, e igual hay unas rencillas históricas entre bilbaínos y rusos porque se considera Moscú como la periferia de Bilbao y reclaman su espacio, pero me da que el problema es que hay unos energúmenos que aprovechan el deporte para liarla. Curiosamente los brutos vamos a ver el partido y a disfrutarlo, no a reventarnos la cabeza por unos colores que compramos en las tiendas. Nosotros los colores los defendemos en el campo, y por eso hacemos cosas como guardar la camiseta de nuestro debut en liga senior en el 94. Sé que no soy el único.

Este es el deporte donde los gustos sexuales de los jugadores, entrenadores o árbitros nos dan igual, y por eso no le damos ninguna importancia. Durante ochenta minutos esto es cuestión de rasmia, de agallas, de capacidad de sufrimiento, pero esto no significa necesariamente pelotas, cojones o huevos. Aquí se viene a jugar, no a demostrar genitalidad. Que alguien sea gay o hetero es secundario a que plaque cuando debe y llegue a los apoyos.

El mismo deporte en el que en liga regular una mujer, adscrita al equipo femenino de uno de los dos equipos en el campo, pitó un partido y no hubo ningún problema porque pitó de forma honesta. Te equivoques o no.

Un deporte del que sentirse orgulloso cuando ves una escuela que llena el campo los sábados por la mañana de niñas y niños desde los 4 años a pesar de tener mala prensa y peor promoción. Y que es lo que está haciendo crecer el nivel en este país, la base. Esa base a la  que ver a España en un mundial le sentaría de cine y sería el empujón que necesita.

Es el mismo deporte que subsiste a nivel de club porque una vez que lo practicas ya no sales y cada uno aporta todo lo que puede, porque ya te lo ha dado antes con creces.

Un deporte que no merece entrar en esta guerra de declaraciones y contradeclaraciones porque es un deporte de campo y no de despachos, de acción y no de papeles. Es tan poco de papeles que por no hacer no hacemos ni parte de lesiones muchas veces.

Un deporte que merece ocupar su sitio en la prensa deportiva por lo que consigue, que espero que sea ganar a Portugal y ganar a Samoa y enterrar esta vergüenza en la que algunos quieren convertirlo. Que espera que se tomen medidas que demuestren que es algo diferente, que seguimos creyendo en la honestidad de quienes lo practican y lo dirigen, y que nos permita seguir hablando con orgullo a quienes lo queremos. 

Porque si el precio a pagar por ser un deporte mayoritario pasa por los chanchullos federativos que deciden arbitrajes que a su vez  deciden partidos que acaban decidiendo clasificaciones, la mayoría vamos a decir que no. Que preferimos seguir siendo un reducto pero pudiendo transmitir los valores que nos han inculcado, y de los que presumimos.

Sin críticas a la actuación arbitral del sábado, ya habrá quien los juzgue; y con un reproche a la actuación final de nuestros jugadores, admitiendo que a mí me hubiera costado contenerme, como me enseñaron a hacer y como me siguen enseñando a hacerlo.

Porque este artículo quiere ser algo más que una simple queja para rugberos, y es que al final uno tiene que creer en lo que hace para hacerlo con pasión. Es necesario saber que participa de algo honesto por lo que vale la pena esforzarse. Y ahora no estoy hablando de rugby, estoy hablando de la necesidad de tener una razón de peso para dejarse la piel cada día, una razón que no una obligación.

Saber que merece la pena levantarse, y no dejar que nadie ensucie ni manipule nuestro objetivo. La vida es pick and go, ¿recuerdan?, coger el balón y percutir a los obstáculos  para ir avanzado metros poco a poco hasta que encontremos un hueco que nos permita progresar. Porque aunque que el arbitraje o las condiciones sean adversas dependan de terceros, la actitud es propia, como la voluntad, la persistencia y el sacrificio. Y con eso se gana. Y también se resiste.

Pick and go en bucle. Hasta el mundial de Japón. Hasta cada objetivo personal.

Siempre hay algo que salvar.


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