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Opinión / Sabatinas

Los bloques

Por Fermín Mínguez 08 diciembre, 2018 - 10:27

“Hay que luchar contra el bloque de la extrema derecha”, “hay que generar un bloque de partidos que frene la entrada del fascismo”. No me pregunten quien lo dijo porque sinceramente me da igual, lo que sé es que una vez han pasado los quince días de campaña en los que los electores importamos algo, hemos vuelto a la guerra de partidos, que olvidan pronto quien les vota.

Los bloques políticos vuelven después de la campaña electoral.
Los bloques políticos vuelven después de la campaña electoral.

Me sorprenden una barbaridad las valoraciones post jornada electoral en Andalucía. He oído todo tipo de explicaciones, supongo que ustedes también, desde el socorrido “la baja participación nos ha penalizado” hasta el más que original mensaje atribuido a Susana Díaz, y que me sigo sin creer porque no se puede ser tan simple, que dice algo así como que si se restan los votos de la extrema derecha ha ganado la izquierda. No pude sino sonreír y recordar a mi padre diciendo “y si mi abuela nace con ruedas, bicicleta”.

Otra cosa que me tiene intrigado es la utilización del impersonal en la valoración. El fascismo avanza, dicen, como si fuera una sombra que va ganando terreno y sometiendo a las personas bajo su embrujo; algo así como el lado oscuro en la Guerra de las Galaxias, la maldad propagada por Sauron , o la nada que trae el Maligno en El quinto elemento. El fascismo como movimiento impersonal contra el que hay que luchar porque otros lo han traído. SI fuera así y tuviéramos que esperar que apareciese algún Luke Skywalker, Aragorn o Leeloo que nos salvase estábamos listos. Permitanme la frikada, pero en sede parlamaentaria me resulta más fácil reconocer Anakines confusos, Gollums y Zorgs.

Miren, que igual soy muy simple como varón de provincias, pero me temo que el enfoque no es el bueno. Van tarde, vamos tarde. Cuando la lucha llega al parlamento ya se está perdiendo en la calle y aquí toca asumir responsabilidades. Vamos a ver, que Vox tenga 12 diputados en el parlamento andaluz se debe única y exclusivamente a que cuatrocientas mil  personas los han votado. Y punto, esto funciona así, si te votan tienes diputados, que parece que no se enteran.

Y la pregunta no es ¿qué vamos a hacer para parar su avance?, sino ¿qué hemos hecho estos cuatro años para que un partido con un discurso así pase de diez mil a cuatrocientos mil votos? Porque esto no es azar, y cuatrocientas mil personas son un montón de personas. Aquí ha habido pecados de pensamiento, palabra, obra y omisión. Los cuatro a ful, hasta generar un desencanto que lleva validar tesis retrógradas, sobre inmigración o derechos de la mujer por ejemplo, bajo un manto de descontento Quizás hubiera que haber explicado los programas de los partidos antes de las elecciones y no después. La alarma a posteriori no sé qué sentido tiene. Los papeles están invertidos, la solución no está en enfrentar a la gente en la calle, sino en generar las políticas de valor que haga recuperar la fe en las instituciones y en la política.

Un buen ejercicio de reflexión sería por qué en un país que viene de 40 años de dictadura, de no poder votar libremente, hay más de un 41% de abstención. Qué tipo de desconexión existe entre votantes y votados para que se genere este vacío. Los datos reales de porcentaje, votos sobre población total, son desoladores, ya que dicen que el ganador de las elecciones cuenta con el voto del 16% de los votantes. Ojo, la mayoría de los votos, y por tanto de los diputados, la sustenta el 16% de la población. Muy lejos de hablar de una representatividad real, y por supuesto muy lejos de poder justificar esa lucha de bloques. Miren no creo que la situación se resuelva con soflamas encendidas, diciendo a los demás que se han equivocado y diciendo que hay que frenar a los extremistas creyendo que así se frenan.

Me da que una corrupción sostenida y justificada por la mayoría de partidos; unos programas infructuosos envueltos en banderas y  alejados de problemas como el empleo y la vivienda, y unos debates de arrabal demostrando quien decía la más gorda, han acabado por hacer la campaña a partidos que han jugado la baza de la regeneración y el desencanto para vestir con piel de cordero intenciones de lobo. Esto no es mérito de la extrema derecha, ni del resurgir del fascismo como si fuera un virus dormido, sino demérito de una sociedad que se creía progresista y que ha ido matando las ilusiones de un pueblo a base de engañarlo y de mirarse al ombligo. De unos partidos políticos que se han creído en la posesión de la verdad sin valorar que el contrario podía tener algo que aportar, y de unos líderes más preocupados en dejar huella que en solucionar problemas

Supongo que es más fácil seguir instaurados en el discurso del miedo diciendo que el fascismo va a llegar, como en aquella intervención fascinante de Fernando Arrabal avisando de la llegada del milenarismo, y lanzar a los peones a enfrentarse en las calles mientras alfiles, caballos, reinas y reyes lo miran desde las alturas, que ponerse enserio a trabajar para recuperar el espacio de crecimiento y consenso. Aunque eso exige altura de miras, y que quieren que les diga aquí pierdo la fe.

Mejor quejarse de que la herencia, la misma que nos permite quejarnos de la propia herencia, es insuficiente, que ponerse a trabajar por una mejor,  y mientras uno se mira el ombligo no puede ver lo que se acerca por detrás. El miedo es que mientras se sigan buscando culpables, no se encontrarán responsables; porque al futuro se llega con propuestas y al pasado se vuelve con rencores.

Y así nos va.


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