Opinión / Sabatinas

Lo inimaginable

Por Fermín Mínguez 06 octubre, 2018 - 11:18

¿Podemos imaginar lo que no conocemos?, ¿cómo puede alguien estar preparado para lo que no sabe que tiene que prepararse?, ¿no será que sí podemos imaginar pero no queremos?, qué miedo da a veces vivir.

Las redes sociales permiten acceder a toda la información y compartir conocimiento.
Las redes sociales permiten acceder a toda la información y compartir conocimiento.

Generalmente nos referimos a las redes sociales como algo vacío, de entretenimiento fácil y sin embargo resultan muchas veces de lo más inspiradoras. No es solo un tema de información sino de compartir conocimiento y sobre todo talento.

Esta semana me han escrito, (en verdad me las he encontrado pero me hace más ilusión pensar que alguien, aunque desconocido, lo escribió pensando en mi) para descubrirme una canción, llevarme a la reflexión con un artículo empresarial sobre las rutinas y reencontrarme con Hemingway, casi nada para una sola semana. Y después de varios días centrifugando toca tender las conclusiones, lo de plancharlas ya lo dejo a su elección

Lo primero que leí fue el artículo de Xavier Marcet titulado Cuando éramos aspirantes, donde habla de que no siempre las inercias son buenas, y del riesgo que tiene acabar trabajando para mantener la estructura en lugar de para conseguir el objetivo inicial, ya que al final se convierten  en objetivo los procesos y en éxito la subsistencia, y en este escenario la mediocridad se carga la motivación.

Esto último es más interpretación que literalidad, léanlo si no y lo comentamos. Me da un poco vértigo la reflexión, absolutamente real, de lo fácil que es pasar de la motivación, de la innovación, del enfoque al cliente/el otro a un escenario de autocomplacencia donde lo importante es mantenernos a salvo y olvidar que quien nos define como empresa/personas es lo que hacemos por los demás. Cualquier relación personal se define por lo que aporta, no sólo por lo que soy o por cómo la planteo. Esta fue mi primera carga de lavadora mental.

La segunda vino de Instagram, donde alguien a quien sigo pero no conozco personalmente, @nikkigarcia_ recomendó una canción de un musical, que es la que cierra este artículo.  He de decir que el género musical nunca me ha llamado la atención, cuando los veo me gustan, sí, pero no me llaman, Si a esto le añaden que está basado en una biografía de Alexander Hamilton, al que se cita como uno de los padres fundadores de los Estados Unidos, resultaba nada atractivo, pero Nikki decía en la intro algo retador, algo sobre que era una canción preciosa sobre las pérdidas y ahí que me zambullí para encontrarme con esto:

There are moments that the words don’t reach
There is a grace too powerful to name
We push away what we can never understand
We push away the unimaginable

Hay momentos en los que las palabras no llegan
Hay una gracia demasiado poderosa para nombrarla
Nos alejamos de lo que nunca podremos entender
Nos alejamos de lo inimaginable

(No he sido capaz de encontrar un significado más actual a grace, si alguien lo tiene, encantado)

No me digan que no es bonito, y triste o bonito por triste o lo que sea, pero no me digan que no les entran ganas de escuchar la canción. Eso me pasó. Y entro la segunda carga en la lavadora, donde me esperaban las rutinas de Marcet.

Fíjense, diría que lo inimaginable no existe, si hay algún neuro-lo-que-sea en la sala que opine, por favor. Pero esa incapacidad de nuestro cerebro para imaginar lo que no conoce lo impide. Si ustedes ahora deciden inventarse un animal, o un aparato, o la máxima novedad novedosa, todo estará compuesto por partes de realidad que ya conocen. A los animales les ponemos complementos, pero no son nuevos, es como ponerle un gorrico y guantes quirúrgicos a un dinosaurio, es diferente, pero no nuevo.

Quizás es más correcto decir “lo que no queremos imaginar”, porque esa es la realidad.  Y este es el comienzo de la rutina, puerta de la mediocridad. No queremos imaginar lo que podríamos ser porque supone asumir el riesgo de dejar de ser lo que somos.

Es mejor mantenerse en la queja que asumir lo que supondría solucionarla. Imaginarnos en un escenario que no nos gusta por negativo nos impide estar preparados para asumirlo, vivir en el convencimiento de que todo está bajo control es, además de un absurdo, un riesgo mucho mayor que anticipar el cambio. Igual pasa con no imaginar escenarios retadores y taparnos bajo el edredón de la estabilidad, impide que mejoremos, que crezcamos y que descubramos. Algunos valientes deciden dar el paso y apostar, y son los que mueven el mundo a golpe de innovación.

Esto no es aquello tan manido de “salir de la zona de confort”, que me la imagino como una sala de espera llena de gente en pantuflas y bata de boatiné, esto va más relacionado con no saber si vas a poder llegar a fin de mes por asumir el riesgo de emprender, que es algo más complicado que quitarte la bata, ¿no creen?

Nos alejamos de lo inimaginable creyendo que así no nos pasará. Hacemos el avestruz emocional creyendo que si no vemos la parte agria de la vida pasará de largo, y, ¿saben qué?, esto no funciona así. Ojalá.

Y aquí llega Hemingway en forma de guinda a la semana. La guinda la puso Sara a través de Whatasapp, la red social que faltaba. Si existiera el puesto de poner guindas, Sara sería la campeona del mundo, tiene una habilidad especial. Y la puso enviándome esta frase de Ernest, Ernesto para los pamplonicas: “El mundo nos rompe a todos, y después muchos se vuelven más fuertes en los lugares rotos”.  Bum.

Sé que soy un exagerado, pero frases así justifican un Nobel. Siempre que la releo es como si explotara algo, pero lo que explota seguro es lo inimaginable. De una u otra forma el mundo, vivir, nos rompe a todos, y algunas veces lo inimaginable arrasa y aparece para quedarse, y cambia tu vida para siempre hasta el punto que lo que no queríamos ni imaginar, eso que rechazábamos por terrible se convierte en nuestra sombra, en nuestro día a día. Y no depende de nosotros, la vida decide sacarte la cabeza del agujero y convertir al avestruz en búho y obligarte a mirar.

Lavadora completa. Sin suavizante y acabando el centrifugado. Pitido de final. Toca tender.

De poco sirve instaurarse en la rutina como medida de protección, la estructura no nos protegerá de lo realmente importante, del riesgo, personal o profesional, que aunque evitemos existe. Mejor convertir lo inimaginable en reto, imaginar lo que podemos llegar a hacer, lo que nos gustaría ser y serlo, porque lo inimaginable doloroso nos puede llegar sin esperarlo. Nos romperá el mundo como nunca habíamos imaginado y nos obligará a seguir partidos o agujereados, y ahí es donde podemos escuchar a Hemingway y hacernos más fuertes en los lugares rotos. Atrincherarnos para volver a atacar. Una y otra vez. Pick and go.

Así que a la vista de esta semana, mejor innovar, mejor atreverse y mejor apostar por que los buenos ganen en lugar de apostar porque los malos y los mediocres se mantengan, pero esto es sólo una opinión personal, ustedes mismos.

Menos mal que me espera una tarde de melés, eso lo tranquiliza todo. Les dejo la canción.


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