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Opinión / Sabatinas

Ligar (o pactar)

Por Fermín Mínguez 16 abril, 2016 - 13:37

Más de tres meses sin poder alcanzar un acuerdo de gobierno, aunque viendo cómo han ido las negociaciones no parece demasiada sorpresa.  Tiene algo de esos sábados adolescentes donde salíamos dispuestos a conquistar lo que hiciera falta.

Cada uno tenía su propuesta claramente reconocida, su forma de vestir, su zona de salir, su música, una especie de programa electoral andante con el que ponerse en el mercado. Y las promesas electorales se las hacía a sus amigos, serias, profundas, meditadas del tipo “tío, yo nunca dejaré de salir un sábado por una mujer”, o “el fútbol con los colegas no se negocia”.

Estas se podían ir complicando dependiendo del día  y sobre todo de la hora en la que se produjeran, incluyendo juramentos  de sangre sobre dietas, cerveza, ropa y relaciones con familia política. Las que se hacían durante San Fermín no cuentan. (Estas promesas son la versión masculina, pero queridas, me consta que hay versión femenina)

Y estos escenarios de encendimiento prometedor me recuerdan mucho a los últimos días de campaña electoral o a estos previos de fracaso de negociaciones. Bueno, a estos previos de tener que justificar que no se han querido llega a acuerdos.

Luego aparecía la chica o el chico que te cambiaba la vida y ahí empezaban las negociaciones para pactar un acuerdo de convivencia. Si el perfil tenía un estilo diferente al tuyo empezaban las concesiones, y cambiabas por ejemplo tu forma de vestir para tener un gesto. Seguro que ustedes no, ni yo tampoco, pero conocemos quien ha ido hecho un adefesio por agradar a un posible ligue.

Con cara de “mírame, soy uno de los tuyos porque me he puesto esta camiseta moderna, y este pantalón estrecho”. Tus amigos pensaban que eras imbécil y que habías salido a la calle en pijama, pero tu propuesta era valiente. La otra parte pesaba que dabas penica vestido así, pero valoraba el esfuerzo, “qué mono, es capaz de hacer el ridículo en púbico por mí”, y era un punto de encuentro. Tú, digo ese conocido del que hablamos, tan contento porque tu plan de negociación parecía que funcionaba.

Había un esfuerzo de concesión por ambas partes, que también eran conscientes del tipo de relación que se establecía. Algo de renuncia por conseguir un objetivo común, o como poco un beneficio. Que a veces no se negociaba por algo duradero y estable a largo plazo, sino para conseguir algo más breve, más inmediato y satisfactorio para ambas partes, ustedes ya me entienden. Me refiero a que puede no hacer falta un acuerdo de legislatura, sino ir negociando semana a semana, acuerdo a acuerdo, ¿o a qué penaban que me refería?

Claro, que esta opción es bastante más complicada, exige mucho más trabajo y no te asegura nada. Implica que habrá fines de semana que volverás a casa triunfante y otras con las manos en los bolsillos pesando lo bien que se estaría en un acuerdo a largo plazo. Habrá días en los que veas el fútbol con tus colegas, y otros en los que cenarás crema de brócoli con sus amigas y los insoportables de sus novios.  Pero mucho me temo que eso, como cantaba Frank Sinatra, es la vida, unas veces estás arriba y otras no tanto. Y a veces toca sacrificarse por un bien común, dejando de echar la culpa siempre al maestro armero.

Esperar tener una mayoría suficiente para gobernar con estabilidad no tiene por qué ser estable, a la visa está que a veces cuando se constituyen gobiernos multipartido con poco en común lo que se genera es una inestabilidad mayor y una inacción hacia la toma de decisiones. Se gobierna en base a proyectos, o al menos eso parecía, y unos gustarán a algunos partidos más y a otros menos. A veces irán juntos y otras no, y a veces habrá que cambiar la propuesta para que sea aceptada. Vamos, que tocará negociar todos los días.

Convocar elecciones otra vez porque los partidos no son capaces de organizarse me parece un fracaso estrepitoso, y tener bastante cara, por cierto. Es como si un profesor repitiese un examen porque sus alumnos han escrito más de lo esperado y es demasiado largo de corregir. Si al menos lo hubieran intentado y ahora después de tres meses de gobierno nos preguntaran de nuevo, sería un esfuerzo a valorar. Pero siguen caminando en círculos.

Estoy seguro que habría acuerdos entre PP, PSOE y C’s que sacarían adelante propuestas parlamentarias, de la misma forma que habría otros que los sacarían PSOE, Podemos e IU. Es más, estoy seguro que habría acuerdos promovidos por C’s y Podemos conjuntamente, otra cosa es que lo que se quiera es tener la razón siempre y que no cuestionen tus decisiones. Eso está feo.

Visto desde el punto de vista de las relaciones de pareja del principio, si uno lo que espera es tener una pareja que no le cuestione vamos mal, y si lo consigue, vamos peor todavía. Así que si me quieren conquistar, y ojo que soy un partidazo, hagan el favor de esforzarse un poco, renuncien a la comodidad de las mayorías y bajen al barro de las decisiones diarias, como hacemos la mayoría en nuestro día a día.

No sé si otras elecciones cambiarán mucho el dibujo, así que quizás se bueno que se preparen a negociar, gobernar no es imponer.

La canción de Quique Gonzalez pregunta si es preferible ser el rey o ser un tipo de ley. Siempre mejor ser de ley, aunque cueste, aunque suponga renunciar y ceder, ponerse una camisa en vez de una camiseta (o al revés) y no ver el fútbol por pasear o ver una película soporífera. El triunfo personal a veces empieza buscando el triunfo de los otros. Ganar no significa que otros pierdan.

 ¿Cuál es su salto mortal?, ¿reyes o de ley?


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