Opinión / Sabatinas

La vida pintada

Por Fermín Mínguez 07 marzo, 2020 - 8:18

El otro día Pere habló de la vida vivida y la vida pensada y llevo toda la semana dándole vueltas a esa diferencia entre lo que vivimos y lo que queremos vivir. La vida pintada sería la mezcla, lo que creemos vivir.

"Que esta diferencia entre vidas vividas, pensadas y pintadas, lo que consigue es distraer la atención de lo que realmente queremos ser y podemos vivir". FOTO: Alice Dietrich
"Que esta diferencia entre vidas vividas, pensadas y pintadas, lo que consigue es distraer la atención de lo que realmente queremos ser y podemos vivir". FOTO: Alice Dietrich

Hay un precioso poema de Pessoa, Tenho tanto sentimiento, que habla de esto. Dice que tenemos una vida pensada y una vida vivida. Que no queda claro cual es cual y que cada uno tendrá que pensar la vida que vive. Me pasa como con muchos poemas que lo interpreto de una forma u otra según el día, pero me encanta esa separación entre vidas cuando sólo tenemos una real, ¿no les parece?

A veces dejamos de vivir lo que toca por perseguir esa vida que hemos pensado vivir, la que nos gustaría pero no conseguimos; bien porque no lo perseguimos con el esfuerzo necesario, o bien porque no es para nosotros, que esto pasa y no es fácil de reconocer. Seguro que a ustedes no les pasa, pero es posible que conozcan a alguien que diga que se está replanteando qué hacer con su vida, que no está consiguiendo lo que creía, ¿les suena? Es curioso la de veces que decimos esto sin valorar lo que realmente podríamos estar viviendo de verdad, en la vida vivida, si no estuviéramos mirando a otro lado buscando lo pensado.

Es entonces, en estas crisis, en las que hacemos una mezcla y creamos una vida pintada, como mezcla de la pensada y la vivida. De esta forma vamos poniendo parches de lo que queremos ser a lo que realmente somos, pintando colores, maquillajes o pancartas, de forma que lo que somos se acerque a lo que queremos ser. Pintamos sobre el lienzo de lo que vivimos lo que queremos vivir y lo ponemos a secar en el alfeizar confiando en que sea definitivo. Esto es pan para hoy y pena para mañana.

Esta vida pintada es la que enseñamos, como el anuncio de Signal en la canción de Mecano, justificándola lo máximo posible a través de testimonios reales. O todo lo reales que pueden ser fotos en redes sociales, camisetas con mensaje y consejos de café hechos con frases de Paulo Coelho ,(echaba de menos nombrarte, pirata), pero parece que así promovemos el cambio. Lo malo es cuando se apagan pantallas y gritos y uno se queda con la única vida que vive, la vivida y no la encuentra suficiente.

En la víspera del 8-M habrá mucho feminismo pensado, aquel que cree en una igualdad real porque no tiene mucho sentido ninguna opción que no pase por aquí, que milita en la promoción activa de oportunidades, y en la reclamación constante y diaria, porque no hay nada más radical que la militancia continuada y constante, esto es mucho más radical que lo explosivo aunque más costoso. Pero es posible que mucho de este feminismo se diluya en la vida vivida, esa en la que es más fácil dejarse llevar que seguir militando. Esa vida vivida en la que él espera que le hagan la cena después de la manifestación, por ejemplo. O bien que ella siga reforzando esos perfiles de machote castigador una vez que guarda las pancartas, porque esto de los roles reguetoneros es terrible, ¿no creen? Al final la vida pintada puede teñirse de manifestación y camiseta lila, y vivir unas horas de comunión agradable entre lo que se quiere ser y lo que se es, lo que pasa es que si no se mantiene acabará en otra resaca de frustraciones y desacuerdo con la vida vivida.

Esto se puede extrapolar a cualquier ámbito de la vida, porque la vivida es una, recuerden. La empresa pensada es aquella en la que la persona está en el centro, y todo el mundo entiende que lo que prima es la valía profesional, como debe ser. Pero la vida vivida sigue dando prioridad al poder vertical, a la amenaza como forma de negociación, y a la rumorología como herramienta de comunicación, y como esto chirría, se acaban publicando políticas de igualdad o certificaciones ISO que validen que la vida pintada ha quedado bien. Cada vez más lejos lo propuesto con lo percibido.

La única forma de vivir la vida que uno quiere es vivirla, que es como para Oscar a la mejor Perogrullada, pero es así. Y si hay algo en nuestra vida que no nos gusta, lo que hay que hacer es sacarlo fuera, y de verdad que no hablo en un sentido metafórico del tipo “arranca la tristeza de tu corazón y conviértela en el árbol de la felicidad que dé frutos de satisfacción”, que no vale para nada. Hablo más de cosas como “si este tipo te parece imbécil, díselo”, “no soportes una voz más alta que otra”, “si esta tipa va de lista, que lo sepa”, o “si esto que estoy haciendo me genera más tristeza que otra cosa, mejor asumir el riesgo y a otra cosa, butterfly”.

Que esta diferencia entre vidas vividas, pensadas y pintadas, (Segura siempre dice que ejemplifico todo de tres en tres) lo que consigue es distraer la atención de lo que realmente queremos ser y podemos vivir. Dejar pasar oportunidades de vivir por seguir esperando las oportunidades que hemos pensado, es la forma de dejar que otros decidan por nosotros y nos llenen con planes que no nos gustan esos tiempos de espera.

Lo mejor es enfocar las pequeñas decisiones hacia lo que queremos ser, pero las veinticuatro horas, claro. Eso de ser bueno después de trabajar y antes de salir no cuela, hay que vivir a tiempo completo, porque, ¿saben qué?, que a la vida no se viene a esperar. A la vida se viene a vivir, y a brillar, claro, a brillar. Y para esto se necesita acción, y a veces pelear. Sonrío.


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