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Opinión / Sabatinas

La importancia del viaje

Por Fermín Mínguez 18 mayo, 2019 - 10:51

Vivimos un tiempo en el que la consecución de objetivos ha pasado de ser fin a ser medio; la exigencia de la inmediatez hace que saltemos de meta en meta, sin tiempo para valorar y disfrutar la forma de conseguirlo. Y es mejor viajar que teletransportarse, ¿no creen?

relojes
"La importancia de lo que se mantiene en el tiempo frente a lo que lo que es flor de un día".

Es curioso, pero este año se cumplirán veinticinco años de varias efemérides, personales y profesionales, buen año 1994.

La primera es hoy que, como ya les cuento un montón de cosas, no todas, porque no hace falta que nos contemos todo, tengo reunión con mis compañeros de clase con los que acabé COU (segundo de bachillerato para los de la ESO) hace veinticinco años. Veinticinco, el dos y el cinco, casi nada. Pensaba contárselo a posteriori, decirles lo bonito que es reencontrarse y esas cosas, pero no sería justo, porque el éxito de encontrarnos ya está conseguido. Hemos llegado hasta aquí y tenemos ganas de vernos, y creo que esto tiene un mérito tremendo.

Da igual como salga hoy, si nos reconocemos como si no. Hemos recuperado la emoción de vernos y los viajes al final son un cúmulo de emociones. La expectativa también enseña y motiva. Jugártelo todo a la consecución de un objetivo concreto es vivir a cara o cruz, desestimando el valor de lo que se aprende en los durantes. Hay una infinidad de objetivos que se cumplen en el camino, infinidad de aprendizajes no esperados que hay que saber hacer nuestros.

No sé como es su vida, pero la mía es de todo menos estable, de un tiempo a esta parte tengo la sensación de vivir en una montaña rusa. Arranca, se desmelena, dos vueltas, caída libre y punto de partida, ¿les suena? Si el objetivo de la montaña rusa fuera salir y llegar estaría cumplido sin tener en cuenta la emoción o el mareo del viaje, con el riesgo que tiene de normalizar las emociones y bloquear afectos y sentimientos. Podemos elegir entre montarnos siete veces en todas las atracciones de Port Aventura y valorar la visita por la cantidad o elegir en cuáles montarnos y disfrutar cada una, o repetir la misma porque nos gusta más.

Volver a verse después de veinticinco años tiene un mérito tremendo, pero ser capaces de encontrarse es todavía mayor. Da igual cómo nos vaya hoy, que nos va a ir bien seguro, porque lo importante es que después de cuarenta vidas diferentes, de Dios sabe qué nos habrá tocado pasar, y de que vamos a ver cómo nos lo ha cobrado la vida, algo hicimos bien hace veinticinco años que nos ha acompañado desde entonces y hace que hoy tengamos ganas de vernos. A pesar del tiempo transcurrido no hemos olvidado todo lo vivido y lo aprendido en un colegio de la calle de la Media Luna.

Los viajes son parte importante de la consecución de los objetivos porque además pueden hacer que cambies de rumbo. Son la parte del cómo se hacen las cosas en esa guerra eterna entre los medios y los fines y si los unos justifican los otros. Leía en una entrevista a Vicente Todolí, recomendada por mi CFT (Chief Faith Trainer) Miguel, que a él le interesan los longsellers más que los bestsellers, totalmente a favor. La importancia de lo que se mantiene en el tiempo frente a lo que lo que es flor de un día.

Esto tiene más valor cuando viene de alguien del mundo del arte, que asesora pero que tiene como condición que sus recomendaciones no deben venderse. El arte como un continuo, no como una tómbola; la vida como un viaje no como un podio. Hay que celebrar perdiendo también, porque en los viajes también se pierde, y mucho, y a veces llegamos al objetivo con pérdidas irreparables a las que echaremos de menos irremediablemente pero tenemos que asumir como parte del camino, como peajes inevitables, aunque sean inmerecidos o innecesarios, para llegar a donde estamos.

Mi viaje de ayer, el físico, lo hice con alguien que conocí hace veintiocho años porque el azar quiso que nos sentaran juntos en clase y con quien me castigaron en clase por primera vez en mi vida a la semana de conocernos. Fíjense que como inicio es poco prometedor y sin embargo seguimos cerca compartiendo ciudad, conciertos y cicatrices. Sonrío. Cada vez soy más fan de los trayectos, de entenderlos como parte del riesgo de conseguir los objetivos, como oportunidad incluso de cambiarlos y como convencimiento de que al final son estos viajes y sus saltos mortales los que construyen el hecho propio de vivir.

Pues eso, voy a celebrar veinticinco años de viaje con toda la intención de que celebremos otros veinticinco más disfrutando, sufriendo y aprendiendo de lo que nos ha traído hasta aquí y nos llevará hasta donde podamos.

Bastante perdemos mientras vivimos sin querer y sin entenderlo muchas veces, como para negarnos la posibilidad de ganar lo que podemos ir encontrando en el camino por estar centrados exclusivamente en cumplir lo establecido, ¿no creen?

Mejor aprender a bailar a otro rito que dejar de hacerlo. Ya les contaré como acaba hoy, o quizás no, que promete el día y no hace falta que nos contemos todo…


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